Igual que por estas fechas los becarios toman los mandos de los periódicos y los artículos se vuelven refrescantes (¿?), a este blog le llega el reblandecimiento y arrugado del contenio causado por horas de baño en el caldo de Cullera.
Si alguien se va a bañar en el Mediterráneo por estas fechas, y me consta que sí, le propongo que se de el chapuzón con un par de pastillas de Gallina Blanca en el bolsillo para que al menos se enriquezca. Las de pescado van mejor.
Llega la canícula y entre siestas, sudores y aletargamientos no tiene uno tiempo de pensar en nada y se refugia en las ideas de otros, y más si vienen en forma de meme, esos cuestionarios de los que ya he contado en alguna ocasión lo poco que me gustan.
Nunca antes había contestado ninguno, pero hoy, ante la posibilidad de sudar viendo la tele o hacerlo escribiendo, prefiero escribir, y si no tengo que pensar mientras lo hago, mejor que mejor:
¿Cuánto tiempo llevas blogueando?
Sería entrañable una respuesta del tipo: "Yo de pequeño tenía un cuadernillo de anillas y hojas cuadriculadas en las que lo apuntaba todo. También metía hojas entre las páginas para que se secasen y ahora tengo un herbario de más de 3600 especies". Pero no, de pequeño lo único que metía eran sustos a mis padres, y lo único que me preocupaba era correr detrás de una pelota.
Menos mal que he cambiado.
¿Cómo te enteraste de la existencia de los blogs y porqué te animaste a participar?
Dwalks, en un ataque de verborragia (gracias Hans) durante una almuerzo veraniego me confesó que tenía uno. A mí me pareció muy de adulto eso de tener blog, así que en un arranque de madurez dije: "¿Ah, sí? Pues yo quiero otro".
Cinco blogs que sigas a diario o con mucha frecuencia...
Desde que me caparon blogspot en el curro ya no leo a diario ninguno salvo el blog de Juan, porque es bastante interactivo y porque como dice la Tiritransmisora de memes, allí es "donde él cuenta sus cosas y los comentaristas le ignoramos parcialmente. Pero nuestros días serían más aburridos sin su blog."
Y a diario, ya a nadie más. Ni siquiera leo nunca a Dwalks porque es un aburrido, ni a Iván porque es un vanidoso.
¿Eres lector anónimo de algún blog?
¿Anónimo como el Lazarillo? No, si leo y comento, firmo. Y no robo quesos.
Y sobre los autores nombra cinco que te despierten especial simpatía.
Bueno, soy amigo de Dwalks porque le debo dinero, pero fuera de eso tengo debilidad por la voz de Eride, no tengo mejor compañera de conciertos que la Tirita, aún tengo por hacer la receta de foie de Dorian, me encantaría troncharme de risas toda una tarde simplemente sentado en un banco con Nepomuk, y tengo pendiente una orgía con Iván, Shakti y las amigas que ésta se quiera traer. Como también tengo pendiente una copa con Hans y Leona, un intercambio de DVDs con Tony, una cerveza al lado de casa con M.,...
¿Qué blogs consideras con mayor calidad?
No busco calidad en los blogs, ciertamente, sino entretenimiento. La calidad la busco en el centro del campo del Madrid... y no la encuentro.
¿Con qué blogeros/as te irias de borrachera?
Con ninguno, que seguro que luego se ponen pesados y me toca llevarles a casa.
Me tomaría un Sapphire con Sá, eso sí, que siempre que lo menciono se apunta. ¡Ah, y con R. y señora!
¿Con que tres blogeros/as pasarias un noche de locura sexual?
¿Con tres en una noche? Me parece una exageración, pero bueno, intentaría hacerlo con Anna, Pamela, y... Y ya, que no encuentro más en el Google.
¿Te has enamorado alguna vez de un/a blogero/a?
Sí, tuvimos tres niños y se los llevó con ella cuando cambió de dominio.
¿Conociste a alguno/a más allá del teclado?
A M., Tony y Ann O'Nadada el mismo día y porque coincidimos en un bar, y a Tirita porque es mi gurú musical.
A Kurt y Dwalks no les cuento cuento porque son amigos antes que bloggers, y estoy seguro que tengo algún amigo con blog pero que tampoco lo dice.
¿Te consideras satisfecho con tu blog?
Absolutamente, todos deberíais tener un blog como el mío. También es cierto que si no estuviera satisfecho con él, lo cerraría. No tengo tanto espíritu de superación.
------------------
Y ya está, por mi parte el meme me lo como yo solito, que son unas preguntas un tanto ñoñas, y la verdad, no dan mucho juego.
Ejem.... ¡¡Gran ganga, gran ganga!! Calamares por aquí, boquerones por allá... (No dejéis de escucharla).
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Thursday, August 3
Tuesday, August 1
La junta de vecinos
Hace aproximadamente 3 años eché unas firmas para comprar lo que se ha convertido en una pequeña mierda: Unos apartamentos turísticos en los que no se puede residir y ubicados en medio de un polígono industrial.
Evidentemente, cuando me metí, mi intención era vivir en ellos, a unos 10 kilómetros de Madrid y pegado a una de sus vías de circunvalación más importantes. Ha sido después cuando me he enterado de que eso no es posible, al menos legalmente.
La semana pasada fui a la firma de las escrituras y conocí a un señor notario al que incluso llegué a tocar. Por fuera parecía un mortal como otros, pero por dentro escondía un tipo que gana una pasta gansa por poco más que hacerte esperar y leer unas líneas en voz alta. Al estrechar su mano, los pelillos de la parte baja de la espalda se me pusieron de punta, y no puedo negar que me gustó.
Ayer fue mi primera junta de vecinos... ¡Qué cosa más grande, por Dios! Me sentí como el profesor de la universidad de Oklahoma que vuelve al pueblo de "Amanece que no es poco". Muy diferente, pero muy integrado.
A quien no haya acudido a ninguna junta de vecinos, le confirmo que la gente que asiste a ellas lo hace a cara de perro pachón y con ganas de montar la de Dios es Cristo en el Reino de los Hombres.
Me aventuro a pensar que siendo en su mayoría hombres jubilados, sus mujeres los encierran antes de la reunión en la habitación más pequeña de la casa y empiezan a dudar de su masculinidad para que se les hinchen las vena del cuello y la frente. Más o menos como quien entrena a un perro de pelea, o prepara a los antidisturbios para enfrentarse a los trabajadores de los astilleros.
Cuando finalmente los encuentran listos y con la consigna aprendida, les abren la puerta de toriles a la voz de: "¡Anda p'allá Tomás, y enséñales quién va a cerrar la terraza!"
Esa es la única manera de la que me explico que en una primera reunión en la que se debía elegir el presidente de la comunidad, se presentase un voluntario y saltesen: "¿Pero acaso es usted propietario?" No hombre, no. Este joven no es propietario, tiene por vicio colarse en las bodas e ir a las juntas de vecinos como el que va al cine de verano: a sentarse en sillas de madera y quedarse con el culo a rayas.
No hubo grandes absurdos excepto por el alboroto que se formó cuando un señor se cayó al suelo sobre los restos rotos de su silla de madera, y cuando otro sentado en la última fila se alzó después de media hora de explicaciones presupuestarias, diciendo: "Espérese y no nos líe, que no tengo claro lo que quiere decir con esta partida porque oigo mal por un oído". ¿Y si se sienta un poco más adelante, caballero? Quizá lo entienda usted mejor.
Esta mañana me han prevenido para que espere sesiones en las que después de dos horas de tediosa discusión, alguien diga: "Venga, vamos a votar, que no avanzamos", la propuesta se apruebe por unanimidad; y para que me resigne a una comunidad la de un amigo, en la que como los vecinos del bajo y el primero no querían pagar la instalación del ascensor, el resto decidió ponerlo con llave. Un mes después el vecino del primero les convocó a todos para quejarse por la "falta de solidaridad" de los demás, que no le dejaban coger el ascensor cuando iba cargado con la compra.
Evidentemente, cuando me metí, mi intención era vivir en ellos, a unos 10 kilómetros de Madrid y pegado a una de sus vías de circunvalación más importantes. Ha sido después cuando me he enterado de que eso no es posible, al menos legalmente.
La semana pasada fui a la firma de las escrituras y conocí a un señor notario al que incluso llegué a tocar. Por fuera parecía un mortal como otros, pero por dentro escondía un tipo que gana una pasta gansa por poco más que hacerte esperar y leer unas líneas en voz alta. Al estrechar su mano, los pelillos de la parte baja de la espalda se me pusieron de punta, y no puedo negar que me gustó.
Ayer fue mi primera junta de vecinos... ¡Qué cosa más grande, por Dios! Me sentí como el profesor de la universidad de Oklahoma que vuelve al pueblo de "Amanece que no es poco". Muy diferente, pero muy integrado.
A quien no haya acudido a ninguna junta de vecinos, le confirmo que la gente que asiste a ellas lo hace a cara de perro pachón y con ganas de montar la de Dios es Cristo en el Reino de los Hombres.
Me aventuro a pensar que siendo en su mayoría hombres jubilados, sus mujeres los encierran antes de la reunión en la habitación más pequeña de la casa y empiezan a dudar de su masculinidad para que se les hinchen las vena del cuello y la frente. Más o menos como quien entrena a un perro de pelea, o prepara a los antidisturbios para enfrentarse a los trabajadores de los astilleros.
Cuando finalmente los encuentran listos y con la consigna aprendida, les abren la puerta de toriles a la voz de: "¡Anda p'allá Tomás, y enséñales quién va a cerrar la terraza!"
Esa es la única manera de la que me explico que en una primera reunión en la que se debía elegir el presidente de la comunidad, se presentase un voluntario y saltesen: "¿Pero acaso es usted propietario?" No hombre, no. Este joven no es propietario, tiene por vicio colarse en las bodas e ir a las juntas de vecinos como el que va al cine de verano: a sentarse en sillas de madera y quedarse con el culo a rayas.
No hubo grandes absurdos excepto por el alboroto que se formó cuando un señor se cayó al suelo sobre los restos rotos de su silla de madera, y cuando otro sentado en la última fila se alzó después de media hora de explicaciones presupuestarias, diciendo: "Espérese y no nos líe, que no tengo claro lo que quiere decir con esta partida porque oigo mal por un oído". ¿Y si se sienta un poco más adelante, caballero? Quizá lo entienda usted mejor.
Esta mañana me han prevenido para que espere sesiones en las que después de dos horas de tediosa discusión, alguien diga: "Venga, vamos a votar, que no avanzamos", la propuesta se apruebe por unanimidad; y para que me resigne a una comunidad la de un amigo, en la que como los vecinos del bajo y el primero no querían pagar la instalación del ascensor, el resto decidió ponerlo con llave. Un mes después el vecino del primero les convocó a todos para quejarse por la "falta de solidaridad" de los demás, que no le dejaban coger el ascensor cuando iba cargado con la compra.
Monday, July 24
La contraseña
Nadie duda de que la seguridad informática es fundamental. Antispam, antivirus, antiespías, anti... Me recuerdan a los actores españoles.
Todos son programas que funcionan para que trabajemos tranquilos y no nos pase como a mi hermano el ciclista, al que hace un mes le robaron la cuenta de correo, la de eBay, y a punto estuvieron de robarle las ruedas de la bici y la Ñ del teclado.
Sin embargo, superado un límite, la seguridad se convierte más en una molestia que en una ayuda, como cuando para arrancar el ordenador o volver a la actividad después de que salte el salvapantallas se tiene que meter una clave de 14 letras. Que uno está acostumbrado a poner su nombre "w-o-u-l-d", y si no es suficiente porque no se es el primogénito de los duques de Lugo, a poner detrás el de la novia "b-e-r-l-i-n". Con esto la mayoría de los sistemas se dan por satisfechos, pero ¿14? ¿De dónde se saca uno una contraseña con 14 letras?
También es habitual que en aras de la seguridad las empresas tengan capada la instalación de programas fuera del control del departamento de informática, ese reducto de outsiders con licencia para trabajar en vaqueros y sin afeitar. Así se evita que la gente se descargue programas piratas, o que se instalen los SIMS en la oficina.
Por lo tanto, si uno necesita un visualizador para un determinado tipo de archivos, primero debe pedir permiso y luego es el informático quien se lo instala. Y si uno es poco previsor podrá reproducir íntegremente esta coversación, pero que sepa que no es el primero:
- Hola, soy Luis de informática. Vengo a instalarte el visualizador.
- Todo tuyo.
- Ciérrame todas las ventanas, que tengo que reiniciar el equipo.
[...]
- Ya está. ¿Te quieres sentar y vuelvo cuando termines?
- Vale, pero antes de irte déjame escrita aquí tu clave.
[...] ¿¿??
- Je
- ¿Qué pasa?
- Mpfff, nada. (Escribo la clave).
- ¿Esto qué es?
- La clave.
- ¿La clave?
- Sí. "MECAGOENLAPUTA" todo junto y con mayúsculas, ¿qué pasa?
Todos son programas que funcionan para que trabajemos tranquilos y no nos pase como a mi hermano el ciclista, al que hace un mes le robaron la cuenta de correo, la de eBay, y a punto estuvieron de robarle las ruedas de la bici y la Ñ del teclado.
Sin embargo, superado un límite, la seguridad se convierte más en una molestia que en una ayuda, como cuando para arrancar el ordenador o volver a la actividad después de que salte el salvapantallas se tiene que meter una clave de 14 letras. Que uno está acostumbrado a poner su nombre "w-o-u-l-d", y si no es suficiente porque no se es el primogénito de los duques de Lugo, a poner detrás el de la novia "b-e-r-l-i-n". Con esto la mayoría de los sistemas se dan por satisfechos, pero ¿14? ¿De dónde se saca uno una contraseña con 14 letras?
También es habitual que en aras de la seguridad las empresas tengan capada la instalación de programas fuera del control del departamento de informática, ese reducto de outsiders con licencia para trabajar en vaqueros y sin afeitar. Así se evita que la gente se descargue programas piratas, o que se instalen los SIMS en la oficina.
Por lo tanto, si uno necesita un visualizador para un determinado tipo de archivos, primero debe pedir permiso y luego es el informático quien se lo instala. Y si uno es poco previsor podrá reproducir íntegremente esta coversación, pero que sepa que no es el primero:
- Hola, soy Luis de informática. Vengo a instalarte el visualizador.
- Todo tuyo.
- Ciérrame todas las ventanas, que tengo que reiniciar el equipo.
[...]
- Ya está. ¿Te quieres sentar y vuelvo cuando termines?
- Vale, pero antes de irte déjame escrita aquí tu clave.
[...] ¿¿??
- Je
- ¿Qué pasa?
- Mpfff, nada. (Escribo la clave).
- ¿Esto qué es?
- La clave.
- ¿La clave?
- Sí. "MECAGOENLAPUTA" todo junto y con mayúsculas, ¿qué pasa?
Tuesday, July 18
Mojitos, jacuzzi, apagón
Desde el lunes tenemos el aire acondicionado de la oficina estropeado, aún así, a pesar de tener la camisa empapada, el cerebro reblandecido y una extraña memoria selectiva, trataré de hacer un resumen de este fin de semana, que ha sido algo distinto a los demás.
Viernes
Berlín había quedado para salir a cenar con unas amigas del trabajo, y yo, no hace falta decir que triste como un niño al que no dejan ver la tele, tuve que quedar con mis tres amigos cuyas novias viven en Rusia, Suecia y Mallorca.
Alguno mencionó algo de que la misión era subir nuestro ego, pero al ir a vestirme me di cuenta de que de repente he dejado de tener ropa chula para conseguirlo. Todo es viejo o no me parece propio para una noche como esa. Además, después de estar 7 meses jugando 4 partidos de fútbol a la semana y sin ir al gimnasio, las camisas me quedan anchas y los pantalones estrechos. Mi morfología mutante es un hecho.
Empezamos tomando unos mojitos horrorosos enfrente del Templo de Debod, y acabé en un taxi a las 4 y media de la mañana hablando de lo mal que está la vivienda en Madrid, y, cómo no, de Gallardón.
Esto último me preocupa, porque que este hombre acapare también mis momentos de inconsciencia es algo que debo hacerme mirar.
Sábado
Abandonado como un abuelillo en una gasolinera por una Berlín que también tenía planes para el sábado, tuve que volver a sacarme las castañas.
Por la mañana fui a comer a las cuevas del Molar junto a los mismos del día anterior más un matrimonio de amigos, un clásico para todos nosotros.
Comentamos las jugadas del viernes y discutimos una vez más, van mil millones, quién de nosotros está más desequilibrado. Pero no desequilibrado en el sentido gracioso, sino desequilibrado en el sentido de peligroso. Yo me llevé 3 votos de 5 por un supuesto lado oscuro que les mantengo oculto. Iki, si estás ahí, yo sé que tú tienes fe en mí.
Por la noche tenía celebración del cumpleaños de otro amigo en una casa que un familiar suyo tiene en una famosa urbanización del Norte de Madrid. La invitación anunciaba un asadito argentino con mucho gintonic, y advertía: "Hay piscina", así que dejé la resaca del viernes en casa y cogí un bañador, un pantalón y una camisa de repuesto, que nunca se sabe si vas a tener tiempo de cambiarte antes de que te tiren al agua.
A las dos de la mañana cayó el primero, copa de whisky en mano y móvil y cartera en los bolsillos. Acto inmediato nos tiramos los demás a ahogarle, que para eso somos muy graciosos.
En un momento de la noche tuve que entrar a la casa a buscar un baño. Era una casa grande, y cuando por fin iba camino de uno que había junto a la entrada de la casa, se abrió la puerta principal y entró el dueño. Me quedé paralizado frente a él, de puntillas para no mojar, y con la colita cogida entre las manos para no mearme.
"Buenas noches" dije. "Buenas noches". "Bonita casa. ¿Sabe dónde hay un baño?"
A la vuelta de tamaño ridículo, vi que uno de mis amigos había descubierto un jacuzzi de unos 5x2 metros en el salón y que se había metido dentro. Y no recuerdo muy bien cómo, pero 5 hombres desnudos acabamos luchando dentro de él, tirándonos copas heladas encima, haciéndonos aguadillas (¿ahogadillas?), y dándonos golpes mientras dos mujeres tan divertidas como aterrorizadas trataban de darse su baño de burbujas.
De este día me preocupó que a pesar de estar todos en la treintena, conservemos aún la tendencia de acabar a mamporros como si tuviésemos 12. Por otra parte, no me importaría repetir mañana mismo.
Domingo
Me acosté a las 7 y media y me levanté a las dos con un ligero dolor de cabeza. Comí la porra y media que apareció en la cocina y que debí comprar de camino a casa, y por la tarde salí, esta vez sí, con Berlín, a quien me costó un poco explicarle que los arañazos de la espalda me los habían hecho unos colegas en plena lucha griega dentro de un jacuzzi.
Fuimos a cenar a un restaurante que hay en Quevedo y en mitad de la cena se fueron las luces de toda la glorieta.
Cuando hay un apagón, a mí lo que me pide el cuerpo es ponerme a cantar el “cumpleaños feliz”, he de decir que la mayoría de las veces con bastante éxito de crítica y público. Qué le voy a hacer, a otros les da por tocar culos, ¿no? Ah, que no… Bueno yo qué sé.
Sin embargo, en esta ocasión aproveché para tener un momento romántico a la luz de las luminarias de emergencia, que no dejan de tener su encanto. Se de uno que lo apreciará.
Del domingo, una vez que descubrí el origen de los moratones y los arañazos, no me preocupó nada.
Viernes
Berlín había quedado para salir a cenar con unas amigas del trabajo, y yo, no hace falta decir que triste como un niño al que no dejan ver la tele, tuve que quedar con mis tres amigos cuyas novias viven en Rusia, Suecia y Mallorca.
Alguno mencionó algo de que la misión era subir nuestro ego, pero al ir a vestirme me di cuenta de que de repente he dejado de tener ropa chula para conseguirlo. Todo es viejo o no me parece propio para una noche como esa. Además, después de estar 7 meses jugando 4 partidos de fútbol a la semana y sin ir al gimnasio, las camisas me quedan anchas y los pantalones estrechos. Mi morfología mutante es un hecho.
Empezamos tomando unos mojitos horrorosos enfrente del Templo de Debod, y acabé en un taxi a las 4 y media de la mañana hablando de lo mal que está la vivienda en Madrid, y, cómo no, de Gallardón.
Esto último me preocupa, porque que este hombre acapare también mis momentos de inconsciencia es algo que debo hacerme mirar.
Sábado
Abandonado como un abuelillo en una gasolinera por una Berlín que también tenía planes para el sábado, tuve que volver a sacarme las castañas.
Por la mañana fui a comer a las cuevas del Molar junto a los mismos del día anterior más un matrimonio de amigos, un clásico para todos nosotros.
Comentamos las jugadas del viernes y discutimos una vez más, van mil millones, quién de nosotros está más desequilibrado. Pero no desequilibrado en el sentido gracioso, sino desequilibrado en el sentido de peligroso. Yo me llevé 3 votos de 5 por un supuesto lado oscuro que les mantengo oculto. Iki, si estás ahí, yo sé que tú tienes fe en mí.
Por la noche tenía celebración del cumpleaños de otro amigo en una casa que un familiar suyo tiene en una famosa urbanización del Norte de Madrid. La invitación anunciaba un asadito argentino con mucho gintonic, y advertía: "Hay piscina", así que dejé la resaca del viernes en casa y cogí un bañador, un pantalón y una camisa de repuesto, que nunca se sabe si vas a tener tiempo de cambiarte antes de que te tiren al agua.
A las dos de la mañana cayó el primero, copa de whisky en mano y móvil y cartera en los bolsillos. Acto inmediato nos tiramos los demás a ahogarle, que para eso somos muy graciosos.
En un momento de la noche tuve que entrar a la casa a buscar un baño. Era una casa grande, y cuando por fin iba camino de uno que había junto a la entrada de la casa, se abrió la puerta principal y entró el dueño. Me quedé paralizado frente a él, de puntillas para no mojar, y con la colita cogida entre las manos para no mearme.
"Buenas noches" dije. "Buenas noches". "Bonita casa. ¿Sabe dónde hay un baño?"
A la vuelta de tamaño ridículo, vi que uno de mis amigos había descubierto un jacuzzi de unos 5x2 metros en el salón y que se había metido dentro. Y no recuerdo muy bien cómo, pero 5 hombres desnudos acabamos luchando dentro de él, tirándonos copas heladas encima, haciéndonos aguadillas (¿ahogadillas?), y dándonos golpes mientras dos mujeres tan divertidas como aterrorizadas trataban de darse su baño de burbujas.
De este día me preocupó que a pesar de estar todos en la treintena, conservemos aún la tendencia de acabar a mamporros como si tuviésemos 12. Por otra parte, no me importaría repetir mañana mismo.
Domingo
Me acosté a las 7 y media y me levanté a las dos con un ligero dolor de cabeza. Comí la porra y media que apareció en la cocina y que debí comprar de camino a casa, y por la tarde salí, esta vez sí, con Berlín, a quien me costó un poco explicarle que los arañazos de la espalda me los habían hecho unos colegas en plena lucha griega dentro de un jacuzzi.
Fuimos a cenar a un restaurante que hay en Quevedo y en mitad de la cena se fueron las luces de toda la glorieta.
Cuando hay un apagón, a mí lo que me pide el cuerpo es ponerme a cantar el “cumpleaños feliz”, he de decir que la mayoría de las veces con bastante éxito de crítica y público. Qué le voy a hacer, a otros les da por tocar culos, ¿no? Ah, que no… Bueno yo qué sé.
Sin embargo, en esta ocasión aproveché para tener un momento romántico a la luz de las luminarias de emergencia, que no dejan de tener su encanto. Se de uno que lo apreciará.
Del domingo, una vez que descubrí el origen de los moratones y los arañazos, no me preocupó nada.
Thursday, July 13
Purtugal y el fútebol
Resulta que iba a escribir un post sobre lo bonito que es Lisboa, lo esplendorosos que son sus alrededores y el recuerdo tan maravillosísimo que traigo de allí, y me ha dado un perezón de aquellos que no he podido controlar, así que os dejo con unas fotos de lo mejor que tenéis para ver en la ciudad vecina.
Digo yo que encontraré fuerzas para hacer un post de verdad en el que os hablaré de en qué siglo levantaron el Castillo de San Jorge y por qué la bandera de portugal el roja y verde. También con fotos de postales, con atardeceres súper bonitos, y súper naranjas para que os enamoréis los unos de los otros. Pero de momento, aquí el álbum de fotos 1:
- Para empezar, un clásico: La Torre de Belem o Belén, o lo que sea. El caso es que allí estaban los pastores y las pastoras con sus bikinis. No hagáis zoom, que tienen menos de 14 y es delito. Estaban esperando que comenzase no sé qué concierto. Estuve a punto de animarme a esperar, pero llegaron unos bongueros y un trompetero australiano de esos que hacen oooOOOoouuoooooooOOOuUUuuuoooooooooooo y nos fuimos enseguida.
- Dicen que en el Monasterio de los Jerónimos vaga una niña rubia que se coló allí a través del televisor mientras los monjes veían a Angela Chaning decir eso de "Se ha muerto sin publicidad, no como otras". Yo la vi, y allí sigue la enana esperando que os acerquéis a decirle que se aleje un poquito de la luz, que con lo blancucha que es y el sol que pega, se va a agarrar un melanoma de escocés.
- Y esta es de cuando les marcaron el gol que les dejaba fuera del mundial. También podéis ver que es falso que las portuguesas no se depilen, que parece mentira que tenga que irme hasta allí para seguir derribando mitos.
- Y para terminar, un guiño a mi Dwalks, que yo también le he echado un poquito de menos. ¡Qué abrazotes y qué palmotadas nos hemos dado hoy!
Digo yo que encontraré fuerzas para hacer un post de verdad en el que os hablaré de en qué siglo levantaron el Castillo de San Jorge y por qué la bandera de portugal el roja y verde. También con fotos de postales, con atardeceres súper bonitos, y súper naranjas para que os enamoréis los unos de los otros. Pero de momento, aquí el álbum de fotos 1:
- Para empezar, un clásico: La Torre de Belem o Belén, o lo que sea. El caso es que allí estaban los pastores y las pastoras con sus bikinis. No hagáis zoom, que tienen menos de 14 y es delito. Estaban esperando que comenzase no sé qué concierto. Estuve a punto de animarme a esperar, pero llegaron unos bongueros y un trompetero australiano de esos que hacen oooOOOoouuoooooooOOOuUUuuuoooooooooooo y nos fuimos enseguida.
- Dicen que en el Monasterio de los Jerónimos vaga una niña rubia que se coló allí a través del televisor mientras los monjes veían a Angela Chaning decir eso de "Se ha muerto sin publicidad, no como otras". Yo la vi, y allí sigue la enana esperando que os acerquéis a decirle que se aleje un poquito de la luz, que con lo blancucha que es y el sol que pega, se va a agarrar un melanoma de escocés.
Y por fin un poquito de fútbol, que ha pasado el mundial sin que de el coñazo y eso no puede ser.
Berlín y yo llegamos a Lisboa el día que se jugaba el partido de Portugal contra Francia. Me la llevé a un bar con ambiente y estas son las instantáneas que conseguí:
- "A por ellos oé". Me encanta ser original con los títulos de las fotos. Particularmente, esta la tomé antes del partido. Son muy futboleros los portugueses, aunque un poco sosones, eso sí. ¿Dónde está la brasileña con las tetas al aire que sale siempre en este tipo de eventos?
- Esta foto apareció en la cámara y aún no me explico cómo. Juro que yo no disparé en el descanso mientras dos chicas cualesquiera comentaban la carrera de Cristiano Ronaldo por la banda. Creo que es una en la que quería sacar la puerta de los baños, o quizás la hizo Berlín, que sabe que a mis amigos estas cosas les hacen tilín.Berlín y yo llegamos a Lisboa el día que se jugaba el partido de Portugal contra Francia. Me la llevé a un bar con ambiente y estas son las instantáneas que conseguí:
- "A por ellos oé". Me encanta ser original con los títulos de las fotos. Particularmente, esta la tomé antes del partido. Son muy futboleros los portugueses, aunque un poco sosones, eso sí. ¿Dónde está la brasileña con las tetas al aire que sale siempre en este tipo de eventos?
- Y esta es de cuando les marcaron el gol que les dejaba fuera del mundial. También podéis ver que es falso que las portuguesas no se depilen, que parece mentira que tenga que irme hasta allí para seguir derribando mitos.
- Al día siguiente me levanté con mono de fútbol y me fui a la plaza Rossio a echar unos regates. Allí me encontré con la Cow Parade, que me gustó mucho, sobre todo porque no cortaba el tráfico.
Aquí estoy yo enseñando el balón un segundo antes de poner en práctica ese regate que me ha hecho famoso en el mundo entero. Mirad al chaval de la gorra cómo se fija para aprender.
Aquí estoy yo enseñando el balón un segundo antes de poner en práctica ese regate que me ha hecho famoso en el mundo entero. Mirad al chaval de la gorra cómo se fija para aprender.
Y se acabó el fútbol, que Berlín se cansó un poquito y tuve que dejarlo antes de que me rajase la pelota como hacía el jardinero de mi urbanización de la sierra cada vez que me agarraba el balón después de que le pisase el césped. ¡Qué ojeriza le tengo!
- Esta es Berlín. Le regalé este bolso comprado en un viaje que hice a no sé dónde. ¿La razón? Porque estoy fatal de la memoria y a veces olvido su nombre, pero ella no lo sabe, así que por favor, sed discretos.
- Aquí dos madrileños demostrando que el chotis se puede bailar en una baldosa o en 64, que el caso es tener gracia y una gorra a cuadros él, y un clavel en lo alto de la cabeza ella.- Esta es Berlín. Le regalé este bolso comprado en un viaje que hice a no sé dónde. ¿La razón? Porque estoy fatal de la memoria y a veces olvido su nombre, pero ella no lo sabe, así que por favor, sed discretos.
- Y para terminar, un guiño a mi Dwalks, que yo también le he echado un poquito de menos. ¡Qué abrazotes y qué palmotadas nos hemos dado hoy!
Sunday, July 2
Repaso findesemanal
Esta semana, el fin ha empezado el jueves, en la cena de despedida de la compañera de trabajo.
Debido al problema que tengo para medir los tiempos y que me hace sufrir taquicardias cada vez que he de coger un avión, tuve que buscar un taxi y sudar mucho para llegar solo 20 minutos tarde al restaurante de Malasaña que habíamos elegido. Durante la cena hubo comida rica y entrega de regalos varios. A falta de apuntarme el tanto que sumó Dwalks en el momento de las copas cuando la homenajeada le pidió que se quedase y le palpó el vientre supongo que detectando el lorcismo que padece mi ex-amigo, me apunto el de haberla emocionado con un texto de despedida que me encargaron escribirle. ¡Qué tierno ver esas lagrimillas en sus ojos, Dwalks, tú no lo entiendes porque eres un cacho carne!
En el restaurante nos sentamos pegados a un ventanal muy grande que da a Malasaña. En el momento de los regalos me hice con una cámara que había por allí y me lié a hacer fotos. No sé en qué momento una compañera se me acercó a comentarme algo y se sentó a mi lado. Es una buena amiga, pero tuve mi momento de pánico cuando recibí en el móvil un mensaje que decía: "Quién es esa q está a tu lado? Tú tan guapo d rojo! No podías sentarte entre dos tíos? Estoy en casa" - Berlín. Fue un momento Gran Hermano, la verdad, pero tiene su explicación, que no es otra que Berlín había ido al teatro en Iglesia y de vuelta pasó, sin saber que yo estaba allí, por delante del restaurante, que está de camino y a menos de un minuto de su casa.
Después de la cena fuimos a tomar unas copas, nos echamos unas risas, bailamos lo justo y a dormir a las cuatro. Berlín ni se inmutó cuando llegué, y creo que fue buena señal.
El viernes fue un día de sueño en el que prorrogué la incapacidad de dormir siesta que vengo sufriendo este año. Para cuando fui al 8 y Medio a ver el concierto de La Casa Azul llevaba las ojeras a la altura de las muelas, una aspirina en la sangre para combatir un incipiente dolor de cabeza, y un grano en la punta de la nariz que me daba un aire a Fofito bastante cómico.
Llegamos pronto por si había cola y poder ponernos cerca del escenario. Al final nos dividimos en dos grupos: los que nos decidimos por sudar y los que se decidieron por sudar pero menos. ¡Qué calora que hacía rediós!
Paparapá paparapá, la camiseta empapada. Paparapá paparapá, sin voz para poder hacer un falsete el resto de la noche. Paparapá paparapá, quiero que me des un chicle Cosmos.
Al salir de allí fuimos al Nasti, ese lugar, y de allí a dar una vuelta por Chueca, a ver el ambiente, que dicen que Chueca es un barrio de ambiente y sí que lo es, lo que pasa es que en fiestas es un agobio porque no puedes ni moverte.
Mientras los demás se iban al Sol a eso de las 3, yo me retiré de nuevo a casa de Berlín, que esta vez sí me hizo algo más de caso al llegar. Buena señal también.
El sábado nos levantamos tarde y poco hicimos antes de ir a mi casa a comernos un menú Whopper que me salió en su punto. Por la noche quedamos con unos amigos para ir a cenar una fondue de carne con unas ensaladas. También llegamos tarde porque por el desfile del Orgullo tenían cortados tramos de Princesa, de la Cuesta de San Vicente, y de medio Madrid, que no se enteraba uno hasta que se encontraba con la valla amarilla delante y el policía haciendo aspavientos. Buena organización Gallardón, sigues ganando puntos.
Después de aparcar, al salir del coche, empezaron a darme unos mareos bastante sospechosos, y ante el temor de desmayo, entré a una farmacia a tomarme la tensión: 50-141 y 43 pulsaciones, aparentemente todo normal, pero aún hoy sigo con la cabeza que me da vueltas. Creo que la estoy perdiendo. Sospecho que puede ser del calor o de una bajada de tensión de esas que me dan cuando me acerco a la playa. El caso es que estoy todo el día medio sonado, como si Tyson me hubiese enganchado un directo y estuviese tambaleándome para caer a la lona.
Eso sí, del grano de la nariz no queda ni rastro.
Debido al problema que tengo para medir los tiempos y que me hace sufrir taquicardias cada vez que he de coger un avión, tuve que buscar un taxi y sudar mucho para llegar solo 20 minutos tarde al restaurante de Malasaña que habíamos elegido. Durante la cena hubo comida rica y entrega de regalos varios. A falta de apuntarme el tanto que sumó Dwalks en el momento de las copas cuando la homenajeada le pidió que se quedase y le palpó el vientre supongo que detectando el lorcismo que padece mi ex-amigo, me apunto el de haberla emocionado con un texto de despedida que me encargaron escribirle. ¡Qué tierno ver esas lagrimillas en sus ojos, Dwalks, tú no lo entiendes porque eres un cacho carne!
En el restaurante nos sentamos pegados a un ventanal muy grande que da a Malasaña. En el momento de los regalos me hice con una cámara que había por allí y me lié a hacer fotos. No sé en qué momento una compañera se me acercó a comentarme algo y se sentó a mi lado. Es una buena amiga, pero tuve mi momento de pánico cuando recibí en el móvil un mensaje que decía: "Quién es esa q está a tu lado? Tú tan guapo d rojo! No podías sentarte entre dos tíos? Estoy en casa" - Berlín. Fue un momento Gran Hermano, la verdad, pero tiene su explicación, que no es otra que Berlín había ido al teatro en Iglesia y de vuelta pasó, sin saber que yo estaba allí, por delante del restaurante, que está de camino y a menos de un minuto de su casa.
Después de la cena fuimos a tomar unas copas, nos echamos unas risas, bailamos lo justo y a dormir a las cuatro. Berlín ni se inmutó cuando llegué, y creo que fue buena señal.
El viernes fue un día de sueño en el que prorrogué la incapacidad de dormir siesta que vengo sufriendo este año. Para cuando fui al 8 y Medio a ver el concierto de La Casa Azul llevaba las ojeras a la altura de las muelas, una aspirina en la sangre para combatir un incipiente dolor de cabeza, y un grano en la punta de la nariz que me daba un aire a Fofito bastante cómico.
Llegamos pronto por si había cola y poder ponernos cerca del escenario. Al final nos dividimos en dos grupos: los que nos decidimos por sudar y los que se decidieron por sudar pero menos. ¡Qué calora que hacía rediós!
Paparapá paparapá, la camiseta empapada. Paparapá paparapá, sin voz para poder hacer un falsete el resto de la noche. Paparapá paparapá, quiero que me des un chicle Cosmos.
Al salir de allí fuimos al Nasti, ese lugar, y de allí a dar una vuelta por Chueca, a ver el ambiente, que dicen que Chueca es un barrio de ambiente y sí que lo es, lo que pasa es que en fiestas es un agobio porque no puedes ni moverte.
Mientras los demás se iban al Sol a eso de las 3, yo me retiré de nuevo a casa de Berlín, que esta vez sí me hizo algo más de caso al llegar. Buena señal también.
El sábado nos levantamos tarde y poco hicimos antes de ir a mi casa a comernos un menú Whopper que me salió en su punto. Por la noche quedamos con unos amigos para ir a cenar una fondue de carne con unas ensaladas. También llegamos tarde porque por el desfile del Orgullo tenían cortados tramos de Princesa, de la Cuesta de San Vicente, y de medio Madrid, que no se enteraba uno hasta que se encontraba con la valla amarilla delante y el policía haciendo aspavientos. Buena organización Gallardón, sigues ganando puntos.
Después de aparcar, al salir del coche, empezaron a darme unos mareos bastante sospechosos, y ante el temor de desmayo, entré a una farmacia a tomarme la tensión: 50-141 y 43 pulsaciones, aparentemente todo normal, pero aún hoy sigo con la cabeza que me da vueltas. Creo que la estoy perdiendo. Sospecho que puede ser del calor o de una bajada de tensión de esas que me dan cuando me acerco a la playa. El caso es que estoy todo el día medio sonado, como si Tyson me hubiese enganchado un directo y estuviese tambaleándome para caer a la lona.
Eso sí, del grano de la nariz no queda ni rastro.
Wednesday, June 28
De un adiós y de la edad relativa
Estoy triste, mucho. El viernes de esta semana será probablemente la última vez que vea a la chica que tiene el pelo más rizado y más pelirrojo de la oficina. Creo que alguna vez ya hemos hablado Dwalks y yo acerca de ella y de cómo nuestra rivalidad por llamar su atención, en el más puro primitivismo animal, nos ha conducido a darnos esquinazo a la salida del trabajo para viajar con ella en el Metro, o hacernos cortes de manga en la distancia cuando alguno conseguía su compañía para tomar un café. Un juego divertido y un poco sucio, la verdad, que aún conservo la marca de algún codazo en las costillas.
A esta chica que en un reglamentario de canto del cisne está viniendo esta semana más guapa, más morena y con más escote que nunca, se le va a preparar una cena de despedida como ya se ha hecho con otros compañeros. Una cena informal en la que le demostraremos lo que la queremos, y lo mucho que la vamos a echar de menos. ¡Dwalks, quietas las manos! También se le va a hacer un regalo para el que, por el evidente valor estético de la homenajeada, se propuso "Monumento Histórico" como dedicatoria.
Además de las críticas por haber elegido algo tan inapropiado en lugar de un "Te queremos" o "Eres inteligentísima y muy trabajadora", también surgió el movimiento "¿Y por qué histórico? Se va a sentir mayor".
Aunque los anuncios de cosméticos puedan ser una pista, no sé muy bien a qué edad las mujeres empiezan a sentirse mayores. En realidad no sé nada acerca de las mujeres excepto que suelen tener la voz más aguda que los hombres, pero ¿es posible que alguien con 32 años pueda sentirse mayor?
Bueno, la edad es relativa, lo sé. De hecho yo tengo 30 y mis lesiones me dicen que estoy mayor para el contorsionismo de lavadora, pero no para correr detrás de la grúa municipal.
Ser mayor también depende de la edad de quien la calcula. Por ejemplo, cuando vas al colegio, los mayores te dan collejas, te roban el balón y tienen 15 años. En la universidad los mayores son esos que te gorronean los apuntes, te llevan de putas, y tienen 28. En el equipo de fútbol de los colegas, eres joven hasta los 40, después solo un bulto sospechoso. En según qué trabajo, casi hasta los 50 puedes esperar proyección profesional más allá de atender llamadas. En una partida de chichón, eres una promesa ,aunque apuestes en pesetas, si tienes menos de 60; y en un bar del paseo marítimo de Benidorm, estás en la pomada hasta los 75.
Esta mañana Berlín me ha enviado unas fotos que se hizo en una cena con unas compañeras de su antigua empresa. Viéndolas, he echado unos 45 años, si no más, a las acompañantes de Berlín, y le he preguntado quienes eran esas señoras. Su respuesta ha sido: "Son mis compañeras y NO LAS LLAMES SEÑORAS". "¿Qué son, chihuahuas?" "CHIIIIIIIICAS".
Pues nada, que no se me enfade nadie más, todas chicas hasta los 80 como Rose, Blanche, Dorothy y Sophia.
A esta chica que en un reglamentario de canto del cisne está viniendo esta semana más guapa, más morena y con más escote que nunca, se le va a preparar una cena de despedida como ya se ha hecho con otros compañeros. Una cena informal en la que le demostraremos lo que la queremos, y lo mucho que la vamos a echar de menos. ¡Dwalks, quietas las manos! También se le va a hacer un regalo para el que, por el evidente valor estético de la homenajeada, se propuso "Monumento Histórico" como dedicatoria.
Además de las críticas por haber elegido algo tan inapropiado en lugar de un "Te queremos" o "Eres inteligentísima y muy trabajadora", también surgió el movimiento "¿Y por qué histórico? Se va a sentir mayor".
Aunque los anuncios de cosméticos puedan ser una pista, no sé muy bien a qué edad las mujeres empiezan a sentirse mayores. En realidad no sé nada acerca de las mujeres excepto que suelen tener la voz más aguda que los hombres, pero ¿es posible que alguien con 32 años pueda sentirse mayor?
Bueno, la edad es relativa, lo sé. De hecho yo tengo 30 y mis lesiones me dicen que estoy mayor para el contorsionismo de lavadora, pero no para correr detrás de la grúa municipal.
Ser mayor también depende de la edad de quien la calcula. Por ejemplo, cuando vas al colegio, los mayores te dan collejas, te roban el balón y tienen 15 años. En la universidad los mayores son esos que te gorronean los apuntes, te llevan de putas, y tienen 28. En el equipo de fútbol de los colegas, eres joven hasta los 40, después solo un bulto sospechoso. En según qué trabajo, casi hasta los 50 puedes esperar proyección profesional más allá de atender llamadas. En una partida de chichón, eres una promesa ,aunque apuestes en pesetas, si tienes menos de 60; y en un bar del paseo marítimo de Benidorm, estás en la pomada hasta los 75.
Esta mañana Berlín me ha enviado unas fotos que se hizo en una cena con unas compañeras de su antigua empresa. Viéndolas, he echado unos 45 años, si no más, a las acompañantes de Berlín, y le he preguntado quienes eran esas señoras. Su respuesta ha sido: "Son mis compañeras y NO LAS LLAMES SEÑORAS". "¿Qué son, chihuahuas?" "CHIIIIIIIICAS".
Pues nada, que no se me enfade nadie más, todas chicas hasta los 80 como Rose, Blanche, Dorothy y Sophia.
Saturday, June 24
Lucky lucky!
(Perdón por el vocabulario, pero justo al comienzo lo explico todo).
Bueno, a ver qué me sale hoy porque acabo de volver de una barbacoa en la casa que un amigo tiene en la sierra, y aprovechando que no llevaba coche me he bebido el agua de la pecera y me he fumado dos puritos que han ido directos al hipotálamo.
Hoy trataré de hacer una crónica del festival de ayer, el Metrorock, que aún hoy se celebra con actuación estelar de Paul Weller, y al que por fin, después de tres conciertos seguidos en los que mis amigos me dejaron tirado como una perra, conseguí convencer, con ayuda de Franz Ferdinand, al Pelusa, a Roger y a su novia sueca que es muy rubia y muy simpática, para que me acompañasen.
Llegamos después de la primera actuación, la de un tal Matisyahu que por lo que he visto en unas fotos del períodico de hoy es un tío muy raro con un traje negro, una camisa blanca, un sombrero feo y una barba larga y poblada. Al parecer es un judío que va de moderno y canta regue, o como se diga. Lo que digo, un tío raro.
Para entrar tuvimos que cambiar los tickets por unas pulseras fosforitas y esquivar a un segurata que perseguía con el puño en alto a un chaval que le había llamado "tolai". ¡Qué hijo de puta en chaval! Si lo cojo yo... Una vez dentro nos encontramos con una periodista que se parecía un montón a la Mujer Tirita, solo que ésta era mucho más rubia, y ya nos quedamos con ella.
Paseamos por el césped, entre el olor a chorizo, morcilla y porros, camino del escenario principal donde estaba actuando Macaco. Llegados a una distancia prudencial del escenario, pasee también la mirada por el público, entre el que se escondían bikinis espectaculares, faldas de algodón lavadas en agua muy, muy caliente, y tatuajes de todos las formas y colores. Lo que viene a ser un gozo, oiga, que aquello estaba lleno de mozuelas.
Macaco muy bien, muy animado y muy buen rollo, sobre todo cuando cantó la canción de S.O.S e hizo que el público se pusiese en cuclillas, momento que aproveché para ponerme morado a ver tangas y huchas en general. Luego la cagó dando el coñazo con un rollo moralista, que ya me jode a mi ir a los conciertos a que me hablen de lo mal que lo pasa el pueblo de los mapachunis por culpa de las empresas occidentales de mierda que los explotan. Para eso voy a ver cine español, que tampoco.
Antes de que terminase, fuimos a escuchar a unos tipos muy graciosos que se llaman The Locos, y que no paraban de cagarse en todo lo humano (véase Esperanza Aguirre) y lo divino (lo que vienen siendo Dios y la Virgen). El cantante llevaba una cresta roja, y el guitarrista una peluca igual que la de Cañizares, cosa que me pareció la risión. Su música es un poco ska y tiene un directo muy divertido en el que ponen un montón de energía para pasarlo bien. Al esperpento nos sumamos Roger y yo, que nos metimos a bailar al estilo Luis Aguilé entre los cuatro gatos que había brincando delante de ellos, que no había más porque era muy pronto y hacía mucho calor.
Después de esto y de emponzoñarnos levemente a base de calimochos (¡qué recuerdos!), fuimos de nuevo al escenario principal a ver a Franz Ferdinand. De camino más chicas, más ojeadas y más vértebras rotas, con la mirada divertida de la periodista rubia que iba pensando para sus adentros "siejque sois todos iguales, coño". Pues sí, así semos.
Y llegado el momento, Franz Ferdinand - ¡Oh!
Hacía tiempo que no disfrutaba tanto en un concierto y puede haber varios motivos para esto: El primero es que me sé todas sus canciones de memoria y las grité de principio a fin. El segundo que iba con amigos a quienes me abracé para saltar y cantar eso de "you're so lucky" y "I love the sound of you walking away", una canción muy Bond, muy nuestra. El tercero es que la banda tiene un montaje que no se limita a tocar una canción detrás de otra, estilo Arctic Monkeys (por cierto, ya tardaron en echar al bajista gordinflón), o Muchachito Bombo Infierno, que tocaron después y que me decepcionaron mucho. Son grandes, muy grandes. Grandérrimos.
Tocaron una canción nueva que me recordó bastante a los Beatles, se me pusieron los pelos de punta cuando se subieron el bajo y guitarra a tocar la batería con el idem, y también con aquello de "Tonight... On Fire... The One... And Only... Alex... Kaaaaprrranos". Buf, aún me dura la erección.
Acabé la noche afónico, tirado en el césped comiendo un bocadillo de chorizo empapuzado en cerveza y con una sonrisa de idiota que me ha hecho parecer un subnormal en las fotos que hemos hecho en el cumpleaños de hoy.
Próxima parada: La Casa Azul. Y después, Summercase, donde espero un cartel más completo y aún más bikinis.
Feliz resto del fin de semana, yo ya me puedo morir.
Bueno, a ver qué me sale hoy porque acabo de volver de una barbacoa en la casa que un amigo tiene en la sierra, y aprovechando que no llevaba coche me he bebido el agua de la pecera y me he fumado dos puritos que han ido directos al hipotálamo.
Hoy trataré de hacer una crónica del festival de ayer, el Metrorock, que aún hoy se celebra con actuación estelar de Paul Weller, y al que por fin, después de tres conciertos seguidos en los que mis amigos me dejaron tirado como una perra, conseguí convencer, con ayuda de Franz Ferdinand, al Pelusa, a Roger y a su novia sueca que es muy rubia y muy simpática, para que me acompañasen.
Llegamos después de la primera actuación, la de un tal Matisyahu que por lo que he visto en unas fotos del períodico de hoy es un tío muy raro con un traje negro, una camisa blanca, un sombrero feo y una barba larga y poblada. Al parecer es un judío que va de moderno y canta regue, o como se diga. Lo que digo, un tío raro.
Para entrar tuvimos que cambiar los tickets por unas pulseras fosforitas y esquivar a un segurata que perseguía con el puño en alto a un chaval que le había llamado "tolai". ¡Qué hijo de puta en chaval! Si lo cojo yo... Una vez dentro nos encontramos con una periodista que se parecía un montón a la Mujer Tirita, solo que ésta era mucho más rubia, y ya nos quedamos con ella.
Paseamos por el césped, entre el olor a chorizo, morcilla y porros, camino del escenario principal donde estaba actuando Macaco. Llegados a una distancia prudencial del escenario, pasee también la mirada por el público, entre el que se escondían bikinis espectaculares, faldas de algodón lavadas en agua muy, muy caliente, y tatuajes de todos las formas y colores. Lo que viene a ser un gozo, oiga, que aquello estaba lleno de mozuelas.
Macaco muy bien, muy animado y muy buen rollo, sobre todo cuando cantó la canción de S.O.S e hizo que el público se pusiese en cuclillas, momento que aproveché para ponerme morado a ver tangas y huchas en general. Luego la cagó dando el coñazo con un rollo moralista, que ya me jode a mi ir a los conciertos a que me hablen de lo mal que lo pasa el pueblo de los mapachunis por culpa de las empresas occidentales de mierda que los explotan. Para eso voy a ver cine español, que tampoco.
Antes de que terminase, fuimos a escuchar a unos tipos muy graciosos que se llaman The Locos, y que no paraban de cagarse en todo lo humano (véase Esperanza Aguirre) y lo divino (lo que vienen siendo Dios y la Virgen). El cantante llevaba una cresta roja, y el guitarrista una peluca igual que la de Cañizares, cosa que me pareció la risión. Su música es un poco ska y tiene un directo muy divertido en el que ponen un montón de energía para pasarlo bien. Al esperpento nos sumamos Roger y yo, que nos metimos a bailar al estilo Luis Aguilé entre los cuatro gatos que había brincando delante de ellos, que no había más porque era muy pronto y hacía mucho calor.
Después de esto y de emponzoñarnos levemente a base de calimochos (¡qué recuerdos!), fuimos de nuevo al escenario principal a ver a Franz Ferdinand. De camino más chicas, más ojeadas y más vértebras rotas, con la mirada divertida de la periodista rubia que iba pensando para sus adentros "siejque sois todos iguales, coño". Pues sí, así semos.
Y llegado el momento, Franz Ferdinand - ¡Oh!
Hacía tiempo que no disfrutaba tanto en un concierto y puede haber varios motivos para esto: El primero es que me sé todas sus canciones de memoria y las grité de principio a fin. El segundo que iba con amigos a quienes me abracé para saltar y cantar eso de "you're so lucky" y "I love the sound of you walking away", una canción muy Bond, muy nuestra. El tercero es que la banda tiene un montaje que no se limita a tocar una canción detrás de otra, estilo Arctic Monkeys (por cierto, ya tardaron en echar al bajista gordinflón), o Muchachito Bombo Infierno, que tocaron después y que me decepcionaron mucho. Son grandes, muy grandes. Grandérrimos.
Tocaron una canción nueva que me recordó bastante a los Beatles, se me pusieron los pelos de punta cuando se subieron el bajo y guitarra a tocar la batería con el idem, y también con aquello de "Tonight... On Fire... The One... And Only... Alex... Kaaaaprrranos". Buf, aún me dura la erección.
Acabé la noche afónico, tirado en el césped comiendo un bocadillo de chorizo empapuzado en cerveza y con una sonrisa de idiota que me ha hecho parecer un subnormal en las fotos que hemos hecho en el cumpleaños de hoy.
Próxima parada: La Casa Azul. Y después, Summercase, donde espero un cartel más completo y aún más bikinis.
Feliz resto del fin de semana, yo ya me puedo morir.
Thursday, June 22
La selectividad
Hace una semana más o menos se han celebrado en Madrid los exámenes de selectividad que permiten el acceso a la universidad. Unas pruebas tan polémicas como necesarias
Hace unos doce años me tocó a mí y no me acuerdo de demasiadas cosas. Sé que me presenté al examen de matemáticas sin saber hacer una integral porque el simbolito, esa S estirada, me recordaba los ganchos en los que se cuelgan las canales en el matadero y me daba muy mal rollito. Aprobé matemáticas con un 8.
Más tarde, en la carrera, se me pasó el miedo cuando conocí a una chica a la que llamaban "la integral" no porque comiese mucha fibra, sino porque su culo respingón le hacía una silueta con forma de S. No aprobé matemáticas hasta el segundo año.
Ese mes de junio de la selectividad, caluroso como todos los junios de mi vida, salía a sentarme en el suelo de la terraza para que me diese el aire mientras repasaba los apuntes. En un descuido se me volaron 3 temas de química y tuve que bajar a la calle con mis hermanos para recogerlos. Mi madre desde la terraza nos iba diciendo "Por allí, al lado de la papelera. No, no, debajo del banco, detrás de los árboles", mientras señalaba con el dedo muy estirado y con aspavientos generosos como los de un entrenador de baloncesto. No perdí ni una hoja, que las madres en eso de encontrar son cosa fina.
La mayor parte del tiempo estudiaba en el mismo dormitorio y sentado a la misma mesa que tengo ahora. Nunca fui mucho de biblioteca hasta los últimos años de carrera.
De día me distraía mirando al parque al que da mi ventana, y de noche mirando las ventanas encendidas pensando "¡Caramba, cuánta gente hace selectividad este año!" Ahora me da más por pensar en lo enganchada que está la gente a la teletienda.
Y luego descubrí las bibliotecas, donde entre tema y tema me distraía asomándome a otro tipo de balcones.
Todo esto me ha venido a la memoria porque el otro día, volviendo del trabajo, me encontré esparcidos por la calle unos libros y cuadernos rotos a los que evidentemente habían dado mal trato: patadas, rasgado de páginas, estrujamientos varios...
Yo eso nunca lo terminé de entender. ¿Por qué esa rabia contra unos libros o apuntes de algo que has aprobado? ¿Quemarás tu coche cuando pagues todas las letras? Si mis hermanos mayores hubiesen hecho algo así, mis padres les hubiesen dado dos soplamocos (antes se decía soplamocos cuando se daban hostias).
De hecho en la carrera hice justo lo contrario: cogí cariño a los apuntes y acabé almacenándolos hasta que se convirtieron en un problema de convivencia. No cabía ni un papel más en ninguno de los armarios de mi habitación y mi madre me decía que aquello no podía seguir así, que un día iba a haber un incendio que iba a parecer la abadía de El Nombre de la Rosa.
Finalmente fueron Spiderman y unos robots japoneses los que hicieron hueco. Cultura pop.
Hace unos doce años me tocó a mí y no me acuerdo de demasiadas cosas. Sé que me presenté al examen de matemáticas sin saber hacer una integral porque el simbolito, esa S estirada, me recordaba los ganchos en los que se cuelgan las canales en el matadero y me daba muy mal rollito. Aprobé matemáticas con un 8.
Más tarde, en la carrera, se me pasó el miedo cuando conocí a una chica a la que llamaban "la integral" no porque comiese mucha fibra, sino porque su culo respingón le hacía una silueta con forma de S. No aprobé matemáticas hasta el segundo año.
Ese mes de junio de la selectividad, caluroso como todos los junios de mi vida, salía a sentarme en el suelo de la terraza para que me diese el aire mientras repasaba los apuntes. En un descuido se me volaron 3 temas de química y tuve que bajar a la calle con mis hermanos para recogerlos. Mi madre desde la terraza nos iba diciendo "Por allí, al lado de la papelera. No, no, debajo del banco, detrás de los árboles", mientras señalaba con el dedo muy estirado y con aspavientos generosos como los de un entrenador de baloncesto. No perdí ni una hoja, que las madres en eso de encontrar son cosa fina.
La mayor parte del tiempo estudiaba en el mismo dormitorio y sentado a la misma mesa que tengo ahora. Nunca fui mucho de biblioteca hasta los últimos años de carrera.
De día me distraía mirando al parque al que da mi ventana, y de noche mirando las ventanas encendidas pensando "¡Caramba, cuánta gente hace selectividad este año!" Ahora me da más por pensar en lo enganchada que está la gente a la teletienda.
Y luego descubrí las bibliotecas, donde entre tema y tema me distraía asomándome a otro tipo de balcones.
Todo esto me ha venido a la memoria porque el otro día, volviendo del trabajo, me encontré esparcidos por la calle unos libros y cuadernos rotos a los que evidentemente habían dado mal trato: patadas, rasgado de páginas, estrujamientos varios...
Yo eso nunca lo terminé de entender. ¿Por qué esa rabia contra unos libros o apuntes de algo que has aprobado? ¿Quemarás tu coche cuando pagues todas las letras? Si mis hermanos mayores hubiesen hecho algo así, mis padres les hubiesen dado dos soplamocos (antes se decía soplamocos cuando se daban hostias).
De hecho en la carrera hice justo lo contrario: cogí cariño a los apuntes y acabé almacenándolos hasta que se convirtieron en un problema de convivencia. No cabía ni un papel más en ninguno de los armarios de mi habitación y mi madre me decía que aquello no podía seguir así, que un día iba a haber un incendio que iba a parecer la abadía de El Nombre de la Rosa.
Finalmente fueron Spiderman y unos robots japoneses los que hicieron hueco. Cultura pop.
Monday, June 19
Yo soy ese nombre
(Hay que ver qué gavilán me ha quedado el título)
mote1.
(Del prov. o fr. mot, palabra, dicho).
1. m. Sobrenombre que se da a una persona por una cualidad o condición suya.
En esta cosa de los blogs la mayoría tenemos un sobrenombre que nos ayuda a ocultar nuestra identidad y que nos da libertad para poder ser sinceros como en ocasones no lo somos en la realidad. Muchos de ellos no tienen ningún sentido para nadie más que para quien se lo ha puesto. El mío incluso hace tiempo que dejó de significar nada para mí.
Sin embargo hay otros muchos que sí lo tienen como "Clara la enamorada", una mujer que vive en verso; "El pollón de Ramón" otro que tal baila y que además da mayor importancia a la parte que al todo; o "Don Gato", que puede ser un rubiales que viste chaleco morado, o un tipo que se rompió seis costillas, el espinazo y el rabo al ir a ver a su novia. Toda una tragedia, vamos.
Mis amigos aún me echan en cara que yo antes era muy de poner motes, y que por mi culpa no se acuerdan de la mitad de los nombres de las chicas que hemos conocido. Sólo se acuerdan de "Alanis", "la Dálmata", "Galletas", "Sportingeist"... Todas ellas mujeres excepcionales, que conste.
Eso es de cabrón y de mala persona, lo sé, pero ya soy bueno. Ahora en mi vida solo hay Lauras, Elenas, Almudenas, Mónicas, alguna Marta, y un Ramón.
Mi nombre, a pesar de ser de lo más común, tampoco tuvo mucho éxito entre mis amigos o conocidos. Así, he sido el "Botijo" por mi esbelta figura; "Cabezabuque" por mi docilidad; "Chimen" por ese mes en que dejé sin tabaco a Chavela Vargas; y "Moro" por mi melena Mundial 82, con las variantes "Moromielda" y la cada vez más aclamada "Morogay".
Sin embargo, hay otra cosa que me ha llamado mucho más la atención que el tener tanto mote, y es que indefectiblemente, allá donde vaya, la gente acaba llamándome de la misma manera sin que yo se lo diga.
Hay nombres como José, que puede derivar en Pepe de manera más o menos natural, igual que Francisco en Paco o José María en Chema. Hay gente pequeña que se llama Sarita y gente grande que se llama Manolón. Pero yo no encuentro en mi personalidad nada que haga que todo el mundo acabe llamándome, por ejemplo, NachETE, que es el colmo del retorcimiento de un nombre.
Me gusta imaginar que les parezco entrañable, y me alivia saber que me haría aún menos gracia ser Francisco y que la gente acabase llamándome Paquete. O Juan... Yo antes sería un cabrón con pintas que convertirme en un Juanete.
mote1.
(Del prov. o fr. mot, palabra, dicho).
1. m. Sobrenombre que se da a una persona por una cualidad o condición suya.
En esta cosa de los blogs la mayoría tenemos un sobrenombre que nos ayuda a ocultar nuestra identidad y que nos da libertad para poder ser sinceros como en ocasones no lo somos en la realidad. Muchos de ellos no tienen ningún sentido para nadie más que para quien se lo ha puesto. El mío incluso hace tiempo que dejó de significar nada para mí.
Sin embargo hay otros muchos que sí lo tienen como "Clara la enamorada", una mujer que vive en verso; "El pollón de Ramón" otro que tal baila y que además da mayor importancia a la parte que al todo; o "Don Gato", que puede ser un rubiales que viste chaleco morado, o un tipo que se rompió seis costillas, el espinazo y el rabo al ir a ver a su novia. Toda una tragedia, vamos.
Mis amigos aún me echan en cara que yo antes era muy de poner motes, y que por mi culpa no se acuerdan de la mitad de los nombres de las chicas que hemos conocido. Sólo se acuerdan de "Alanis", "la Dálmata", "Galletas", "Sportingeist"... Todas ellas mujeres excepcionales, que conste.
Eso es de cabrón y de mala persona, lo sé, pero ya soy bueno. Ahora en mi vida solo hay Lauras, Elenas, Almudenas, Mónicas, alguna Marta, y un Ramón.
Mi nombre, a pesar de ser de lo más común, tampoco tuvo mucho éxito entre mis amigos o conocidos. Así, he sido el "Botijo" por mi esbelta figura; "Cabezabuque" por mi docilidad; "Chimen" por ese mes en que dejé sin tabaco a Chavela Vargas; y "Moro" por mi melena Mundial 82, con las variantes "Moromielda" y la cada vez más aclamada "Morogay".
Sin embargo, hay otra cosa que me ha llamado mucho más la atención que el tener tanto mote, y es que indefectiblemente, allá donde vaya, la gente acaba llamándome de la misma manera sin que yo se lo diga.
Hay nombres como José, que puede derivar en Pepe de manera más o menos natural, igual que Francisco en Paco o José María en Chema. Hay gente pequeña que se llama Sarita y gente grande que se llama Manolón. Pero yo no encuentro en mi personalidad nada que haga que todo el mundo acabe llamándome, por ejemplo, NachETE, que es el colmo del retorcimiento de un nombre.
Me gusta imaginar que les parezco entrañable, y me alivia saber que me haría aún menos gracia ser Francisco y que la gente acabase llamándome Paquete. O Juan... Yo antes sería un cabrón con pintas que convertirme en un Juanete.
Thursday, June 15
Los zapatos del oro
Una vez más han caído cuatro gotas en Madrid y la ciudad se ha colapsado. Dejando de lado el tráfico, hoy le ha tocado el turno al metro, que ha vuelto a inundarse. Entre la línea 3, que está cerrada por completo, la 8, que tiene un tramo inutilizado, más los de las otras líneas que se han anegado hoy, sumado a que desde hace un par de días no funciona el aire acondicionado en los vagones, entiendo perfectamente los cabreos de la gente. De hecho he estado a punto de manifestarme a la salida, pero tenía hambre y me he ido a casa.
En otro orden de cosas, desde hace unos días vengo siendo testigo de una moda que me tiene preocupado. Probablemente sea algo que viene de lejos, pero que como soy poco observador no he caído hasta que se ha convertido en algo más o menos masivo.
De lo que estoy hablando es de los zapatos dorados. Sí, sí, z-a-p-a-t-o-s d-o-r-a-d-o-s. Encuentro zapatos dorados por todas partes, pero aún así llego a casa y busco "zapatos dorados" en Google:
- Y me dice que Dolce&Gabbanna los combinan con calcetines morados. Y me imagino a Leticia Sabater llevando el conjunto y todo me cuadra.
- Y me dice que una presentadora de Playboy TV los lució como único atuendo en su programa. Y la putada es que no puedo quitarme de la cabeza a Leticia Sabater;
- Y me dice que "es naquísimo traer zapatos dorados de día (para las niñas)", como "naquísimo es usar ombligueras en pleno invierno y pasear tu agujero ombligal por toda la ciudad"; y me pregunto qué demonios son las ombligueras y si naquísimo es bueno o es como peerse en medio de una genuflexión.
- Y me dice que se limpian muy bien con pasta dentífrica. Y pienso en mi vitrocerámica y en mi tubo de Licor del Polo convertido en una navaja suiza multiusos.
Personalmente no me gusta el dorado. El dorado es tan ostentoso que me parece cutre, y que me perdonen los valencianos. Nunca he llevado nada dorado a pesar de que mi abuela insistió de pequeño en que llevase una cruz que me había regalado. Me la ponía cuando venía a casa y en cuanto salía por la puerta la guardaba en el cajón. Ahora el único adorno que llevo es la cruz de madera de mi confirmación sujeta al cuello con un cordón raído comprado en una zapatería.
El dorado me recuerda a M.A. Barracus, a las bodas gitanas y a un anillo de plástico con el que me atraganté de pequeño y casi muero.
Los zapatos dorados son óptimos para rodar un anuncio de Freixenet haciendo de niña burbuja. Son buenos para ponerlos en la parte de atrás de la bici como reflectantes, e incluso son buenos para colgarlos en la terraza para ahuyentar a las palomas. Pero los zapatos dorados son horribles para pasearlos por la calle.
Sí, señora, sí. Si usted ha comprado unos zapatos dorados pensando que son superdivinos, probablemente lo sean, no seré yo quien le quite la razón, pero solo se los podrá poner apropiadamente cuando su marido le pida que le haga esa imitación tan graciosa de María Isabel.
Ronaldinho calza botas doradas. ¿Alguien considera a Ronaldinho paradigma de la moda? Vale.
En otro orden de cosas, desde hace unos días vengo siendo testigo de una moda que me tiene preocupado. Probablemente sea algo que viene de lejos, pero que como soy poco observador no he caído hasta que se ha convertido en algo más o menos masivo.
De lo que estoy hablando es de los zapatos dorados. Sí, sí, z-a-p-a-t-o-s d-o-r-a-d-o-s. Encuentro zapatos dorados por todas partes, pero aún así llego a casa y busco "zapatos dorados" en Google:
- Y me dice que Dolce&Gabbanna los combinan con calcetines morados. Y me imagino a Leticia Sabater llevando el conjunto y todo me cuadra.
- Y me dice que una presentadora de Playboy TV los lució como único atuendo en su programa. Y la putada es que no puedo quitarme de la cabeza a Leticia Sabater;
- Y me dice que "es naquísimo traer zapatos dorados de día (para las niñas)", como "naquísimo es usar ombligueras en pleno invierno y pasear tu agujero ombligal por toda la ciudad"; y me pregunto qué demonios son las ombligueras y si naquísimo es bueno o es como peerse en medio de una genuflexión.
- Y me dice que se limpian muy bien con pasta dentífrica. Y pienso en mi vitrocerámica y en mi tubo de Licor del Polo convertido en una navaja suiza multiusos.
Personalmente no me gusta el dorado. El dorado es tan ostentoso que me parece cutre, y que me perdonen los valencianos. Nunca he llevado nada dorado a pesar de que mi abuela insistió de pequeño en que llevase una cruz que me había regalado. Me la ponía cuando venía a casa y en cuanto salía por la puerta la guardaba en el cajón. Ahora el único adorno que llevo es la cruz de madera de mi confirmación sujeta al cuello con un cordón raído comprado en una zapatería.
El dorado me recuerda a M.A. Barracus, a las bodas gitanas y a un anillo de plástico con el que me atraganté de pequeño y casi muero.
Los zapatos dorados son óptimos para rodar un anuncio de Freixenet haciendo de niña burbuja. Son buenos para ponerlos en la parte de atrás de la bici como reflectantes, e incluso son buenos para colgarlos en la terraza para ahuyentar a las palomas. Pero los zapatos dorados son horribles para pasearlos por la calle.
Sí, señora, sí. Si usted ha comprado unos zapatos dorados pensando que son superdivinos, probablemente lo sean, no seré yo quien le quite la razón, pero solo se los podrá poner apropiadamente cuando su marido le pida que le haga esa imitación tan graciosa de María Isabel.
Ronaldinho calza botas doradas. ¿Alguien considera a Ronaldinho paradigma de la moda? Vale.
Wednesday, June 14
La tentación vive en la cocina
Efectivamente desde el domingo vengo un poco suelto. Algo me debió sentar mal de lo que comí el sábado porque he estado en proceso de deshidratación vía intestinal desde entonces.
Yendo hacia atrás como en las películas, recuerdo que el sábado quedé con el Pelusa para ir a su casa a echarnos una Play a un juego hiperviolento de pegar palizas a la gente, después veríamos el debut de Argentina en el Mundial, y por último saldríamos a tomar unas copas. El plan estaba claro, los componentes también, y faltaban las viandas, que en realidad iban a ser el problema.
Ya he contado que el Pelusa, antes conocido por otro nombre, es un tipo al que no le gustan los vegetales y sólo come carne. Un amigo que vive solo con su gata y a quien el repartidor de Telepizza habla por su nombre de pila. Un personaje al que definen tres sentencias: "Estáis un escalón evolutivo por debajo de mí"; "Yo no como flores"; y "Si alguna vez me suicido, será con pisto".
- El sábado su nevera era esto:
6 botes de Mahou 5 estrellas, 1 lata de paté La Piara tapa negra, un paquete de unas 117 salchichas enanas con E. Coli, y dos cajones vacíos de fruta. En la puerta de la nevera había tres botes más de medio litro de cerveza, un frasco con mermelada y unos quesitos de la Vaca que Ríe.
Al final seguimos el plan con ese avituallamiento, y no digo ni que sí ni que no, solo digo que yo llegué a mi casa sujetándome la tripa a la vez que, muy ridículo, caminaba por el pasillo como los pingüinos porque llevaba los pantalones por los tobillos.
El domingo no me atreví a salir de casa porque pensé que un radio de más de 200 metros alejado de la Fábrica de Chocolate sería demasiado lejos y los umpa lumpas tendrían la fiesta en mis pantalones. Al menos me entretuvo la maratón teledeportiva.
El lunes fui al médico y me compré 4 litros de Aquarius, dos de ellos del sabor "Versión 3", que es más o menos como beberte una Coca Cola sin gas, que no merece mucho la pena. El sabor "Versión 3" parece más acertado que el sabor "Cola", que se presta mucho más al cachondeo con comentarios como "¿Ves cariño como no sabe tan mal? Si cuando los de la Coca Cola han sacado un refresco con el mismo sabor..." Vosotros me entendéis, que hay gente pa tó.
El martes empecé a comer. Me preparé arroz según la receta que yo mismo creé hace algo menos de un año y que tanto dio que hablar, y lo acompañé con unas manzanas, unos plátanos, y con un poquito de zanahoria rallada, que no estoy yo muy seguro de que eso ayude a evitar que uno se vaya por la patilla, pero he pensado que cualquier alimento con forma de corcho sirve, y en esas estoy.
Hoy había quedado con Dwalks y Elliot para ir corriendo nada más salir del trabajo a casa de este último para ver el fútbol. Yo me he llevado mi ensalada de arroz con jamón, pavo y zanahoria, y ellos se han sacado unas aceitunas con anchoas, un plato con dos tipos de queso, unas patatas fritas, 4 cervezas y una pizza picante. Me he sentido muy idiota, ayudado por los comentarios "Mmmmmm, qué rico. Jamás había probado una cerveza tan rica. Qué bien van con estas aceitunas de Jabugo", que lanzaban al aire. Yo me hacía el sordo hasta que me han dicho que parecía un subnormal, y es que nunca se me han dado bien las imitaciones.
Con esa frustración he ido esta noche a casa de mis sobrinos a celebrar el cumpleaños de Puñetón y me he puesto ciego a jamón, paté, queso y tarta. Mañana os cuento.
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Yendo hacia atrás como en las películas, recuerdo que el sábado quedé con el Pelusa para ir a su casa a echarnos una Play a un juego hiperviolento de pegar palizas a la gente, después veríamos el debut de Argentina en el Mundial, y por último saldríamos a tomar unas copas. El plan estaba claro, los componentes también, y faltaban las viandas, que en realidad iban a ser el problema.
Ya he contado que el Pelusa, antes conocido por otro nombre, es un tipo al que no le gustan los vegetales y sólo come carne. Un amigo que vive solo con su gata y a quien el repartidor de Telepizza habla por su nombre de pila. Un personaje al que definen tres sentencias: "Estáis un escalón evolutivo por debajo de mí"; "Yo no como flores"; y "Si alguna vez me suicido, será con pisto".
- El sábado su nevera era esto:
6 botes de Mahou 5 estrellas, 1 lata de paté La Piara tapa negra, un paquete de unas 117 salchichas enanas con E. Coli, y dos cajones vacíos de fruta. En la puerta de la nevera había tres botes más de medio litro de cerveza, un frasco con mermelada y unos quesitos de la Vaca que Ríe.
Al final seguimos el plan con ese avituallamiento, y no digo ni que sí ni que no, solo digo que yo llegué a mi casa sujetándome la tripa a la vez que, muy ridículo, caminaba por el pasillo como los pingüinos porque llevaba los pantalones por los tobillos.
El domingo no me atreví a salir de casa porque pensé que un radio de más de 200 metros alejado de la Fábrica de Chocolate sería demasiado lejos y los umpa lumpas tendrían la fiesta en mis pantalones. Al menos me entretuvo la maratón teledeportiva.
El lunes fui al médico y me compré 4 litros de Aquarius, dos de ellos del sabor "Versión 3", que es más o menos como beberte una Coca Cola sin gas, que no merece mucho la pena. El sabor "Versión 3" parece más acertado que el sabor "Cola", que se presta mucho más al cachondeo con comentarios como "¿Ves cariño como no sabe tan mal? Si cuando los de la Coca Cola han sacado un refresco con el mismo sabor..." Vosotros me entendéis, que hay gente pa tó.
El martes empecé a comer. Me preparé arroz según la receta que yo mismo creé hace algo menos de un año y que tanto dio que hablar, y lo acompañé con unas manzanas, unos plátanos, y con un poquito de zanahoria rallada, que no estoy yo muy seguro de que eso ayude a evitar que uno se vaya por la patilla, pero he pensado que cualquier alimento con forma de corcho sirve, y en esas estoy.
Hoy había quedado con Dwalks y Elliot para ir corriendo nada más salir del trabajo a casa de este último para ver el fútbol. Yo me he llevado mi ensalada de arroz con jamón, pavo y zanahoria, y ellos se han sacado unas aceitunas con anchoas, un plato con dos tipos de queso, unas patatas fritas, 4 cervezas y una pizza picante. Me he sentido muy idiota, ayudado por los comentarios "Mmmmmm, qué rico. Jamás había probado una cerveza tan rica. Qué bien van con estas aceitunas de Jabugo", que lanzaban al aire. Yo me hacía el sordo hasta que me han dicho que parecía un subnormal, y es que nunca se me han dado bien las imitaciones.
Con esa frustración he ido esta noche a casa de mis sobrinos a celebrar el cumpleaños de Puñetón y me he puesto ciego a jamón, paté, queso y tarta. Mañana os cuento.
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Sunday, June 11
Resumen de la semana
- El lunes aterricé en la oficina con algo de jet lag y poquitas ganas de trabajar. Me tomé un café con Dwalks y le conté las cosas del viaje que no se pueden contar en un blog, y otras cosas del trabajo que son tan aburridas que no interesan a nadie, ni siquiera a él, pero que como es mi amigo se las tiene que tragar.
- El martes me pasé a saludar a una reunión que se celebraba en la oficina y que trataba del mismo proyecto con el que viajé a El Salvador. Resulta que tienen programado otro viaje a Colombia al que no creo que vaya, y otro a Tanzania al que me gustaría ir. Todavía no sé nada, pero espero que al final me digan una semana antes: "Oye Would, prepara unas diapositivas en inglés y vacúnate de la fiebre amarilla que te vas a Tanzania". Ojalá.
- El miércoles había quedado con unos amigos a tomar unas cervezas por la noche, pero llegué a mi casa muy cansado e hice pereza. Nada reseñable, la verdad, un día gris.
- El jueves tuve una reunión por la mañana, y a pesar de los casi 30 ºC que azotaban Madrid, al terminar fui a comer un cocido a La Bola. No había ido nunca, pero siempre que pasaba por delante me había dado envidia ver a los japos entrando guía turística en mano. El sitio está bien puesto, al lado del Teatro Real, y el cocido está muy sabroso. Además que te lo sirvan desde un puchero de barro le da mucho encanto. Hay que ir.
Por la noche había quedado con los compañeros de uno de los equipos de fútbol para cenar muy cerquita, en una Vaquita Argentina que hay en la plaza de Ópera. Como me había dado tiempo a hacer la digestión, me puse nuevamente hasta arriba, acompañando el lomo bajo con un vino argentino que también estaba muy bueno.
Después de cenar fuimos a tomar unas copas. De camino nos encontramos a una chica canadiense que había venido sola a España, a la que invitamos a unirse a nosotros y que acabó pagándonos las rondas a pesar de nuestra resistencia.
- Habiendo dormido 3 horas, el viernes me levanté a las 7 y media para coger el AVE y marcharme a Sevilla. Fui en preferente que si bien es cierto que se va comodísimo, también es cierto que tanto zumo, toallita, desayuno, repetición, prensa, revista y venta a bordo, acaban agobiando. Cuando llegué, me enteré de que tenía que hacer una presentación en inglés y sin diapositivas, una putada. Al final salió todo bien con algunos sudorcillos de más.
A la vuelta decidí desquitarme y aprovechar las comodidades del AVE para agarrarme una castaña. De aperitivo me tomé un Pedro Ximénez, luego una cerveza y rematé con 2 Sapphire con tónica. Llegué con tanto sueño a casa que nada más entrar me eché en la cama.
- El sábado me levanté otra vez a las 7 y media porque tenía que hacer un trabajo remunerado para un amigo. Trabajo que me sirvió para sacarme un piquito más de los 120 EUR que tengo que pagar por la reparación del coche a pesar de tener el seguro a todo riesgo, y para conocer a una rubia con un deportivo descapotable rojo, algo de lo que soy consciente que provoca envidias.
- Y el domingo, todo el día suelto. Demasiado suelto diría yo...
- El martes me pasé a saludar a una reunión que se celebraba en la oficina y que trataba del mismo proyecto con el que viajé a El Salvador. Resulta que tienen programado otro viaje a Colombia al que no creo que vaya, y otro a Tanzania al que me gustaría ir. Todavía no sé nada, pero espero que al final me digan una semana antes: "Oye Would, prepara unas diapositivas en inglés y vacúnate de la fiebre amarilla que te vas a Tanzania". Ojalá.
- El miércoles había quedado con unos amigos a tomar unas cervezas por la noche, pero llegué a mi casa muy cansado e hice pereza. Nada reseñable, la verdad, un día gris.
- El jueves tuve una reunión por la mañana, y a pesar de los casi 30 ºC que azotaban Madrid, al terminar fui a comer un cocido a La Bola. No había ido nunca, pero siempre que pasaba por delante me había dado envidia ver a los japos entrando guía turística en mano. El sitio está bien puesto, al lado del Teatro Real, y el cocido está muy sabroso. Además que te lo sirvan desde un puchero de barro le da mucho encanto. Hay que ir.
Por la noche había quedado con los compañeros de uno de los equipos de fútbol para cenar muy cerquita, en una Vaquita Argentina que hay en la plaza de Ópera. Como me había dado tiempo a hacer la digestión, me puse nuevamente hasta arriba, acompañando el lomo bajo con un vino argentino que también estaba muy bueno.
Después de cenar fuimos a tomar unas copas. De camino nos encontramos a una chica canadiense que había venido sola a España, a la que invitamos a unirse a nosotros y que acabó pagándonos las rondas a pesar de nuestra resistencia.
- Habiendo dormido 3 horas, el viernes me levanté a las 7 y media para coger el AVE y marcharme a Sevilla. Fui en preferente que si bien es cierto que se va comodísimo, también es cierto que tanto zumo, toallita, desayuno, repetición, prensa, revista y venta a bordo, acaban agobiando. Cuando llegué, me enteré de que tenía que hacer una presentación en inglés y sin diapositivas, una putada. Al final salió todo bien con algunos sudorcillos de más.
A la vuelta decidí desquitarme y aprovechar las comodidades del AVE para agarrarme una castaña. De aperitivo me tomé un Pedro Ximénez, luego una cerveza y rematé con 2 Sapphire con tónica. Llegué con tanto sueño a casa que nada más entrar me eché en la cama.
- El sábado me levanté otra vez a las 7 y media porque tenía que hacer un trabajo remunerado para un amigo. Trabajo que me sirvió para sacarme un piquito más de los 120 EUR que tengo que pagar por la reparación del coche a pesar de tener el seguro a todo riesgo, y para conocer a una rubia con un deportivo descapotable rojo, algo de lo que soy consciente que provoca envidias.
- Y el domingo, todo el día suelto. Demasiado suelto diría yo...
Sunday, June 4
El Salvador - Día 3,1415... o "¡Arriba el egómetro!"
¡Hola amigos! Para terminar la crónica salvadoreña me pareció apropiado salir a recibiros con la flor. ¡Adelante, adelante...!
Bueno, como sabéis yo fui a El Salvador a poner cafés, que es a lo que me dedico. Como también sabéis el café de Centro y Sudamérica tiene fama de ser muy bueno, no por nada se reunieron allí unos 80 representantes de los poderes públicos para admirarse con mi pulso, más conocido como "ni una gota en el plato".
Fueron de casi todos los países excepto de Cuba, que dijeron que ellos no aceptaban invitaciones. Ole por la asertividad de los cubanos.
El primer día, en la recepción de participantes, ligué con una chilena. Me bastó meter los dedos en la copa de vino para quitar un pelo que se había colado para que cayese rendida a mis encantos. Se acercó y empezó a hablarme tocándose el pelo, ladeando la cabeza, riéndome con salero todas las gracias, y a tocarme el brazo. Por supuesto que lo primero que le dije fue que tengo novia y luego ya, que tenía mogollón de enfermedades contagiosas, pero no se dio por aludida. Al final hice fuga sin tocata. ¡¡Tintintín!! 2 grados arriba el egómetro.
Al día siguiente en el turno de preguntas, al finalizar una charla para explicarles unos cuantos secretillos, una señora muy graciosa levantó la mano para preguntar "A ese chico tan guapo que ha hecho la presentación. Que mira que me ha tocado esta tarde el chico guapo, ¿eh?" ¡¡Tintintín!! 4 grados arriba el egómetro. Yo traté de capear como buenamente pude, pero he de reconocer que la jodía me sacó los colores.
El resto de las jornadas fueron más de lo mismo. Bueno, al menos eso es lo que me habría gustado a mí, pero no. Además, el sitio donde se celebraba el taller era un sitio horrible.
- ¿Os imagináis lo que tiene que ser desayunar aquí todos los días una tortilla con "de todo mucho" y unos zumos de sandía, mango, piña o lo que quisieseis? Buf... ¡qué estrés! El último día traté de aprovechar mi mojo con unas chicas que se pasaron por el gimnasio del hotel, pero lo único que conseguí fue no poder estirar los brazos en los tres días siguientes por las agujetas.
La vuelta en lugar de hacerla por Guatemala, por donde había ido, la hice por Miami. Así que si huellas dactilares izquierdas y derechas, que si globo ocular, que si descalzarte, que si sacar el portátil de la maleta. ¡Y yo porque soy muy dócil, pero hubo un tío que montó un pollo enorme cuando lo de la exploración rectal!
Al final conseguí escaparme y salir un poco a la calle antes de que saliese el avión para Madrid.
- Aquí estoy yo haciéndome una foto con una moto de la policía. ¡Y sí, ése soy yo! No iba a enseñar la cara de los demás sin hacer lo propio con la mía, ¿no? En el avión de vuelta fui mejor persona y no tiré fotos. Volé con María Teresa, una mujer cubana de 75 años que vino a España hacía casi 50. Estuvo viviendo cerca de 5 años en Santander, en una colonia de unos 30 cubanos, hasta que aquello se volvió insostenible y se vino a Madrid, ciudad de la que guarda muy buen recuerdo. Más tarde, hace unos 35 fue a vivir a Nueva York, donde estuvo trabajando hasta hace 12, cuando se mudó a Miami.
Ahora ya está jubilada y vive feliz la vida aunque se haya quedado viuda. En estos momentos debe estar en Israel, "Tierra Santa" como ella la llamaba, con un grupo de otros 70 miembros de la congregación religiosa a la que pertenece y que iban todos identificados con unos divertidos collares hawaianos. Un cielo de mujer, vaya.
¡Y por último el loroco!
- Le he tenido que dar algo de vidilla a la foto, que estaba hecha muy científicamente sobre un folio blanco y era un horror.
Tiene un sabor muy rico, alcaparrado, encebolletado... No sé, hay que probarlo, pero apuesto mi editor de fotos a que combina perfecto con cualquier salsa para carnes. Dentro de poco podréis pedirlo en vuestro puesto del mercado, estáis avisados.
Bueno, como sabéis yo fui a El Salvador a poner cafés, que es a lo que me dedico. Como también sabéis el café de Centro y Sudamérica tiene fama de ser muy bueno, no por nada se reunieron allí unos 80 representantes de los poderes públicos para admirarse con mi pulso, más conocido como "ni una gota en el plato".
Fueron de casi todos los países excepto de Cuba, que dijeron que ellos no aceptaban invitaciones. Ole por la asertividad de los cubanos.
El primer día, en la recepción de participantes, ligué con una chilena. Me bastó meter los dedos en la copa de vino para quitar un pelo que se había colado para que cayese rendida a mis encantos. Se acercó y empezó a hablarme tocándose el pelo, ladeando la cabeza, riéndome con salero todas las gracias, y a tocarme el brazo. Por supuesto que lo primero que le dije fue que tengo novia y luego ya, que tenía mogollón de enfermedades contagiosas, pero no se dio por aludida. Al final hice fuga sin tocata. ¡¡Tintintín!! 2 grados arriba el egómetro.
Al día siguiente en el turno de preguntas, al finalizar una charla para explicarles unos cuantos secretillos, una señora muy graciosa levantó la mano para preguntar "A ese chico tan guapo que ha hecho la presentación. Que mira que me ha tocado esta tarde el chico guapo, ¿eh?" ¡¡Tintintín!! 4 grados arriba el egómetro. Yo traté de capear como buenamente pude, pero he de reconocer que la jodía me sacó los colores.
El resto de las jornadas fueron más de lo mismo. Bueno, al menos eso es lo que me habría gustado a mí, pero no. Además, el sitio donde se celebraba el taller era un sitio horrible.
- ¿Os imagináis lo que tiene que ser desayunar aquí todos los días una tortilla con "de todo mucho" y unos zumos de sandía, mango, piña o lo que quisieseis? Buf... ¡qué estrés! El último día traté de aprovechar mi mojo con unas chicas que se pasaron por el gimnasio del hotel, pero lo único que conseguí fue no poder estirar los brazos en los tres días siguientes por las agujetas.
La vuelta en lugar de hacerla por Guatemala, por donde había ido, la hice por Miami. Así que si huellas dactilares izquierdas y derechas, que si globo ocular, que si descalzarte, que si sacar el portátil de la maleta. ¡Y yo porque soy muy dócil, pero hubo un tío que montó un pollo enorme cuando lo de la exploración rectal!
Al final conseguí escaparme y salir un poco a la calle antes de que saliese el avión para Madrid.
- Aquí estoy yo haciéndome una foto con una moto de la policía. ¡Y sí, ése soy yo! No iba a enseñar la cara de los demás sin hacer lo propio con la mía, ¿no? En el avión de vuelta fui mejor persona y no tiré fotos. Volé con María Teresa, una mujer cubana de 75 años que vino a España hacía casi 50. Estuvo viviendo cerca de 5 años en Santander, en una colonia de unos 30 cubanos, hasta que aquello se volvió insostenible y se vino a Madrid, ciudad de la que guarda muy buen recuerdo. Más tarde, hace unos 35 fue a vivir a Nueva York, donde estuvo trabajando hasta hace 12, cuando se mudó a Miami.
Ahora ya está jubilada y vive feliz la vida aunque se haya quedado viuda. En estos momentos debe estar en Israel, "Tierra Santa" como ella la llamaba, con un grupo de otros 70 miembros de la congregación religiosa a la que pertenece y que iban todos identificados con unos divertidos collares hawaianos. Un cielo de mujer, vaya.
¡Y por último el loroco!
- Le he tenido que dar algo de vidilla a la foto, que estaba hecha muy científicamente sobre un folio blanco y era un horror.

Tiene un sabor muy rico, alcaparrado, encebolletado... No sé, hay que probarlo, pero apuesto mi editor de fotos a que combina perfecto con cualquier salsa para carnes. Dentro de poco podréis pedirlo en vuestro puesto del mercado, estáis avisados.
Thursday, June 1
El Salvador - Día 2
La diferencia horaria entre El Salvador y España es de 8 horas y como evidentemente el primer día no me había acostumbrado a ella a pesar de haber llegado hecho polvo el sábado por la tarde, el domingo estaba en pie a las 5 de la mañana. Aproveché el madrugón para deshacer la maleta y planchar la ropa mientras veía la victoria de Alonso en Mónaco.
- Aquí tenéis la prueba de que además de secar la ropa en el horno también sé planchar, que últimamente he dejado de recibir mails de admiradoras y eso me tiene muy preocupado. Por otra parte, además de que la foto es buenísima como todas las que yo hago, también es muy representativa porque es de Fernando Alonso tomando la curva más característica del trazado monegasco.
A las 9 de la mañana habíamos quedado con un guía nativo para hacer una ruta por lo más bonito del país que diese tiempo de visitar en una mañana.
Lo primero que hicimos después de dar una vuelta por un centro comercial fue ir a ver las ruinas de un pueblo maya que fue enterrado por las cenizas de un volcán hace 1.400 años y que ahora es Patrimonio de la Humanidad.
- Esto es una especie de sauna dentro de ese poblado y que utilizaban para purificarse antes de sacarle del pecho el corazón latiente a la gente. Que limpios eran, pero cabrones también un rato.
A continuación fuimos a otro lugar en el que había un museo con exposición de hallazgos de la civilización maya en el entorno de un conjunto de templos.
- Esta es una vista trasera de la explanada con los templos. Es más bonita que la explanda en sí porque la otra parte está en obras y llena de plásticos y hierros que le dan un aspecto muy madrileño.
- Este es el grupo que fuimos de excursión. Los he amariquitado más por la SGAE que por la LOPD. Espero que os guste.
Algo que me sorprendió mucho fue ver que la gente utilizaba como medio de desplazamiento las rancheras particulares. Que yo no sé cuántos accidentes habrá en esas carreteras, pero en el caso de haya alguno tiene que ser una auténtica tragedia.
- Mirad, mirad... (No había flores para todos estos)
Por la tarde comimos algo típico del país, que es todo hecho con maíz fresco, harina de maíz o agua de maíz. También hay mucha yuca: yuca fresca, yuca en buñuelos, rebozada y yuca como patata frita, que es endemoniadamente dura e insípida.
Lo más típico de El Salvador son las pupusas, que son unas tortas hechas con de masa de maíz, cómo no, y que van rellenas de frijoles, queso, pollo o queso con loroco, que es una hortaliza de la que hice una foto porque no existe en España y ya sabéis que yo soy muy botánico. Si queréis verla no hay más que pedirlo.
También comimos ceviche, que es pescado y marisco cocinado con limón. Y enchilada, que es otra torta de maíz, esta vez crujiente, sobre la que se pone pollo muy muy picado y alguna verdura. El conjunto está bastante rico, la verdad, y es de lo mejor que tienen en la cocina.
De postre plátano frito, que no falta en ninguna de las comidas del día, dulce de leche y ¡torrijas!
En resumen la comida no está mal. Son mejores los postres que los platos principales y en general es todo bastante seguro: De siete que fuimos solo uno se tiró todo el día siguiente vomitando.
Gracias a Tiri por las flores y al Hijo de Puta por la canción.
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- Aquí tenéis la prueba de que además de secar la ropa en el horno también sé planchar, que últimamente he dejado de recibir mails de admiradoras y eso me tiene muy preocupado. Por otra parte, además de que la foto es buenísima como todas las que yo hago, también es muy representativa porque es de Fernando Alonso tomando la curva más característica del trazado monegasco.
A las 9 de la mañana habíamos quedado con un guía nativo para hacer una ruta por lo más bonito del país que diese tiempo de visitar en una mañana.
Lo primero que hicimos después de dar una vuelta por un centro comercial fue ir a ver las ruinas de un pueblo maya que fue enterrado por las cenizas de un volcán hace 1.400 años y que ahora es Patrimonio de la Humanidad.
- Esto es una especie de sauna dentro de ese poblado y que utilizaban para purificarse antes de sacarle del pecho el corazón latiente a la gente. Que limpios eran, pero cabrones también un rato.
A continuación fuimos a otro lugar en el que había un museo con exposición de hallazgos de la civilización maya en el entorno de un conjunto de templos.
- Esta es una vista trasera de la explanada con los templos. Es más bonita que la explanda en sí porque la otra parte está en obras y llena de plásticos y hierros que le dan un aspecto muy madrileño.
- Este es el grupo que fuimos de excursión. Los he amariquitado más por la SGAE que por la LOPD. Espero que os guste.
Algo que me sorprendió mucho fue ver que la gente utilizaba como medio de desplazamiento las rancheras particulares. Que yo no sé cuántos accidentes habrá en esas carreteras, pero en el caso de haya alguno tiene que ser una auténtica tragedia.
- Mirad, mirad... (No había flores para todos estos)
Por la tarde comimos algo típico del país, que es todo hecho con maíz fresco, harina de maíz o agua de maíz. También hay mucha yuca: yuca fresca, yuca en buñuelos, rebozada y yuca como patata frita, que es endemoniadamente dura e insípida.
Lo más típico de El Salvador son las pupusas, que son unas tortas hechas con de masa de maíz, cómo no, y que van rellenas de frijoles, queso, pollo o queso con loroco, que es una hortaliza de la que hice una foto porque no existe en España y ya sabéis que yo soy muy botánico. Si queréis verla no hay más que pedirlo.
También comimos ceviche, que es pescado y marisco cocinado con limón. Y enchilada, que es otra torta de maíz, esta vez crujiente, sobre la que se pone pollo muy muy picado y alguna verdura. El conjunto está bastante rico, la verdad, y es de lo mejor que tienen en la cocina.
De postre plátano frito, que no falta en ninguna de las comidas del día, dulce de leche y ¡torrijas!
En resumen la comida no está mal. Son mejores los postres que los platos principales y en general es todo bastante seguro: De siete que fuimos solo uno se tiró todo el día siguiente vomitando.
Gracias a Tiri por las flores y al Hijo de Puta por la canción.
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Monday, May 29
El Salvador - Primero hay que llegar, que no es fácil
Después del último post habréis supuesto que tenía la casa hecha un asco antes de venir a El Salvador y habréis hecho bien porque era cierto. Pues todo aquello había que recogerlo y además poner alpiste al pájaro y meter la tortuga en agua, que yo soy muy mío y de mis animales, así que aunque el avión salía a las 12:30, me levanté a las 08:00 para tener tiempo de hacerlo todo sin estrés y preparar la maleta sin olvidar nada.
Así lo hice y las 11:00 llegué a Barajas -> Terminal T4 -> Satélite -> Puerta R14. Para resumir, a las once y media estaba en a tomar por jebe o el punto más alejado desde el que se puede tomar un avión en Madrid. Embarcamos, despegamos y ya, que no tiene ningún misterio.
Ah, no, que se me olvidaba. Antes de eso me paré en un Starbucks a tomar un Banana Mocca, que es un café con sabor a plátano que cubren con nata montada y que como pagaba la empresa me permití el lujo de pedir. Dios, que vio aquello, me castigó por chulo y por caprichoso poniéndome una nata agria que me estuvo removiendo la tripa las primeras 5 horas de viaje. Esto acabó siendo una molestia no sólo para mí, sino también para mi compañero de asiento y para aquél otro hombre que no paraba de decir "¡Pero madre mía!"
A las 8 horas de viaje, después de haber dormido, leído y visto una peli de Tia Leoni, que es guapísima, con Jim Carrey, que es un payaso, empecé a aburrirme y a observar al resto del pasaje. Aquí ellos:
- Esta es una señora que en una hora se maquilló tres veces y se colocó el pelo no menos de 20. Cuando acabó no sabía si era ella misma o Charlie Rivel. Y menos mal que no le dio por depilarse las cejas porque habría llegado calva a Guatemala. Pues eso, ella o "Estás muy nerviosa, mujer".
- Este señor subió borracho al avión y así se mantuvo durante unas 10 horas a base de darse paseos al bar. Un campeón. Llevaba una camiseta de Ronaldinho fumando un porro y un pantalón de chándal con las letras E S P A Ñ A cada una del tamaño de mi cabeza, que no está nada mal. Sale un poco borroso porque me acojoné con la cazada que me hizo. "¡Buenas tardes, oiga!"
Para llegar a El Salvador tenía que hacer escala en Guatemala. Esto es Guatemala. Resulta que tiene el aeropuerto en plena ciudad y la verdad es me asustó un poco al ver las casas tan cerca y pasando tan deprisa:
En las tres horas que estuvimos esperando allí me hice amigo de una señora mayor que volvía a El Salvador después de visitar a su hijo, que se había casado con una chica muy buena y muy servicial que era de Guatemala. Me enseñó una foto de los dos y eran bastante feos, pero eso no se lo dije porque se la veía muy orgullosa.
La venganza llegó después, cuando subidos de nuevo en el avión me di cuenta de que la señora se había sentado en el asiento detrás del mío y me había colocado entre los pies un pollo asado que había comprado como souvenir. Cuando bajé del avión me sentía el Coronel.
En el aeropuerto había un tipo con mi nombre escrito en un cartel, y eso es verdad que hincha mucho el ego, pero estaba tan cansado que había fuga de ego por las costuras y allí no se hinchó nada. Hice otros 40 kilómetros más en coche y llegué al hotel a eso de las 21:00, las 05:00 en España, con lo que por primera vez en mi vida después de terminar la Universidad, casi hago 24 horas despierto sin ayuda de un gintonic.
Así lo hice y las 11:00 llegué a Barajas -> Terminal T4 -> Satélite -> Puerta R14. Para resumir, a las once y media estaba en a tomar por jebe o el punto más alejado desde el que se puede tomar un avión en Madrid. Embarcamos, despegamos y ya, que no tiene ningún misterio.
Ah, no, que se me olvidaba. Antes de eso me paré en un Starbucks a tomar un Banana Mocca, que es un café con sabor a plátano que cubren con nata montada y que como pagaba la empresa me permití el lujo de pedir. Dios, que vio aquello, me castigó por chulo y por caprichoso poniéndome una nata agria que me estuvo removiendo la tripa las primeras 5 horas de viaje. Esto acabó siendo una molestia no sólo para mí, sino también para mi compañero de asiento y para aquél otro hombre que no paraba de decir "¡Pero madre mía!"
A las 8 horas de viaje, después de haber dormido, leído y visto una peli de Tia Leoni, que es guapísima, con Jim Carrey, que es un payaso, empecé a aburrirme y a observar al resto del pasaje. Aquí ellos:
- Esta es una señora que en una hora se maquilló tres veces y se colocó el pelo no menos de 20. Cuando acabó no sabía si era ella misma o Charlie Rivel. Y menos mal que no le dio por depilarse las cejas porque habría llegado calva a Guatemala. Pues eso, ella o "Estás muy nerviosa, mujer".
- Este señor subió borracho al avión y así se mantuvo durante unas 10 horas a base de darse paseos al bar. Un campeón. Llevaba una camiseta de Ronaldinho fumando un porro y un pantalón de chándal con las letras E S P A Ñ A cada una del tamaño de mi cabeza, que no está nada mal. Sale un poco borroso porque me acojoné con la cazada que me hizo. "¡Buenas tardes, oiga!"
Para llegar a El Salvador tenía que hacer escala en Guatemala. Esto es Guatemala. Resulta que tiene el aeropuerto en plena ciudad y la verdad es me asustó un poco al ver las casas tan cerca y pasando tan deprisa:
En las tres horas que estuvimos esperando allí me hice amigo de una señora mayor que volvía a El Salvador después de visitar a su hijo, que se había casado con una chica muy buena y muy servicial que era de Guatemala. Me enseñó una foto de los dos y eran bastante feos, pero eso no se lo dije porque se la veía muy orgullosa.
La venganza llegó después, cuando subidos de nuevo en el avión me di cuenta de que la señora se había sentado en el asiento detrás del mío y me había colocado entre los pies un pollo asado que había comprado como souvenir. Cuando bajé del avión me sentía el Coronel.
En el aeropuerto había un tipo con mi nombre escrito en un cartel, y eso es verdad que hincha mucho el ego, pero estaba tan cansado que había fuga de ego por las costuras y allí no se hinchó nada. Hice otros 40 kilómetros más en coche y llegué al hotel a eso de las 21:00, las 05:00 en España, con lo que por primera vez en mi vida después de terminar la Universidad, casi hago 24 horas despierto sin ayuda de un gintonic.
Friday, May 26
Aún no estoy listo
Definitivamente no estoy preparado para la independencia. Para la vida en pareja con alguien que me lo haga todo quizás sí, pero desde luego no para vivir yo solo. Verbigracia:
Ayer después de salir del trabajo me tomé una caña con Dwalks, que se puso muy pesado queriendo pagar y yo no quise discutir, que me salen arrugas. Al llegar a casa conecté el ordenador para descargar las bandas sonoras de un par de películas de Walter Hill que esta noche serán homenajeadas en casa de Milio, y también la de Operación Dragón, que recuerdo que cuando la vi hace unos años me pareció la mar de graciosa para bailar con peluca de negrata, gafotas de sol y zapatos de plataforma.
Como me estaba entrando hambre, fui a la cocina a calentarme un poco de tortilla de patata de esa que venden para vagos y que yo, aunque no lo sea, también la compro. Y en eso estaba cuando me he acordado de que la ropa que tenía que utilizar para el partido de las 23:00 era la misma que la del lunes, y que desde entonces estaba esperando en la lavadora que alguien le echase jabón y pusiese el programa 2 a temperatura templada.
Cuando he sacado la ropa y he acercado la nariz a la camiseta, he comprobado que ese olor no se iba ni haciendo barrillo con colonia barata, así que he ido al baño a poner agua caliente en el lavabo, remojar la camiseta y el pantalón y echar unos polvos de Wipp Express. Un buen par de puñados sobre los que el chorro de agua caliente iba haciendo espumita. Mira qué es gracioso cómo sube, oye.
Entretanto, el microondas no paraba de dar vueltas con la tortilla dentro y estaba empezando a churruspear por esa manía que tengo de poner todo 3 minutos, ya sea la leche, la sopa, el filete o el gato (ojo, explotan).
Fui corriendo a sacar lo que debía ser mi cena y la salvé, aunque esas tortillas son un tanto de escayola y creo que podría haber aguantado otros 3 minutos fácil. Sin embargo al volver al baño me encuentro que lo mismo que me pasó con el arroz me había pasado con la ropa. Había tanta agua desbordada y tanta espuma que me dieron ganas de echar unas sales de baño y tumbarme en el suelo.
Después de recogerlo todo con la fregona había que poner en práctica la segunda parte del plan, el secado de la ropa en 30 minutos. Y os preguntaréis ¿y cómo se hace? Bien, pues para eso he preparado la siguiente guía:
1º- Se coge la ropa y se retuerce. Se retuerce mucho y con todas las fuerzas. No, no me pongáis esa cara de estreñidos. No hay que poner cara de estreñido, que salen arrugas igual que si discutís con Dwalks.
2º- Sin estirar la ropa se va uno a la bañera y le suelta cuatro mangurriadas con lo que se tiene entre manos. Pim, pam, pum. Cuidado con romper la maceta con la planta de plástico que tenéis encima del mueble del baño.
3º- Coge el secador y enchúfalo directamente sobre la ropa. Pégalo para que seque antes, pero si se te cansa el brazo colócalo de manera que puedas descansar mientras él trabaja. Así:
4º- Cuando te hayas aburrido de ver que eso no se seca ni que le eches 8 kilos de sal, es momento de pensar otras soluciones de emergencia. ¿Se te había ocurrido el horno? Enhorabuena.
Coloca dos bandejas a distintas alturas, una para el pantalón y otra para la camiseta, y comprueba el material del tejido, no sea que encoja. Ojo: procura que el cordón del pantalón no cuelgue porque como se pegue a la parte de abajo, al final vas a tener que recurrir al cuchillo, que con el Forza no sale.
Colócalo así:
5º- Cierras la puerta del horno, y lo pones 15 minutos a 220ºC, como las pizzas. No se te ocurra poner el grill, que la camiseta no tiene que quedar crunchy porque luego rasca y se te irritan los pezones.
6º- Acércate de vez en cuando a ver cómo va la cosa: si eso evapora correctamente, si combustiona, etc.
Parece que la cosa va bien, ¿no? Pues hala, a esperar.
7º- Tómate una Voll Damm o fúmate un pitillo, lo que te de más rabia o placer. Yo me voy a por una cerveza.
8º- Prepárate para sacarlo del horno. Acuérdate de aquella vez que te quemaste sacando el cordero de Navidad y acabaste tirándolo al suelo. Coge unas manoplas como estas y adelante con las bandejas:
9º- Coge la ropa con unas pinzas y menéala al viento. Deja que se enfríe un poco antes de ponértela encima, no te vayas a serigrafiar la piel con el escudo del equipo.
10º- Ya está. Friega la bandeja, coloca todo de nuevo dentro del horno y no le digas nada de esto a mamá.
Ayer después de salir del trabajo me tomé una caña con Dwalks, que se puso muy pesado queriendo pagar y yo no quise discutir, que me salen arrugas. Al llegar a casa conecté el ordenador para descargar las bandas sonoras de un par de películas de Walter Hill que esta noche serán homenajeadas en casa de Milio, y también la de Operación Dragón, que recuerdo que cuando la vi hace unos años me pareció la mar de graciosa para bailar con peluca de negrata, gafotas de sol y zapatos de plataforma.
Como me estaba entrando hambre, fui a la cocina a calentarme un poco de tortilla de patata de esa que venden para vagos y que yo, aunque no lo sea, también la compro. Y en eso estaba cuando me he acordado de que la ropa que tenía que utilizar para el partido de las 23:00 era la misma que la del lunes, y que desde entonces estaba esperando en la lavadora que alguien le echase jabón y pusiese el programa 2 a temperatura templada.
Cuando he sacado la ropa y he acercado la nariz a la camiseta, he comprobado que ese olor no se iba ni haciendo barrillo con colonia barata, así que he ido al baño a poner agua caliente en el lavabo, remojar la camiseta y el pantalón y echar unos polvos de Wipp Express. Un buen par de puñados sobre los que el chorro de agua caliente iba haciendo espumita. Mira qué es gracioso cómo sube, oye.
Entretanto, el microondas no paraba de dar vueltas con la tortilla dentro y estaba empezando a churruspear por esa manía que tengo de poner todo 3 minutos, ya sea la leche, la sopa, el filete o el gato (ojo, explotan).
Fui corriendo a sacar lo que debía ser mi cena y la salvé, aunque esas tortillas son un tanto de escayola y creo que podría haber aguantado otros 3 minutos fácil. Sin embargo al volver al baño me encuentro que lo mismo que me pasó con el arroz me había pasado con la ropa. Había tanta agua desbordada y tanta espuma que me dieron ganas de echar unas sales de baño y tumbarme en el suelo.
Después de recogerlo todo con la fregona había que poner en práctica la segunda parte del plan, el secado de la ropa en 30 minutos. Y os preguntaréis ¿y cómo se hace? Bien, pues para eso he preparado la siguiente guía:
1º- Se coge la ropa y se retuerce. Se retuerce mucho y con todas las fuerzas. No, no me pongáis esa cara de estreñidos. No hay que poner cara de estreñido, que salen arrugas igual que si discutís con Dwalks.
2º- Sin estirar la ropa se va uno a la bañera y le suelta cuatro mangurriadas con lo que se tiene entre manos. Pim, pam, pum. Cuidado con romper la maceta con la planta de plástico que tenéis encima del mueble del baño.
3º- Coge el secador y enchúfalo directamente sobre la ropa. Pégalo para que seque antes, pero si se te cansa el brazo colócalo de manera que puedas descansar mientras él trabaja. Así:
4º- Cuando te hayas aburrido de ver que eso no se seca ni que le eches 8 kilos de sal, es momento de pensar otras soluciones de emergencia. ¿Se te había ocurrido el horno? Enhorabuena.
Coloca dos bandejas a distintas alturas, una para el pantalón y otra para la camiseta, y comprueba el material del tejido, no sea que encoja. Ojo: procura que el cordón del pantalón no cuelgue porque como se pegue a la parte de abajo, al final vas a tener que recurrir al cuchillo, que con el Forza no sale.
Colócalo así:
5º- Cierras la puerta del horno, y lo pones 15 minutos a 220ºC, como las pizzas. No se te ocurra poner el grill, que la camiseta no tiene que quedar crunchy porque luego rasca y se te irritan los pezones.
6º- Acércate de vez en cuando a ver cómo va la cosa: si eso evapora correctamente, si combustiona, etc.
Parece que la cosa va bien, ¿no? Pues hala, a esperar.
7º- Tómate una Voll Damm o fúmate un pitillo, lo que te de más rabia o placer. Yo me voy a por una cerveza.
8º- Prepárate para sacarlo del horno. Acuérdate de aquella vez que te quemaste sacando el cordero de Navidad y acabaste tirándolo al suelo. Coge unas manoplas como estas y adelante con las bandejas:
9º- Coge la ropa con unas pinzas y menéala al viento. Deja que se enfríe un poco antes de ponértela encima, no te vayas a serigrafiar la piel con el escudo del equipo.
10º- Ya está. Friega la bandeja, coloca todo de nuevo dentro del horno y no le digas nada de esto a mamá.
Wednesday, May 24
Pre Salvador
Desde hace un par de semanas vengo trabajando esporádicamente sobre un viaje que tengo que hacer a El Salvador, pero entre que estoy hasta arriba con el trabajo habitual y no saco tiempo de mirar nada, y que soy pachorro por naturaleza, no tengo ni idea de nada de lo que puede ser ese viaje.
Para empezar creo que salgo el sábado a las 12 de la mañana, pero aún no tengo los billetes. Sé que voy por Guatemala y vuelvo por Miami, pero poco más. Tampoco tengo hotel reservado y no sé dónde buscarlo, aunque para eso moveré mañana a la agencia de viajes para que trate de colocarme con el resto de la expedición española.
Creo que vuelvo el viernes. Bueno, en realidad salgo el viernes a las 9 de la mañana pero llego aquí el sábado, y es bastante probable que baje del avión sonado como los astronautas después de 3 meses en el espacio y aproveche para agarrarme a alguna azafata con la excusa.
No sé qué ropa llevarme, puesto que acabo de ver que habrá clima tropical con unos 25 a 28 grados y con lluvias, muchas lluvias, que es la época, y como eso en España apenas combina una semana al año, mi armario no está preparado.
Ahora mismo tengo colgadas en mi habitación 8 camisas esperando que se estiren lo suficiente para no tener que plancharlas, y en cuanto termine con esto voy a ver si encuentro las parejas de los calcetines, desechando previamente los que tengan tomate, que a El Salvador voy de domingo.
Al ser este mi primer viaje trans oceánico (soy tan novato que ni siquiera sé si se escribe junto o separado), no sé cómo hacer para llevar los vuelos sin acabar como el de Aterriza como Puedas. Dwalks me ha recomendando la almohada Samsonite y tomar drogas, pero no sé cómo tomármelas. Las recomendaciones digo.
Espero volver sano y salvo, pero en caso contrario ya he dejado instrucciones a Dwalks para que ponga un digno epitafio en este vuestro blog. Un "La verdad sobre Would", "Top ten anécdotas" o algo asín. Snif, se me saltan las lágrimas.
PD: Espero vuestros consejos mientras me preparo también para la fiesta "The Warriors" que hay mañana en casa de Milio. Ya os contaré.
Para empezar creo que salgo el sábado a las 12 de la mañana, pero aún no tengo los billetes. Sé que voy por Guatemala y vuelvo por Miami, pero poco más. Tampoco tengo hotel reservado y no sé dónde buscarlo, aunque para eso moveré mañana a la agencia de viajes para que trate de colocarme con el resto de la expedición española.
Creo que vuelvo el viernes. Bueno, en realidad salgo el viernes a las 9 de la mañana pero llego aquí el sábado, y es bastante probable que baje del avión sonado como los astronautas después de 3 meses en el espacio y aproveche para agarrarme a alguna azafata con la excusa.
No sé qué ropa llevarme, puesto que acabo de ver que habrá clima tropical con unos 25 a 28 grados y con lluvias, muchas lluvias, que es la época, y como eso en España apenas combina una semana al año, mi armario no está preparado.
Ahora mismo tengo colgadas en mi habitación 8 camisas esperando que se estiren lo suficiente para no tener que plancharlas, y en cuanto termine con esto voy a ver si encuentro las parejas de los calcetines, desechando previamente los que tengan tomate, que a El Salvador voy de domingo.
Al ser este mi primer viaje trans oceánico (soy tan novato que ni siquiera sé si se escribe junto o separado), no sé cómo hacer para llevar los vuelos sin acabar como el de Aterriza como Puedas. Dwalks me ha recomendando la almohada Samsonite y tomar drogas, pero no sé cómo tomármelas. Las recomendaciones digo.
Espero volver sano y salvo, pero en caso contrario ya he dejado instrucciones a Dwalks para que ponga un digno epitafio en este vuestro blog. Un "La verdad sobre Would", "Top ten anécdotas" o algo asín. Snif, se me saltan las lágrimas.
PD: Espero vuestros consejos mientras me preparo también para la fiesta "The Warriors" que hay mañana en casa de Milio. Ya os contaré.
il messagero
Desde mediados de la semana pasada me he quedado sin padres porque se han ido a comer cangrejos, centollos, navajas y demás bichos con cáscara a Galicia. Para aquellos que se preocupen les diré que no hay por qué, que les está haciendo muy bueno y ninguno padece de gota.
Ante la soledad del hogar opté por dármelas de independiente, no exactamente de chico Sundance, vamos a ver, sino algo más "me cojo la ropa y me voy a dormir a casa de mi novia la independiente". Claro que visto así lo mío es una mierda de independencia.
En fin, el caso es que porque Berlín vive a 10 minutos andando de mi oficina, y también por lo otro, he estado un par de días durmiendo en su casa. Hasta hoy, que se va de viaje y me he vuelto porque no me apetece quedarme allí solo, que el edificio aún está en obras y todos los días recogemos con mucho asco un par de cadáveres de cucarachas.
Esta mañana me he levantado como un señor feliz a eso de las 8 y cuarto, me he duchado, afeitado, he desayunado sentado un zumo con tostadas y un café, y llegado a la oficina a las 9. Un lujo.
Al llegar allí me dicen que mi director y mi jefe se han ido corriendo a una reunión que tenían en Atocha y que se han dejado una documentación importantísima y que solo alguien de confianza podía llevarles. Así que¡Tatachán! me he envuelto en mi capa y me he subido a un taxi.
En el destino me han cacheado a la entrada y a la salida, y por poco no me dejan abandonar el edifico, que he tenido que subir otra vez cuatro plantas andando porque a alguien se le había olvidado sellarme un puto papel.
Una vez en la calle y aprovechando el día tan bueno que hacía he vuelto desde Atocha a Colón dando un paseo entre las esculturas de Robert Indiana (nombre que no puedo leer sin acordarme de los Hombres G), y también entre orientales con cámaras, mendigos de tabaco y de monedas, y libreros de oportunidades.
Al final del paseo había aprendido dos lecciones muy importantes:
- Una, que mi trabajo vale una mierda porque soy yo y no un mensajero quien tiene que hacer esos recados; y
- Dos, que a los treinta años o me estoy volviendo alérgico o un ciego, mocoso y de cara hinchada, que me ha dado un yuyu verme en el espejo del ascensor que casi me agarro una baja por depresión.
Ante la soledad del hogar opté por dármelas de independiente, no exactamente de chico Sundance, vamos a ver, sino algo más "me cojo la ropa y me voy a dormir a casa de mi novia la independiente". Claro que visto así lo mío es una mierda de independencia.
En fin, el caso es que porque Berlín vive a 10 minutos andando de mi oficina, y también por lo otro, he estado un par de días durmiendo en su casa. Hasta hoy, que se va de viaje y me he vuelto porque no me apetece quedarme allí solo, que el edificio aún está en obras y todos los días recogemos con mucho asco un par de cadáveres de cucarachas.
Esta mañana me he levantado como un señor feliz a eso de las 8 y cuarto, me he duchado, afeitado, he desayunado sentado un zumo con tostadas y un café, y llegado a la oficina a las 9. Un lujo.
Al llegar allí me dicen que mi director y mi jefe se han ido corriendo a una reunión que tenían en Atocha y que se han dejado una documentación importantísima y que solo alguien de confianza podía llevarles. Así que¡Tatachán! me he envuelto en mi capa y me he subido a un taxi.
En el destino me han cacheado a la entrada y a la salida, y por poco no me dejan abandonar el edifico, que he tenido que subir otra vez cuatro plantas andando porque a alguien se le había olvidado sellarme un puto papel.
Una vez en la calle y aprovechando el día tan bueno que hacía he vuelto desde Atocha a Colón dando un paseo entre las esculturas de Robert Indiana (nombre que no puedo leer sin acordarme de los Hombres G), y también entre orientales con cámaras, mendigos de tabaco y de monedas, y libreros de oportunidades.
Al final del paseo había aprendido dos lecciones muy importantes:
- Una, que mi trabajo vale una mierda porque soy yo y no un mensajero quien tiene que hacer esos recados; y
- Dos, que a los treinta años o me estoy volviendo alérgico o un ciego, mocoso y de cara hinchada, que me ha dado un yuyu verme en el espejo del ascensor que casi me agarro una baja por depresión.
Thursday, May 18
La contracrónica
Un 17 de mayo compro una entrada para el concierto de Arctic Monkeys a 30 €. Incialmente valían 19,80 €, pero se pusieron por las nubes seguramente por culpa de Gallardón. Ese mismo día observo con estupor que se revenden a 50 €. Ayer fue el evento.
INTRODUCCIÓN
Las puertas abrían a las 20:00 y a las 19:00 aún estaba en la oficina ganando puntos para empleado subnormal del mes porque yo lo valgo y porque me encanta ver mi foto en recepción. Como no era plan de ir al concierto disfrazado del cantante de los ACDC me fui a cambiar a casa sin tener ni idea de cómo llegaría hasta La Riviera.
Paralelamente, la Mujer Tirita circulaba algo desorientada entre vallas blanquiazules, rojiblancas y amarillolivianas. Vamos, que iba por la M30 hasta que me la encontré y me subí a su coche para guiarla.
Yo, que soy mucho de estadio de fútbol, me había preparado un bocadito y había cogido una cerveza para el descanso, pero fue subir al coche, oír "¿Es para mí? ¡Qué detalle!", y quedárseme cara de tonto y sin merienda.
NUDO
Al entrar yo pregunto dónde se les podrá ver tranquilamente y sin agobios. La mujer Tirita pregunta dónde está la máquina de tabaco y a cuánto son las cervezas.
Se reúne mucha chiquillería, mucho niño pijo (mal), mucha niña pija (bien), y mucho acné así en general.
Los teloneros no estuvieron ni bien ni mal porque directamente no estuvieron, y así, sin aperitivo ni nada, saltaron las estrellas al escenario, aquello se llenó de humo, y los focos empezaron a moverse.
Que yo viese había 4 chavales. De izquierda a derecha estaban el bajo (o Cartman tocando banjo), el batería (un tipo con una gorra amarilla que le desapareció a mitad del concierto), el cantante y guitarrista (muy bien y muy majo todo el tiempo), y otro que también tocaba la guitarra pero que me cogía en la diagonal larga y no veía del todo bien. También vi a otros dos chavales que a los 30 segundos de empezar la primera canción, salieron corriendo desde el fondo del escenario y se tiraron sobre la gente de las primeras filas. Siempre he querido ver cómo la gente hace de Aguas del Mar Muerto y hay piñazo contra el suelo, pero tendré que esperar.
Mucha energía en todos menos en Cartman, que en una canción pareció darle un ataque de asma con el humo y a punto estuvo de morir ahogado. Esto lo sé yo porque sí, porque el tío tuvo la misma cara durante todo el concierto y se movió menos que el bafle que tenía a su izquierda.
Salté, grité, pisé a la gente, me fumé un porro pasivo, absorbí un mini de cerveza por la espalda y sudé como un pollo.
Esta gente es muy buena en sus canciones estrella, que afortunadamente son un buen puñado, pero pierden un poco en las lentas. Sí, son buenos, lo son, y aunque no lo fueran no lo diría por los 30 euros que me gasté en la entrada y porque estoy harto de oír que si hype, que si niños muertos. Hoy molan, ¿y mañana? ME LA PELA MAÑANA.
DESENLACE
Al salir recuperamos líquido tomando otra cerveza, esta vez por la vía habitual, mientras comentábamos el concierto. Volvimos a casa, esta vez por la vía alternativa y en este caso sí tengo la certeza de que la culpa fue de Gallardón, porque sólo por su culpa puede explicarse que para hacer un cambio de sentido en el puente de Segovia pasásemos por delante del zoo, del Parque de Atracciones, de las putas y de un señor con sueño que vivía en Batán.
Llegué a casa, encendí el ordenador y busqué "Arctic Monkeys Madrid". Ayer no, pero hoy ya hay un vídeo grabado casi desde donde estábamos nosotros.
Acabé la noche en la página de Iván y con una sonrisa.
INTRODUCCIÓN
Las puertas abrían a las 20:00 y a las 19:00 aún estaba en la oficina ganando puntos para empleado subnormal del mes porque yo lo valgo y porque me encanta ver mi foto en recepción. Como no era plan de ir al concierto disfrazado del cantante de los ACDC me fui a cambiar a casa sin tener ni idea de cómo llegaría hasta La Riviera.
Paralelamente, la Mujer Tirita circulaba algo desorientada entre vallas blanquiazules, rojiblancas y amarillolivianas. Vamos, que iba por la M30 hasta que me la encontré y me subí a su coche para guiarla.
Yo, que soy mucho de estadio de fútbol, me había preparado un bocadito y había cogido una cerveza para el descanso, pero fue subir al coche, oír "¿Es para mí? ¡Qué detalle!", y quedárseme cara de tonto y sin merienda.
NUDO
Al entrar yo pregunto dónde se les podrá ver tranquilamente y sin agobios. La mujer Tirita pregunta dónde está la máquina de tabaco y a cuánto son las cervezas.
Se reúne mucha chiquillería, mucho niño pijo (mal), mucha niña pija (bien), y mucho acné así en general.
Los teloneros no estuvieron ni bien ni mal porque directamente no estuvieron, y así, sin aperitivo ni nada, saltaron las estrellas al escenario, aquello se llenó de humo, y los focos empezaron a moverse.
Que yo viese había 4 chavales. De izquierda a derecha estaban el bajo (o Cartman tocando banjo), el batería (un tipo con una gorra amarilla que le desapareció a mitad del concierto), el cantante y guitarrista (muy bien y muy majo todo el tiempo), y otro que también tocaba la guitarra pero que me cogía en la diagonal larga y no veía del todo bien. También vi a otros dos chavales que a los 30 segundos de empezar la primera canción, salieron corriendo desde el fondo del escenario y se tiraron sobre la gente de las primeras filas. Siempre he querido ver cómo la gente hace de Aguas del Mar Muerto y hay piñazo contra el suelo, pero tendré que esperar.
Mucha energía en todos menos en Cartman, que en una canción pareció darle un ataque de asma con el humo y a punto estuvo de morir ahogado. Esto lo sé yo porque sí, porque el tío tuvo la misma cara durante todo el concierto y se movió menos que el bafle que tenía a su izquierda.
Salté, grité, pisé a la gente, me fumé un porro pasivo, absorbí un mini de cerveza por la espalda y sudé como un pollo.
Esta gente es muy buena en sus canciones estrella, que afortunadamente son un buen puñado, pero pierden un poco en las lentas. Sí, son buenos, lo son, y aunque no lo fueran no lo diría por los 30 euros que me gasté en la entrada y porque estoy harto de oír que si hype, que si niños muertos. Hoy molan, ¿y mañana? ME LA PELA MAÑANA.
DESENLACE
Al salir recuperamos líquido tomando otra cerveza, esta vez por la vía habitual, mientras comentábamos el concierto. Volvimos a casa, esta vez por la vía alternativa y en este caso sí tengo la certeza de que la culpa fue de Gallardón, porque sólo por su culpa puede explicarse que para hacer un cambio de sentido en el puente de Segovia pasásemos por delante del zoo, del Parque de Atracciones, de las putas y de un señor con sueño que vivía en Batán.
Llegué a casa, encendí el ordenador y busqué "Arctic Monkeys Madrid". Ayer no, pero hoy ya hay un vídeo grabado casi desde donde estábamos nosotros.
Acabé la noche en la página de Iván y con una sonrisa.
Tuesday, May 9
Schwester
Este fin de semana se casa mi hermana, la mayor y la única que tengo. La que vive en Alemania desde hace más de once años y la que cada vez que viene de visita quiere que le tenga una lista- barra- CD con "la música que se escucha aquí".
Mi hermana tiene una amiga mexicana que se llama Angi, y Angi es una chica mexicana de piel morena, pelo rizado, ojos enormes y alegría extremadamente contagiosa.
Angi, además de todo eso le ha querido preparar una sorpresa a mi hermana, una página web con fotos de su vida, historias y saludos de su gente, y para ello me ha pedido ayuda. Después de mandarle unas fotos me pidió que escribiese alguna anécdota, así que aprovecharé para hacer ejercicio de memoria:
"Mis hermanos tendrían unos 8 años, uno menos que mi hermana y dos más que yo, cuando al igual que en años anteriores habíamos ido a Benidorm a pasar unas semanas con los abuelos. Entonces lo que más me gustaba era ir a la bolera a jugar a las máquinas, sobre todo a esa de caballos que era una tragaperras para menores de 16 años, jugar al futbolín, al minigolf y hacer travesuras en la playa.
Sin embargo a mis padres y abuelos les gustaba más ir a cenar arroz a un restaurante de Calpe, uno que está en el paseo marítimo cerca del peñón, y era allí donde íbamos todos de vez en cuando.
Recuerdo que por aquel entonces la playa de Calpe era de piedras, unas piedras brillantes y bien pulidas por la erosión de las olas, y recuerdo una noche en la que la sobremesa se nos hizo pesada a los cuatro hermanos y nos fuimos a jugar a la playa.
De noche no encontramos otra cosa que hacer que tirar piedras al mar, que es como tirar un balón al aire, que antes o después acabará volviendo a su sitio porque las cosas son así por mucho que uno se empeñe.
Allí estábamos los cuatro, con nuestros bañadores todavía húmedos por el último baño y nuestras camisetas de colores claros, tirando piedras de abajo a arriba como hacían nuestros padres en el pueblo, de arriba a abajo como aprendimos a hacer nosotros en la sierra, y de derecha a izquierda los diestros, o de izquierda a derecha la zurda, para tratar de que las piedras saltasen sobre el mar.
Por turnos, de uno en uno, de dos en dos, todos a la vez. A ver quién llegaba más lejos, a ver quién la tiraba más alta, a ver quién la hacía saltar más veces.
Así le llegó el turno a mi hermana, se adelantó dejándonos tres pasos atrás, se agachó, agarró una piedra ni muy ligera ni muy pesada, ni muy redonda ni muy aristada, y levantó la mirada. Recogió su brazo izquierdo hacia atrás, miró desafiante al mar y ¡Fiuuuuuu, allá va! Lejos, lejos, lejos... No la ve caer, no oye el chof en el agua. Se da la vuelta y nos encuentra a dos con los ojos como platos y la boca abierta, y al tercero con una mano en la cabeza por la que escurría un hilillo de sangre y sin comprender cómo había sido posible que mi hermana lanzase la piedra hacia atrás cuando pretendía justo lo contrario.
Afortunadamente mi hermana se ha vuelto mucho más hábil, y yo diría que también guapa y lista, pero hay algo que desde entonces no puede hacer sin que sus hermanos sintamos rubor y miedo a partes iguales, y es coger algo para lanzarlo.
No sé qué intenciones tiene para el ramo en su boda, pero yo le voy a aconsejar que por si acaso lo mejor será que lo entregue en mano.
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Mi hermana tiene una amiga mexicana que se llama Angi, y Angi es una chica mexicana de piel morena, pelo rizado, ojos enormes y alegría extremadamente contagiosa.
Angi, además de todo eso le ha querido preparar una sorpresa a mi hermana, una página web con fotos de su vida, historias y saludos de su gente, y para ello me ha pedido ayuda. Después de mandarle unas fotos me pidió que escribiese alguna anécdota, así que aprovecharé para hacer ejercicio de memoria:
"Mis hermanos tendrían unos 8 años, uno menos que mi hermana y dos más que yo, cuando al igual que en años anteriores habíamos ido a Benidorm a pasar unas semanas con los abuelos. Entonces lo que más me gustaba era ir a la bolera a jugar a las máquinas, sobre todo a esa de caballos que era una tragaperras para menores de 16 años, jugar al futbolín, al minigolf y hacer travesuras en la playa.
Sin embargo a mis padres y abuelos les gustaba más ir a cenar arroz a un restaurante de Calpe, uno que está en el paseo marítimo cerca del peñón, y era allí donde íbamos todos de vez en cuando.
Recuerdo que por aquel entonces la playa de Calpe era de piedras, unas piedras brillantes y bien pulidas por la erosión de las olas, y recuerdo una noche en la que la sobremesa se nos hizo pesada a los cuatro hermanos y nos fuimos a jugar a la playa.
De noche no encontramos otra cosa que hacer que tirar piedras al mar, que es como tirar un balón al aire, que antes o después acabará volviendo a su sitio porque las cosas son así por mucho que uno se empeñe.
Allí estábamos los cuatro, con nuestros bañadores todavía húmedos por el último baño y nuestras camisetas de colores claros, tirando piedras de abajo a arriba como hacían nuestros padres en el pueblo, de arriba a abajo como aprendimos a hacer nosotros en la sierra, y de derecha a izquierda los diestros, o de izquierda a derecha la zurda, para tratar de que las piedras saltasen sobre el mar.
Por turnos, de uno en uno, de dos en dos, todos a la vez. A ver quién llegaba más lejos, a ver quién la tiraba más alta, a ver quién la hacía saltar más veces.
Así le llegó el turno a mi hermana, se adelantó dejándonos tres pasos atrás, se agachó, agarró una piedra ni muy ligera ni muy pesada, ni muy redonda ni muy aristada, y levantó la mirada. Recogió su brazo izquierdo hacia atrás, miró desafiante al mar y ¡Fiuuuuuu, allá va! Lejos, lejos, lejos... No la ve caer, no oye el chof en el agua. Se da la vuelta y nos encuentra a dos con los ojos como platos y la boca abierta, y al tercero con una mano en la cabeza por la que escurría un hilillo de sangre y sin comprender cómo había sido posible que mi hermana lanzase la piedra hacia atrás cuando pretendía justo lo contrario.
Afortunadamente mi hermana se ha vuelto mucho más hábil, y yo diría que también guapa y lista, pero hay algo que desde entonces no puede hacer sin que sus hermanos sintamos rubor y miedo a partes iguales, y es coger algo para lanzarlo.
No sé qué intenciones tiene para el ramo en su boda, pero yo le voy a aconsejar que por si acaso lo mejor será que lo entregue en mano.
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Tuesday, May 2
Last album, last show
Ah sí, iba a contar algo del concierto de los Stars del que os hablé el viernes pasado. Es que me distraigo pinchando una y mil veces el vídeo de los Arctic Monkeys que Iván colgó en su página. Por cierto, ¿cómo lleváis lo de las entradas?
En fin, los Stars son un grupo canadiense que hace música pop, y que blablabla...
Yo que soy alguien que disfruta yendo al cine sólo tanto sólo como en compañía, había decidido comprar la entrada, una, después de haber escuchado el disco un par de veces y haber seguido la recomendación de Wendy Tirita. Y con esas, me planté el viernes en la cola del Moby Dick detrás de un grupo de chicas que estuvieron amenizando mi espera hasta que una pareja más que maja decidió acudir al rescate. Al mío, no al de las chicas, que conste. ¡Si estáis ahí, muchas gracias por juntarme, de verdad, a vosotros y al chófer de los Stars! La siguiente canción se la dedico a su madre.
Canté, bailé y no dejé de mirar a la que tocaba el violín, que tenía bastante más de la belleza china Vanessa Mae que del arte de Aamir Khan, el barbudo del "Violinista en el Tejado". En general disfruté como un enano, y a ello contribuyó que consiguiésemos un hueco detrás de la barra donde nadie nos estorbaba.
A punto estuvo la cosa de la decepción porque dejaron para el final, justo antes de los bises, la canción que más me gusta. Allí estaba yo, mordiéndome las uñas rezando para que no se les fuese a ocurrir irse sin tocarla, y más aún después de que se hubiesen despedido anunciando que aquél era el último show de su último álbum porque, como Enrique y Ana, habían decido seguir caminos distintos.
Terminó el concierto, llamé a Dwalks para ver si hacíamos plan juntos y resultó que él tenía uno que ni Rommel, y en el que yo ya no cabía, así que marché para casa a dormir, que en poco iba a dejar de ser persona.
Al día siguiente tuve la primera boda de la temporada, pero de eso espero hacer otro comentario otro día.
En fin, los Stars son un grupo canadiense que hace música pop, y que blablabla...
Yo que soy alguien que disfruta yendo al cine sólo tanto sólo como en compañía, había decidido comprar la entrada, una, después de haber escuchado el disco un par de veces y haber seguido la recomendación de Wendy Tirita. Y con esas, me planté el viernes en la cola del Moby Dick detrás de un grupo de chicas que estuvieron amenizando mi espera hasta que una pareja más que maja decidió acudir al rescate. Al mío, no al de las chicas, que conste. ¡Si estáis ahí, muchas gracias por juntarme, de verdad, a vosotros y al chófer de los Stars! La siguiente canción se la dedico a su madre.
Canté, bailé y no dejé de mirar a la que tocaba el violín, que tenía bastante más de la belleza china Vanessa Mae que del arte de Aamir Khan, el barbudo del "Violinista en el Tejado". En general disfruté como un enano, y a ello contribuyó que consiguiésemos un hueco detrás de la barra donde nadie nos estorbaba.
A punto estuvo la cosa de la decepción porque dejaron para el final, justo antes de los bises, la canción que más me gusta. Allí estaba yo, mordiéndome las uñas rezando para que no se les fuese a ocurrir irse sin tocarla, y más aún después de que se hubiesen despedido anunciando que aquél era el último show de su último álbum porque, como Enrique y Ana, habían decido seguir caminos distintos.
Terminó el concierto, llamé a Dwalks para ver si hacíamos plan juntos y resultó que él tenía uno que ni Rommel, y en el que yo ya no cabía, así que marché para casa a dormir, que en poco iba a dejar de ser persona.
Al día siguiente tuve la primera boda de la temporada, pero de eso espero hacer otro comentario otro día.
Friday, April 28
What a wonderful...
Hoy al salir del trabajo he venido dando un paseo por la Castellana mientras escuchaba una y otra vez la canción "Your ex-lover is dead" de los Stars.
Me he enamorado por enésima vez de la luz que se filtra entre las hojas de los árboles del paseo, de los jardines de las embajadas, de la arquitectura de los edificios y de los reflejos en sus fachadas. Iba tan feliz que por un momento me he creído el protagonista de un anuncio de compresas.
El camino me ha llevado a ver el coche con el que Fernando Alonso ganó el pasado campeonato del mundo, que es muy bonito y que también enamora mucho. Esto ha vuelto a hacerme muy feliz.
Allí mismo me he acercado a un hombre que vestía de marrón con un escudito amarillo porque inspiraba confianza y transmitía paz de espíritu. Hablar con él me ha relajado mucho, incluso cuando me ha dicho que habían cerrado y que tendría que volver mañana, lo que me ha parecido una idea maravillosa porque así podré aprovechar para dar otro paseo, así que le he dado las gracias con mi mejor sonrisa y me he ido al Metro.
En el Metro he sido muy feliz porque los conductores habían desconvocado su huelga y ya no tenía que matar a nadie para entrar en el vagón (esto se había convertido en una molestia últimamente). Ahora los conductores van a trabajar más seguros y yo no tendré que volver a ducharme al llegar a la oficina. Cuando he asimilado esto, mi karma ha vibrado en consonancia con el cosmos y todo yo he resonado con las estrellas.
La experiencia me ha gustado tanto que he resonado hasta llegar a casa, pero de tanto resonar he llegado un poco mareado. Ya allí, nada más entrar en la habitación me encuentro un papelito blanco fechado la semana pasada y que dice algo así: "Su vehículo será sancionado por incumplir la ordenanza LALALA de estacionamiento controlado".
Me he acordado de que al ir a aparcar donde siempre había dejado el coche, no había reparado en los 5 metros de zona verde que algún esbirro de Gallardón había pintado hace un mes. Cachis... con lo agusto que estaba yo resonando.
He dejado encima de la cama la bolsa que llevaba en la mano y me he encontrado un papelito amarillo fechado también la semana pasada y que decía: "Por estacionar en lugar prohibido por placas [...] será sancionado con 90 EUR". Vaya, ¿no era esta la multa que me pusieron el sábado a la una de la mañana? ¿Qué haría un guardia a esas horas poniendo multas? Seguro que es de esos de "Amo a Laura" que están invadiendo la red estos días, y que como no folla, pues se dedica a joder. Gallardón, Gallardón...
A la mierda, ya ni vibro ni resueno.
Voy hacia el escritorio para dejar la multa y me encuentro otro papelito amarillo de ayer a las 00:15. Leo algo de asistencia en carretera y me viene que ayer por la noche mi coche se lo tuvo que llevar la grúa porque gracias a un puñado de gravilla, una furgoneta de casi tres metros de alto, un estrechamiento a un carril en la carretera de Colmenar y a la ausencia de señalización, metí la rueda en un agujero de las obras, Gallardooooooón, y partí el eje. Y con este recuerdo también me viene otro de cosas que me apetecía partir ayer después del golpe. Ya de mi karma no queda ni el aroma.
¿Y qué tiene que ver la canción de los Stars con esto? Pues que esta noche es el concierto y ya me la sé. Solo eso.
En fin, que esto, como todo, tiene una parte buena, y es que durante al menos un mes ya no me ponen más multas de aparcamiento.
Me he enamorado por enésima vez de la luz que se filtra entre las hojas de los árboles del paseo, de los jardines de las embajadas, de la arquitectura de los edificios y de los reflejos en sus fachadas. Iba tan feliz que por un momento me he creído el protagonista de un anuncio de compresas.
El camino me ha llevado a ver el coche con el que Fernando Alonso ganó el pasado campeonato del mundo, que es muy bonito y que también enamora mucho. Esto ha vuelto a hacerme muy feliz.
Allí mismo me he acercado a un hombre que vestía de marrón con un escudito amarillo porque inspiraba confianza y transmitía paz de espíritu. Hablar con él me ha relajado mucho, incluso cuando me ha dicho que habían cerrado y que tendría que volver mañana, lo que me ha parecido una idea maravillosa porque así podré aprovechar para dar otro paseo, así que le he dado las gracias con mi mejor sonrisa y me he ido al Metro.
En el Metro he sido muy feliz porque los conductores habían desconvocado su huelga y ya no tenía que matar a nadie para entrar en el vagón (esto se había convertido en una molestia últimamente). Ahora los conductores van a trabajar más seguros y yo no tendré que volver a ducharme al llegar a la oficina. Cuando he asimilado esto, mi karma ha vibrado en consonancia con el cosmos y todo yo he resonado con las estrellas.
La experiencia me ha gustado tanto que he resonado hasta llegar a casa, pero de tanto resonar he llegado un poco mareado. Ya allí, nada más entrar en la habitación me encuentro un papelito blanco fechado la semana pasada y que dice algo así: "Su vehículo será sancionado por incumplir la ordenanza LALALA de estacionamiento controlado".
Me he acordado de que al ir a aparcar donde siempre había dejado el coche, no había reparado en los 5 metros de zona verde que algún esbirro de Gallardón había pintado hace un mes. Cachis... con lo agusto que estaba yo resonando.
He dejado encima de la cama la bolsa que llevaba en la mano y me he encontrado un papelito amarillo fechado también la semana pasada y que decía: "Por estacionar en lugar prohibido por placas [...] será sancionado con 90 EUR". Vaya, ¿no era esta la multa que me pusieron el sábado a la una de la mañana? ¿Qué haría un guardia a esas horas poniendo multas? Seguro que es de esos de "Amo a Laura" que están invadiendo la red estos días, y que como no folla, pues se dedica a joder. Gallardón, Gallardón...
A la mierda, ya ni vibro ni resueno.
Voy hacia el escritorio para dejar la multa y me encuentro otro papelito amarillo de ayer a las 00:15. Leo algo de asistencia en carretera y me viene que ayer por la noche mi coche se lo tuvo que llevar la grúa porque gracias a un puñado de gravilla, una furgoneta de casi tres metros de alto, un estrechamiento a un carril en la carretera de Colmenar y a la ausencia de señalización, metí la rueda en un agujero de las obras, Gallardooooooón, y partí el eje. Y con este recuerdo también me viene otro de cosas que me apetecía partir ayer después del golpe. Ya de mi karma no queda ni el aroma.
¿Y qué tiene que ver la canción de los Stars con esto? Pues que esta noche es el concierto y ya me la sé. Solo eso.
En fin, que esto, como todo, tiene una parte buena, y es que durante al menos un mes ya no me ponen más multas de aparcamiento.
Sunday, April 23
Yaya's rulz
Este fin de semana mis padres se han ido de viaje y nos hemos quedado solos mi hermano y yo. También ha venido mi abuela, que vive sola y es ama de su casa, pero que estos días tiene que atender unos asuntos cerca de la nuestra.
Ella es una señora de 86 añazos, una mujer independiente, elegante, con un aire a la reina de Inglaterra, y con una agilidad que ya la quisieran para sí los monjes shaolín. En mi mente yo he envejecido 30 años desde que la conozco, ella ninguno.
La recuerdo desde lo alto de la mesa de la cocina a la que me hacía subir para tomarme la medida del largo de los pantalones, colocando en el dobladillo los alfileres que iba pellizcando de la boca, y metiéndome los bajos del pantalón con una máquina de coser que aún maneja con maestría de pies y manos. También la recuerdo comprándome regalos, atiborrándome de comida y llenándome los bolsillos de caramelos cuando nos enviaba de vuelta a casa. Igual que ahora. Y para ella parece que el tiempo tampoco haya pasado por mí. Yo sigo siendo su "carita de melocotón" aunque lleve 3 días sin afeitar, bebo poca leche para estar en edad de crecimiento, y como poco para todo el deporte que hago.
Sin embargo, mi abuela fuera de su hábitat natural es un monstruo. Ella tiene sus normas y mejor será que las acates si vas a estar a menos de 10 metros de distancia, ya sea en su casa, en la tuya o en Guantánamo. Da igual que te resistas porque ella es más tenaz, más paciente y mucho más lista que tú, su victoria es inevitable. Valga como ejemplo el que esta mañana la haya visto doblegar la voluntad de una caja de cereales de dos palmos de grande que ha hecho caber en una estantería de palmo y medio de alto.
Ayer por la noche, cuando salía a dar una vuelta, me preguntó: "Oye, ¿Tienes que hacer algo mañana a primera hora?" "¿Qué quieres, que te acerque a ver al tío?" "Sí, hijo" "Bueno, supongo que me levantaré sobre las once o así. Me ducho, desayuno y te llevo, ¿vale?", "Perfecto, si a mí con que me acerques un poquito antes de las diez y media". Touche.
Por supuesto esta mañana me he levantado temprano, y antes de que me diese tiempo a ir al baño ya la tenía pegada a mis talones pidiéndome la ropa sucia para poner la lavadora y preguntándome si quería zumo y tostadas para desayunar, detalles que uno aprecia mucho pero que cualquier tribunal podría considerar hostigamiento si antes no se ha esperado a que se den los "Gñosdías".
El caso es que con su afán de sentirse útil y ayudar en la casa se ha convertido en un torbellino que me tiene arrinconado en la habitación del pánico, esperando que se quede frita en la siesta para escaparme. Si al menos tuviese a mano una peli de Charles Bronson de esas que tanto le gustan...
Ella es una señora de 86 añazos, una mujer independiente, elegante, con un aire a la reina de Inglaterra, y con una agilidad que ya la quisieran para sí los monjes shaolín. En mi mente yo he envejecido 30 años desde que la conozco, ella ninguno.
La recuerdo desde lo alto de la mesa de la cocina a la que me hacía subir para tomarme la medida del largo de los pantalones, colocando en el dobladillo los alfileres que iba pellizcando de la boca, y metiéndome los bajos del pantalón con una máquina de coser que aún maneja con maestría de pies y manos. También la recuerdo comprándome regalos, atiborrándome de comida y llenándome los bolsillos de caramelos cuando nos enviaba de vuelta a casa. Igual que ahora. Y para ella parece que el tiempo tampoco haya pasado por mí. Yo sigo siendo su "carita de melocotón" aunque lleve 3 días sin afeitar, bebo poca leche para estar en edad de crecimiento, y como poco para todo el deporte que hago.
Sin embargo, mi abuela fuera de su hábitat natural es un monstruo. Ella tiene sus normas y mejor será que las acates si vas a estar a menos de 10 metros de distancia, ya sea en su casa, en la tuya o en Guantánamo. Da igual que te resistas porque ella es más tenaz, más paciente y mucho más lista que tú, su victoria es inevitable. Valga como ejemplo el que esta mañana la haya visto doblegar la voluntad de una caja de cereales de dos palmos de grande que ha hecho caber en una estantería de palmo y medio de alto.
Ayer por la noche, cuando salía a dar una vuelta, me preguntó: "Oye, ¿Tienes que hacer algo mañana a primera hora?" "¿Qué quieres, que te acerque a ver al tío?" "Sí, hijo" "Bueno, supongo que me levantaré sobre las once o así. Me ducho, desayuno y te llevo, ¿vale?", "Perfecto, si a mí con que me acerques un poquito antes de las diez y media". Touche.
Por supuesto esta mañana me he levantado temprano, y antes de que me diese tiempo a ir al baño ya la tenía pegada a mis talones pidiéndome la ropa sucia para poner la lavadora y preguntándome si quería zumo y tostadas para desayunar, detalles que uno aprecia mucho pero que cualquier tribunal podría considerar hostigamiento si antes no se ha esperado a que se den los "Gñosdías".
El caso es que con su afán de sentirse útil y ayudar en la casa se ha convertido en un torbellino que me tiene arrinconado en la habitación del pánico, esperando que se quede frita en la siesta para escaparme. Si al menos tuviese a mano una peli de Charles Bronson de esas que tanto le gustan...
Wednesday, April 19
Elestrés
Como decíamos ayer, la Semana Santa ha llegado a su fin. Guardo en la mochila de experiencias acumuladas haber dormido 3 noches consecutivas colgado a una altura de 1,70 m del suelo, haber aparcado 3 noches enteras en prohibidos y librarme de las multas, visitar Cuenca en fiestas nazarenas y festival de tunning, conocer el Susan, y currar en fiestas de guardar.
Lo de Cuenca estuvo muy bien. Vimos las Casas Colgajas, tomamos unos cafeses en el Parador, y visitamos la Ciudad Encantante. Comimos morteruelo, que a mí me recordó mucho al relleno de las croquetas que me prepara mi madre pero con unos nutritivos cachitos de hueso triturado que me jodieron un diente. También nos comimos un rico chorizo de ciervo y un no menos rico atasco a la vuelta.
Fin de las vacaciones con más pena que gloria y dos tristes torrijas en la buchaca. De vuelta al curro, hoy me ha tocado viajar a Almería y por poco tengo que conjugar en condicional.
Anoche, como viene siendo habitual, me acosté a eso de la 01:30 después de jugar al fútbol y encervezarme. Claro, tan cansado estaba cuando ha sonado el despertador que me he dicho "Venga un ratito más".
Una hora después de eso y una hora antes de que despegase el avión, todavía en la cama ya me tenido que decir "Me cago en la hostia" y acelerar mis pulsaciones hacia el límite humano, hasta el punto de que jamás me había sentido tan despierto a las 06:30 sin haber tomado café.
El pijama se me ha caído al suelo del susto casi a la vez que llamaba a un taxi sujetando el teléfono con el hombro mientras me ponía los calzoncillos. "Tardará 12 minutos, señor". Y una mierda. He bajado a la calle con el brazo levantado para ganar tiempo si me encontraba con un taxi. Taxi que con mucha potra ha aparecido casi en la puerta de casa. "Aeropuerto. T4. Peaje. No llego". "¿A qué hora sale su avión?" "Da igual, usted corra y yo pago las multas".
20 minutos después de levantarme estaba en el aeropuerto con la tarjeta de embarque entre los dientes, la camisa por fuera, una barba de dos días y la boca seca. He comprobado que no iba vestido con el tanga de mi hermana ni con las zapatillas de andar por casa de mi padre, esas de cuadros que fueron del abuelo, y he exhalado.
Esto, es una proeza, lo sé, y yo soy un superhombre, también lo sé. Lo que me jode es haber acortado mi vida 1 año por averiguarlo.
En fin, que ya estoy de vuelta en Madrid y me alegro de veros a todos. Buenas noches.
Lo de Cuenca estuvo muy bien. Vimos las Casas Colgajas, tomamos unos cafeses en el Parador, y visitamos la Ciudad Encantante. Comimos morteruelo, que a mí me recordó mucho al relleno de las croquetas que me prepara mi madre pero con unos nutritivos cachitos de hueso triturado que me jodieron un diente. También nos comimos un rico chorizo de ciervo y un no menos rico atasco a la vuelta.
Fin de las vacaciones con más pena que gloria y dos tristes torrijas en la buchaca. De vuelta al curro, hoy me ha tocado viajar a Almería y por poco tengo que conjugar en condicional.
Anoche, como viene siendo habitual, me acosté a eso de la 01:30 después de jugar al fútbol y encervezarme. Claro, tan cansado estaba cuando ha sonado el despertador que me he dicho "Venga un ratito más".
Una hora después de eso y una hora antes de que despegase el avión, todavía en la cama ya me tenido que decir "Me cago en la hostia" y acelerar mis pulsaciones hacia el límite humano, hasta el punto de que jamás me había sentido tan despierto a las 06:30 sin haber tomado café.
El pijama se me ha caído al suelo del susto casi a la vez que llamaba a un taxi sujetando el teléfono con el hombro mientras me ponía los calzoncillos. "Tardará 12 minutos, señor". Y una mierda. He bajado a la calle con el brazo levantado para ganar tiempo si me encontraba con un taxi. Taxi que con mucha potra ha aparecido casi en la puerta de casa. "Aeropuerto. T4. Peaje. No llego". "¿A qué hora sale su avión?" "Da igual, usted corra y yo pago las multas".
20 minutos después de levantarme estaba en el aeropuerto con la tarjeta de embarque entre los dientes, la camisa por fuera, una barba de dos días y la boca seca. He comprobado que no iba vestido con el tanga de mi hermana ni con las zapatillas de andar por casa de mi padre, esas de cuadros que fueron del abuelo, y he exhalado.
Esto, es una proeza, lo sé, y yo soy un superhombre, también lo sé. Lo que me jode es haber acortado mi vida 1 año por averiguarlo.
En fin, que ya estoy de vuelta en Madrid y me alegro de veros a todos. Buenas noches.
Wednesday, April 12
Torrija que se come y que se lleva en la cabeza
Tengo un color ceniza bastante enfermizo que parece apropiado para estos días de recogimiento. Un aspecto poco saludable que tengo que agradecer a las trasnochadas actividades a las que me dedico últimamente entre semana, a saber y por este orden: jugar al fútbol, beber cerveza, conducir por un laberinto, maldecir, aparcar, maldecir, dar un paseo hasta mi casa y monear con el ordenador. Al final termino durmiendo 4 horas y cada vez necesito más café para mantener los ojos abiertos, tantos que noto cómo tengo los riñones colapsados.
Luego llega el fin de semana y no descanso porque me dedico a hacer más de lo mismo, salvo que duermo algo menos. Y después viene el lunes y me quiero morir, o que muera al menos el perro de mi vecina, que no me ha hecho ningún mal pero que seguro que merece una vida mejor.
Pues a pesar de todo este trajín, me he dado cuenta de que ya es Semana Santa. Los indicios que me han llevado a esta conclusión han sido ver los escaparates llenos de huevos, tener a los niños de vacaciones rondando por mi casa, ver llegar a mis padres este domingo con unas ramitas de olivo y llevar un par de viernes o tres sin comer carne.
Recuerdo que en Semana Santa, cuando estudiaba en el colegio, nos perdíamos una hora de clase para ir el miércoles a misa y llegar a casa con la cabeza hecha un cenicero. También recuerdo que tenía un montón de vacaciones y que en la hora de recreo era un niño feliz pegando pelotazos a los mayores, que yo siempre he tenido una vertiente vengativa que caminaba paralela a la vertiente masoquista.
¿Y qué voy a hacer esta Semana Santa? Pues aprovecharé para ir a misa porque la Pasión de Cristo sigue removiendo mi conciencia apostólica y romana; aprovecharé para reírme hasta que me quede sin aliento de los que se metan mañana en la carretera de Valencia, a quienes sugiero que carguen sobre la vaca de su automóvil una imagen de la Vírgen del Rocío para dar a su procesión un ambiente más festivo; y aprovecharé para comer torrijas, algo que debería aprender a perparar pero ya.
Mañana de momento voy a celebrar que no trabajo por la tarde comiendo un codillo, y luego yéndome a probar un chaqué para la boda de mi hermana. Chaqué que tendré que pedir un par de tallas de pantalón más grandes o esperar a haber terminado la digestión.
Felices fiestas y vacaciones a todos.
---------------------
Se me olvidaba:
Compro entrada para el concierto de los ARCTIC MONKEYS el 17 de mayo en La Riviera por un precio de 20/25 EUROS negociables pero poco. Me da igual cómo lo hagáis. Robad, matad, prostituiros, todo eso yo ya lo he hecho, pero conseguidme una entrada, por favor.
Luego llega el fin de semana y no descanso porque me dedico a hacer más de lo mismo, salvo que duermo algo menos. Y después viene el lunes y me quiero morir, o que muera al menos el perro de mi vecina, que no me ha hecho ningún mal pero que seguro que merece una vida mejor.
Pues a pesar de todo este trajín, me he dado cuenta de que ya es Semana Santa. Los indicios que me han llevado a esta conclusión han sido ver los escaparates llenos de huevos, tener a los niños de vacaciones rondando por mi casa, ver llegar a mis padres este domingo con unas ramitas de olivo y llevar un par de viernes o tres sin comer carne.
Recuerdo que en Semana Santa, cuando estudiaba en el colegio, nos perdíamos una hora de clase para ir el miércoles a misa y llegar a casa con la cabeza hecha un cenicero. También recuerdo que tenía un montón de vacaciones y que en la hora de recreo era un niño feliz pegando pelotazos a los mayores, que yo siempre he tenido una vertiente vengativa que caminaba paralela a la vertiente masoquista.
¿Y qué voy a hacer esta Semana Santa? Pues aprovecharé para ir a misa porque la Pasión de Cristo sigue removiendo mi conciencia apostólica y romana; aprovecharé para reírme hasta que me quede sin aliento de los que se metan mañana en la carretera de Valencia, a quienes sugiero que carguen sobre la vaca de su automóvil una imagen de la Vírgen del Rocío para dar a su procesión un ambiente más festivo; y aprovecharé para comer torrijas, algo que debería aprender a perparar pero ya.
Mañana de momento voy a celebrar que no trabajo por la tarde comiendo un codillo, y luego yéndome a probar un chaqué para la boda de mi hermana. Chaqué que tendré que pedir un par de tallas de pantalón más grandes o esperar a haber terminado la digestión.
Felices fiestas y vacaciones a todos.
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Se me olvidaba:
Compro entrada para el concierto de los ARCTIC MONKEYS el 17 de mayo en La Riviera por un precio de 20/25 EUROS negociables pero poco. Me da igual cómo lo hagáis. Robad, matad, prostituiros, todo eso yo ya lo he hecho, pero conseguidme una entrada, por favor.
Tuesday, April 4
El tiesto
A mí los calores que ya empiezan a hacer me alteran bastante. Los calores y las no-ropas que luce la gente para celebrarlo. En cuanto a esto no tengo nada más que añadir salvo que para mí lo mejor es una camiseta de tirantes que deje ver bien los hombros (mi debilidad), y un poquito, cuanto más mejor, de espalda. Casualmente este tipo de camisetas también realzan bastante lo que vienen siendo las tetas, y esto también me gusta mucho.
En fin, que con el calor y con la pinta de cerveza que me he tomado durante la comida me he animado y le he preguntado a Berlín si la importaba que la esperase en su casa, y como no le importaba, para allá que he ido al salir del trabajo. Al llegar me he cepillado los dientes y me he metido en la cama porque ayer dormí 4 horas y porque tenía unas ganas terribles de tener sexo. A los 10 minutos me ha llamado Berlín diciendo que se tenía que quedar a trabajar hasta tarde, así que, bastante jodido, me he vestido de nuevo y me he bajado a la Plaza del 2 de Mayo a ver borrachos. No había muchos a esas horas.
He tardado 50 minutos de Metro en llegar a mi casa. En la estación me he encontrado con un punki lleno de pinchos y muy colgado que jugaba con la muerte a ser trapecista-equilibrista sobre el borde del andén. Me estaba poniendo nervioso verle y me han entrado ganas de empujarle para que dejase de hacer el imbécil, pero luego he pensado que mejor que no, y no lo he hecho.
En mi casa no había nadie cuando he llegado, pero enseguida me he puesto a investigar dónde se había metido la gente porque se iba acercando la hora de cenar y me estaba muriendo de hambre.
Ya con todos a la mesa me he apretado un par de filetes de lomo con un tomate fresco bien regado con un vinagre balsámico de tomate que en mi casa ha sido todo un descubrimiento. Iba a comerme también un huevo, pero a mediodía ya me había metido dos y esta noche no me sentía yo muy Paul Newman.
Cuando he terminado de cenar me he levantado para recoger la mesa, con la mala suerte de que he tirado por el suelo un tiesto que flotaba a unos 40 centímetros del suelo. Me ha causado un poco de impresión ver la planta espanzurrada en el suelo y toda la tierra alrededor, pero solo ha durado hasta que mi hermano ha dicho "Otra vez" y me ha entrado la risa. Después ha sido mayor cuando he visto la cara seria de mi madre que me miraba con el ceño fruncido porque tenía el cogedor a modo de pala, cargado de una tierra que ya no tenía dónde echar porque el tiesto ya estaba hasta arriba y con la planta dentro.
¿Nunca os ha pasado que hacéis un agujero y cuando lo tapáis os sobran dos paladas o tres? ¿No os pasa lo mismo cuando abrís un huevo Kinder, que luego no cabe todo otra vez dentro?
En fin, que todo esto era una excusa y una introducción para esto:
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Lo siento Dwalks, otra vez tarde. ¿Qué decepción, no? Felicidades
En fin, que con el calor y con la pinta de cerveza que me he tomado durante la comida me he animado y le he preguntado a Berlín si la importaba que la esperase en su casa, y como no le importaba, para allá que he ido al salir del trabajo. Al llegar me he cepillado los dientes y me he metido en la cama porque ayer dormí 4 horas y porque tenía unas ganas terribles de tener sexo. A los 10 minutos me ha llamado Berlín diciendo que se tenía que quedar a trabajar hasta tarde, así que, bastante jodido, me he vestido de nuevo y me he bajado a la Plaza del 2 de Mayo a ver borrachos. No había muchos a esas horas.
He tardado 50 minutos de Metro en llegar a mi casa. En la estación me he encontrado con un punki lleno de pinchos y muy colgado que jugaba con la muerte a ser trapecista-equilibrista sobre el borde del andén. Me estaba poniendo nervioso verle y me han entrado ganas de empujarle para que dejase de hacer el imbécil, pero luego he pensado que mejor que no, y no lo he hecho.
En mi casa no había nadie cuando he llegado, pero enseguida me he puesto a investigar dónde se había metido la gente porque se iba acercando la hora de cenar y me estaba muriendo de hambre.
Ya con todos a la mesa me he apretado un par de filetes de lomo con un tomate fresco bien regado con un vinagre balsámico de tomate que en mi casa ha sido todo un descubrimiento. Iba a comerme también un huevo, pero a mediodía ya me había metido dos y esta noche no me sentía yo muy Paul Newman.
Cuando he terminado de cenar me he levantado para recoger la mesa, con la mala suerte de que he tirado por el suelo un tiesto que flotaba a unos 40 centímetros del suelo. Me ha causado un poco de impresión ver la planta espanzurrada en el suelo y toda la tierra alrededor, pero solo ha durado hasta que mi hermano ha dicho "Otra vez" y me ha entrado la risa. Después ha sido mayor cuando he visto la cara seria de mi madre que me miraba con el ceño fruncido porque tenía el cogedor a modo de pala, cargado de una tierra que ya no tenía dónde echar porque el tiesto ya estaba hasta arriba y con la planta dentro.
¿Nunca os ha pasado que hacéis un agujero y cuando lo tapáis os sobran dos paladas o tres? ¿No os pasa lo mismo cuando abrís un huevo Kinder, que luego no cabe todo otra vez dentro?
En fin, que todo esto era una excusa y una introducción para esto:
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Lo siento Dwalks, otra vez tarde. ¿Qué decepción, no? Felicidades
Sunday, April 2
La bendición tenía un precio
El viernes tuve un cumpleaños triple, que quiere decir que tres de mis amigos habían cumplido años en menos de una semana y se pusieron de acuerdo para invitarnos al resto a cenar y a tomar unas copas.
Aprovecho para, desde este humilde púlpito, animar a que esta excelente idea sea exportada a las bodas, acontecimientos exagerados se mire por donde se mire y que desde hace 3 años me traen loco por estas fechas. Así este año me evitaría no tener un solo fin de semana sin compromiso matrimonial desde el último de abril hasta el segundo de junio.
Pero hablando de otros temas y otras cosas, en la celebración del cumpleaños estaba mi amiga Elena, quien desde hace un par de meses está viviendo en Valladolid con su hermano y a donde fueron para abrir una sucursal de la empresa donde trabajan.
Después de muchos preparativos, de colocar mesas y sillas, de colgar cuadros y mover macetas y tiestos, que es algo que todos los hombres y mujeres orquesta con tambor, armónica y platillos accionados con los pies hemos hecho alguna vez en nuestros trabajos, llegó el gran día, el día de la inauguración.
Yo no estuve allí para verlo, pero al parecer se trató de un acto bastante social. Claro, que estoy pensando que cuando hay comida gratis la gente es capaz de reunirse hasta para ver una partida de ajedrez, pero bueno. El caso es que allí estaban tomando vinos y comiendo queso cuando apareció un sacerdote, o eso dijo, y al ritmo de lo del Ora pro nobis sacudió el brazo derecho primero en vertical y luego en horizontal, y dejó lápices y papeles bendecidos por la gracia de Dios.
Con todo el ajetreo a nadie se le ocurrió pensar que quien acababa de entrar pudiera ser el mismo que se cuela de gorrón en la bodas de nuestras primas, y después tampoco le dieron más vueltas salvo a que tal vez la oficina se había levantado sobre un antiguo cementerio indio.
Ahí quedó la cosa hasta que una semana más tarde apareció el mismo cura-bicho a preguntar qué tal iban las cosas por la oficina. "Muy bien, por aquí nada se mueve solo, padre". "Ah, estupendo. Verás, es que yo venía por lo de la voluntad, ya sabes hijo, la panoja. Lo habitual en estos casos son unos 60 o 70 euros". "Claro, claro y cómo se lo paso, ¿transferencia bancaria, giro postal, trae bacalaera para pasar la VISA, o con paypal?"
...
"Estooooo, ¿no admitirá usted cheques restaurant, verdad?"
Aprovecho para, desde este humilde púlpito, animar a que esta excelente idea sea exportada a las bodas, acontecimientos exagerados se mire por donde se mire y que desde hace 3 años me traen loco por estas fechas. Así este año me evitaría no tener un solo fin de semana sin compromiso matrimonial desde el último de abril hasta el segundo de junio.
Pero hablando de otros temas y otras cosas, en la celebración del cumpleaños estaba mi amiga Elena, quien desde hace un par de meses está viviendo en Valladolid con su hermano y a donde fueron para abrir una sucursal de la empresa donde trabajan.
Después de muchos preparativos, de colocar mesas y sillas, de colgar cuadros y mover macetas y tiestos, que es algo que todos los hombres y mujeres orquesta con tambor, armónica y platillos accionados con los pies hemos hecho alguna vez en nuestros trabajos, llegó el gran día, el día de la inauguración.
Yo no estuve allí para verlo, pero al parecer se trató de un acto bastante social. Claro, que estoy pensando que cuando hay comida gratis la gente es capaz de reunirse hasta para ver una partida de ajedrez, pero bueno. El caso es que allí estaban tomando vinos y comiendo queso cuando apareció un sacerdote, o eso dijo, y al ritmo de lo del Ora pro nobis sacudió el brazo derecho primero en vertical y luego en horizontal, y dejó lápices y papeles bendecidos por la gracia de Dios.
Con todo el ajetreo a nadie se le ocurrió pensar que quien acababa de entrar pudiera ser el mismo que se cuela de gorrón en la bodas de nuestras primas, y después tampoco le dieron más vueltas salvo a que tal vez la oficina se había levantado sobre un antiguo cementerio indio.
Ahí quedó la cosa hasta que una semana más tarde apareció el mismo cura-bicho a preguntar qué tal iban las cosas por la oficina. "Muy bien, por aquí nada se mueve solo, padre". "Ah, estupendo. Verás, es que yo venía por lo de la voluntad, ya sabes hijo, la panoja. Lo habitual en estos casos son unos 60 o 70 euros". "Claro, claro y cómo se lo paso, ¿transferencia bancaria, giro postal, trae bacalaera para pasar la VISA, o con paypal?"
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"Estooooo, ¿no admitirá usted cheques restaurant, verdad?"
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