Monday, January 29

Saccharomyces, Aspergillus y Neurosporas

En un principio iba a separar la crónica exclusivamente musical del viernes, de la crónica social, en la que iba a contar la segunda parte de los conciertismos con la pedazo de fiesta que nos pegamos, entre otros, Iván, Dwalks (que se apuntó a los conciertos a última hora), FMG (un amigo de Iván tan remajo como él) y yo. Una fiesta que empezó a cervezazos en Moby Dick, pasó por un decepcionante The Room en el que el tunning capilar predominaba sobre el buen gusto, y que terminó en el Nasti, donde bailamos de jitazo tras jitazo, y donde acabé estrechando la mano de todos los que habían actuado esa noche en el Moby Dick, que yo cuando me pongo de fan quinceañera, me sale hasta acné.

Hay montones de anécdotas que aderezarían estupendamente ese arroz chino de las 6 y media de la mañana, o esos pantalones a la cerveza que me sirvió Dwalks, pero como seguro que ellos lo cuentan mejor porque iban menos borrachos y tienen más gracia, en sus manos dejo la crónica. Lo único que añadiré por mi parte es la envidia que me dio Dwalks porque mujer a la que se acerca, mujer que cae rendida a sus pies, e Iván por la cantidad de gente que ya conoce en Madrid, y por lo que molan todos ellos.

Dejando de lado el aspecto lúdico festivo, que está muy bien pero en la vida no todo es jarana, voy a dar unos consejos para que no os pase como a mí, que llevo todo el día en la cama porque los dos días que llevo sin mi madre han sido suficientes para que me envenene y pase el tiempo ideando la manera de sondarme para no tener que salir de la cama, que hace frío.

Los consejos son muy básicos y se reducen, como los diez mandamientos, en dos: no comerás alimentos con moho, y huirás de los productos caducados sobre todas las cosas.

Hace un par de semanas sufrí una pequeña intoxicación porque por la mañana habíamos abierto en mi casa un paquete de huevo hilado, y por la tarde, habiéndolo guardado en la nevera, ya tenía sus colonias fúngicas, verdes y pelusonas. Como no daba crédito a que en unas horas se hubiese podido poner malo, decidí retirar los trozos con moho y comerme el resto con cierta cara de asco, porque aún sin tener colorcillo grisáceo, sabía bastante a moho.

Este domingo me levanté a eso de las doce, me duché y, mientras bajaba a por los periódicos, Berlín preparaba el desayuno: unas tostadas con casi de todo lo que le quedaba en la nevera. Esto es, paté de anchoa, mantequilla en paquetes individuales, mermelada de ciruela en paquetes individuales (esto parece el desayuno de un avión), y mermelada de tomate (una mermelada que habíamos comprado hacía casi dos años en un viaje que hicimos la Vera).

Al abrir el bote de mermelada de tomate, Berlín me avisó de que se había puesto malo, que había dos pegotones de moho en la tapa. Yo probé la mermelada con la punta del cuchillo y me supo buena, así que dije: “Está buena”. También dije: “Me pongo dos tostadas con ella, friego la tapa y la volvemos a guardar en la nevera”. Y así lo hice, que Berlín tiene miedo a llevarme la contraria desde que le maté al gato.

Ya que al parecer no había aprendido en la universidad cuando estudié el daño que pueden hacer los mohos al hígado, podía haber aprendido de mi reciente experiencia con el huevo hilado, pero tampoco. Borriquín, borriquín.

El caso es que tres horas después estaba ya con retortijones, y a las 8 de la tarde me estaba metiendo en la cama con tiritonas y los pies helados, que no conseguí entrar en calor hasta las 00:30, y a partir de entonces, cada dos horas al baño a ver qué tal iba todo por allí. Me he convertido en el celador del váter.

Hoy no he ido a trabajar porque me dolían todos los músculos, y hasta por la tarde no he podido leer, ni ver la tele. Así que, niños y niñas, no comáis cosas en mal estado, porque saltarse el cole está guay, pero morirse con muchos dolores es una mierda, y perderse el programa de Ana Rosa para una vez que se puede ver, también.

Secret Society + Bigott + Big City

El viernes había quedado con Iván, la mejor importación que ha hecho Madrid en los últimos diez años, y la Mujer Tirita a las 21:00 en la puerta del Moby Dick, donde The Secret Society, Bigott y Big City, iban a dar un concierto. Llegué puntual, contrariamente a lo que suele ser habitual en mí, y al no encontrar a nadie me fui a un bar de Orense que conozco de otros tiempos y en el que ponen buenas tapas.

Me dio tiempo a tomar unos botellines antes de que apareciesen Iván y Macnu, su compañera de piso con quien tuve una entrada triunfal. “Hola, soy Would. Uy, mira, y ese es tu teléfono móvil descojonándose por los suelos de un manotazo. ¡Qué bien, eh!”

Como hacía frío, nos metimos para dentro comprobando que el móvil seguía funcionando, y mientras nos pedíamos unas cervezas empezó a tocar Secret Society, invitado a la fiesta de presentación de los discos de Bigott y de Big City.

Al ser tres los grupos que actuaban esa noche, Secret Society tuvo que empezar mientras la sala comenzaba a llenarse. Ya les había visto en el Costello el sábado de la semana anterior, pero aquella vez me supo a poco y me había quedado con ganas de mucho más. Además, esta vez la banda estaba al completo y el sonido de la guitarra de Pepo estaba más arropado.


The Secret Society

De izqda. a dcha. Pepo, Perruca escondido detrás de Javi Vicente, y Frank Rudow.

Hubo un momento intensos, cuando como si de Rafa Nadal se tratase, a Pepo le dio por romper las cuerdas de la guitarra; y entrañables, cuando entre todos le cantamos el cumpleaños feliz a Perruca campeón (el enorme batería que ocasionalmente toca la percusión con escobillas del váter), e Iván y yo esparcimos un poco de confetti por el escenario y por la sala. Eso sí, eché de menos City Lights, que en directo es un trallazo.

El siguiente de la terna fue Bigott, un tipo raro de Zaragoza con pinta de ser de Nashville. De él no había escuchado nada hasta el viernes, no por falta de interés, sino porque no tiene Msypace, ni había encontrado nada suyo en Internet ni el eMule. Todo eso está ya solucionado porque Iván me llevó una copia del disco que llevo escuchando todo el día.

Bigott

El inimitable Bigott con, una vez más, Javi Vicente.

Si Pepo es pasión, Bigott es talento y naturalidad. Se le ve sobrado en el escenario, con la pinta que deben tener los que se sientan una tarde, escriben 10 canciones, y pasan 3 años antes de que se acuerden de grabarlas. Escuchad King of Patio y Country-Co para saber lo que es bueno.

En último lugar actuaron Big City, también zaragozanos. Hace tiempo dejé por aquí un enlace a su Myspace para que los conocieseis y pudieseis fardar ante los amigos de haber descubierto el disco escondido de 2006. Aún estáis a tiempo, antes de que os llamen los increíbles hombres y mujeres desactualizados, porque lo que está claro es que canciones como Ex-snowman no pueden permanecer ocultas por mucho tiempo.

Big City

Javi "el incombustible" Vicente, con el resto de Big City.

Thursday, January 25

Micah P. en Moby Dick

Cuando hace unos meses descubrí a Micah P. (pronunciado my-kah pi) gracias a su tercer disco (Micah P. and the Opera Circuit), pensé que este tipo tenía que ser ya muy famoso, puesto que todo lo que leía de él era que con este LP no hacía sino confirmar la excelencia de los anteriores, y las comparaciones con Tom Waits o Kurt Wagner (Lambchop) a las que le sometían.

La música que hace es un folk con raíces sureñas, no en vano el tipo es tejano, y unas letras un tanto jodidas (obviaré justificarlas con su pasado, que da mucha pereza la gente que basa su marketing en lo chungos que son, verbigracia, la cosa esa que acompaña a la Moss).

Para este concierto de Madrid, Micah se ha hecho acompañar de su compatriota Will Johnson, que también es tejano, y además líder de Centromatic y de South San Gabriel.

Se me ocurre que entre los dos podían haber titulado “Con nosotros, otro Texas es posible”.

Moby Dick es una de las salas en las que más me gusta ver los conciertos, pero hay ocasiones en las que se llena un poquito demasiado. Afortunadamente en esta ocasión iba acompañado de Dwalks, que es el faro que me guía entre las multitudes, y conseguimos hacernos con un hueco en la tercera fila. Un hueco que, como somos gente amable, utilizamos para crear un espacio de seguridad para que una chica sola, moderna, y un poco más baja que nosotros, pudiese seguir el concierto también con la vista. Chica, si estás ahí, se te olvidó darnos tu teléfono, vuelve.

Empezó el concierto Will Johnson, que es un tipo con pinta de gasolinero de interestatal, que cuando canta abre la boca de lado, como Popeye, y que es muy bueno en lo suyo. Además es más gracioso que los muñequitos de José Luís Moreno. Al menos nos entretuvo 5 minutos contándonos cómo se había perdido en el Corte Inglés, y cómo había tardado una hora en encontrar la salida.

Volviendo con Micah, él físicamente se parece más a una mezcla entre una bollera fea, Austin Powers y Woody Allen, es un rato menos salao que Will, y también es muy bueno en lo suyo.

Micah tiene sobre Will la ventaja de que lo suyo suena a nuevo: “¿Creéis que me parezco a Tom Waits? Tom Waits suena como Tom Waits, y Micah suena como Micah”, se dijo él solito durante el concierto.

Y ya. Sé que se me olvida algo importante, lo sé. Algo sobre el bocazas que tenía detrás quemando a Dwalks y poniéndome de los nervios; de la tía que por ahorrarse un euro de guardarropía anduvo jodiendo con su abrigo/saco-de-dormir toda la noche; o incluso qué me pareció el directo (bastante bueno), y si me gustó el concierto (mucho).

Es igual. Aquí os dejo un vídeo muy chulo de unos caracoles que cantan igual-igual que Micah.

Monday, January 22

Mezquindad

Esta mañana entraba tarde a la oficina silbando para dentro lo de Jon Auer, sin pensar en que era lunes y tenía toda la semana laboral por delante, cuando entre que me quitaba los auriculares y el abrigo, 3 personas humanas me han dicho 3 veces que les había tocado el Euromillón. Ninguno va a salir de pobre con lo que les ha tocado, pero la verdad es que para un par de cenas en sitios de beber café con el meñique extendido sí que da la cosa.

Yo no estaba metido en esta peña del trabajo porque no soy mucho de juegos de azar. La lotería, las quinielas, etc., siempre me han demostrado que es un lugar, ni siquiera bonito, en el que tirar tu dinero. Además, con este grupo pasó como ocurre con la lotería de Navidad, que la gente se apunta por miedo, para que si toca, no sean los únicos que no huelen el cava.

Recuerdo comentarios de: “¡Qué cabronazo! ¿Pues no se inventa una peña? Ahora todos a poner pasta por si acaso.”

Yo, que soy una persona que tiene la sana costumbre congratularse con la felicidad ajena, he felicitado uno tras otro a los apóstoles del Euromillón que me anunciaban la buena nueva. De verdad, sin envidias… Alguien se tiene que llevar la pasta, ¿no? Pues si no soy yo, ¿quién mejor que alguien que me pueda invitar a una cerveza con ella?

Sin embargo, he notado que yo me alegraba por ellos, ellos se alegraban por ellos, y algunos se alegraban también porque tenían a quien decirle (literal): “¿Tú no juegas al Euromillón, no? ¡JA! Pues nos ha tocado”. Pues enhorabuena, oye. Cómprate un consolador enorme y busca la felicidad en él.

También he sido testigo de cómo una sección neo-avara planeaba las medidas a tomar contra quienes solicitasen sumarse al club, animados por el éxito de la peña y su rentabilidad. “Ahora se querrán apuntar todos. ¡Vaya morro!” ¡Cuánta miseria y cortedad de miras! A más pasta, más apuestas y mayores probabilidades de premio. ¿Se lo explicas tú o yo?

“Sí, sí, te alegras pero porque no nos ha tocado mucho. Si nos hubiese tocado más, te estarías tirando de los pelos.” Al final vas a conseguir que se me quite el buen humor. Págate un café y cállate la boca, coño.

Tuesday, January 16

The Unit

Imaginad que llega el señor que escribió el guión de “El Cartero Siempre Llama Dos Veces” para enseñarnos a usar la mesa de la cocina, y le da por escribir también el guión de “Los Intocables de Elliot Ness”, escena memorable del carrito cayendo por las escaleras incluida.

Obviemos que esta escena del carrito está casi calcada de la matanza en las escaleras de Odessa del “Acorazado Potemkin” (homenaje se llama), e imaginemos que este escritor se pone detrás de una cámara y graba películas como State and Main y Un Plan Perfecto, convirtiéndose en uno de los mejores mentirosos de hoy.

Y por último, imaginad que después de todo esto, va el escritor-director y escribe-dirige una serie para televisión que rebosa acción y pólvora y que va de un grupo de fuerzas especiales norteamericanas que hace cosas super difíciles y super peligrosas.

Bien, pues este señor existe, se llama David Mamet y en mi opinión tiene cara de pedófilo. Su última creación se llama “The Unit” y comparado con sus altibajos, Despeñaperros no llega a badén.

BIEN:

- Se puede ver a David Palmer (24) ir de sobrado, pegar tiros y matar gente.
- Después de dos temporadas hay quien dice que Jonas Blane (David Palmer) caga más grande que Jack Bauer.
- Me recuerda tanto a El Equipo A que paso cuarenta minutos de tensión esperando oir "¡Aníbal, he dicho que en avión NO!".
- Muere gente.
- Tiene una trama paralela con las esposas de los militares que hace que todo tenga un carácter de conjunto a pesar de que las misiones sean sueltas.
- Las misiones son sueltas.
- Muere gente.

O sea, esto:


MAL:

- O el presupuesto es muy bajo o lo han gastado todo en banderas americanas.
- Las explosiones hechas con ordenador las hago yo mejor con los dos días de Corel que llevo a mis espaldas.
- Casi todos los episodios que no escribe o dirige Mamet son de vergüenza ajena.
- La imagen de que las mujeres de los guerreros solo sirven para follar y tener la casa recogida.
- Lo mismo da Irak, que Panamá, que Nueva Delhi. Todo se graba en el mismo desierto, con las mismas piedras y los mismos cactus. Pero eso sí, España no, Spain is different, Ejpaña es…. ¡¡¡¡¡¡ESTO!!!!!



Un país de bicicletas chopper, con más vespas que las películas de Nanni Moretti, con un 100% de población mexicana (siento no haber encontrado la versión original porque es impagable), y en el que la Guardia Civil, que no lleva tricornios sino alas delta en la cabeza, persiguen a los delincuentes a ritmo de rumba.

Aún así, yo me la he tragado enterita, haciendo uso de mi estómago de cuero en más de una ocasión, y dependiendo de quién estuviese escuchando, hasta la recomendaría.

¿He dicho que muere gente?

Sunday, January 14

Camisetas, Corel, Perros

Ayer regalé las camisetas a mi amigo y le encantaron. De hecho, no sólo él, sino alguno más que había en la misma mesa, me pidieron el diseño. Me siento más aliviado que orgulloso porque reconozco que son camisetas que yo no me pondría para salir a la calle, pero no todo el mundo tiene mis gustos y al parecer sí que acerté con los suyos, que era el objetivo.

Ahora que ya tengo el Corel (gracias Marina), pienso que quizá algún día pueda hacer alguna cosa más interesante con las fotos y dibujos que robe por ahí, además de perder muchísimo tiempo en el proceso. Llevo un día y medio metido en los tutoriales y el manual del programa, que es todo lo complejo que alguien con la mente muy enferma pueda diseñar.

Para aprender a manejarlo voy a necesitar paciencia, mucha paciencia y otra vida, que he echado cálculos y en esta, entre el fútbol y la cultura de club, no me va a dar tiempo.

De momento he aprendido a pintar elipses y líneas rectas de distintos colores. Decidme un punto de partida y un punto final, y os trazaré el camino más corto de vuestro color favorito.

Por último, quería haberos recomendado un concierto pero se me pasó y ya no va a poder ser. Era el de El Perro del Mar, que tuvo lugar ayer en Neu! Club.

El curioso nombre de este grupo que es en realidad una única mujer, sueca, eso sí, vino determinado por la compañía que un perrillo le hacía día sí, día también, a nuestra amiga Sarah en las vacaciones que por 2003 se tomó en las playas de España en busca de las musas.

Mientras unos se enganchaban a Operación Triunfo como fenómeno musical ya consolidado, vino una sueca, se comió una de calamares y se llevó la maleta llena de inspiración y de After Sun.

La primera vez que escuché el disco “El Perro del Mar”, su pop con toque naïf y la serenidad de la voz de Sarah me recordaron a Camera Obscura. Posteriores escuchas me descubrieron coros de chicas muy de los 50’s y 60’s (en la cabeza tiene uno a esas chicas de pelos peluca y sus vestiditos lisos hasta las rodillas), y otros guiños a la música de aquellos años(“súbiru apas” en Candy, “bibabalulas” en Party, “aú shalalalas” en People…)

Los arreglos vocales de "Party" merecen mención a parte, ya que hacen que la canción destaque dentro de un disco que ya las tiene realmente buenas. No es la canción que más gusta en la primera escucha, pero sin duda es la que más se recuerda al final del disco, igual que de un ramo de rosas uno se acuerda mejor de la que le ha pinchado y hecho sangrar.

Siento mucho no haberlo avisado a tiempo, pero si alguien ha estado en el concierto, estaría bien que nos contase qué tal. Entre tanto, haceos con el disco y escuchadlo pensando en vuestras próximas vacaciones de verano.

Thursday, January 11

camiseta

Tengo que hacerle un regalo con presupuesto limitado a un amigo y he decidido que va a ser una camiseta. Como las camisetas que hay por las tiendas o son muy caras o son muy feas, he decidido diseñarle yo una que podrá acabar clasificada en el segundo grupo pero que seguro que me saldrá bien de precio.

Cuando digo diseñar me refiero a coger una foto de Google y llevarla a estampar, que esto para mí, que soy hombre de ciencias, ya es un calvario. Hay que seleccionar una foto de calidad para que no salga borrosa, pensar que tiene que encajar con la personalidad del aquel al que se la regalas (chungo si tiene inclinaciones frenopáticas), y que debe ser, cuanto menos, no-fea.

El no-feísmo es un concepto subjetivo y por tanto de resultado arbitrario. Y como los hombres de ciencias no confiamos en la arbitrariedad, voy a terminar por hacerle la camiseta que me salga a mí del higo.

La camiseta será, por tanto, de color azul, porque el azul es el mejor color de entre todos los colores y el que mejor huele. Además combina fenomenal, que lo he leído.

Después de buscar 5 minutos encontré el dibujo ideal y pensé que lo gracioso sería ponerle un texto. Pero luego me han hecho plantearme que las camisetas no deben combinar texto con dibujos, igual que no debe combinarse el limón con la ginebra. No es lo suyo, punto.

Aún así, tengo unas cuantas ideas por las que no termino de decidirme y lo he de tenerlo listo para mañana.

Estas son las 4 PROPUESTAS 4 para estampar en la camiseta.


modelos

Y se ven más o menos así: (1), (2), (3) y (4)

Creo que lo tengo claro... o no.

Wednesday, January 10

ciudad pañuelo

Hoy soy un 50% harina, un 25% de azúcar, un 30% de mantequilla, levadura, agua de azahar, y tengo 3 huevos. Soy un roscón relleno de nata y empapado en chocolate, y si sigo así 20 minutos más voy a morir por una trombosis coronaria y lo voy a poner todo perdido.

Aparte de la orgía esponjada de roscones que me ha llevado a cotas perimetrales máximas, este fin de semana he comprobado, una vez más, que Madrid es una ciudad enana. Si os buscáis un poco las vueltas, seguro que conocéis a alguien que es colega de alguien que es colega de alguien que conoce al Rey y os puede colar en una recepción de la Zarzuela a tomar unas copas con Ernesto de Hannover, que desde hace años es el plan que nos apetece a todos.

En mi caso, la demostración salió como sigue.

A
Debido a la dejadez más absoluta en la que había caído este blog y al lío que me hago por no acordarme de una vez para otra de los nombres que pongo a mis amigos, opté por usar el nombre real, dándose la casualidad de que uno de los diez que me leéis -hola Fran, gracias por las cervezas-, los reconocisteis gracias a las tetas de Shirley Manson.

Yo no conocía a Fran, Fran no me conocía a mí, pero los dos conocíamos a una de las dos personas que por principios viven sobre este planeta sin comer verduras: Sebas, quien hasta entonces también desconocía la existencia de este blog.

B
A través del blog conocí a la Mujer Tirita, una rubia interesantísima de la que he conseguido hacerme agregado cultural para montones de conciertos, incluido el que The Secret Society dio en la sala Siroco a finales de octubre y con el que sacié el ansia que tenía por verles.

Gracias a una de sus reseñas en el magazine cultural y a su natural simpatía, la Mujer Tirita conoció a Pepo, guitarra y voz de The Secret Society, le habló de mi obsesión por su música y consiguió que él me leyese aquel día haciéndome enormemente feliz. También consiguió su palabra para que me grabase un EP del grupo que no está disponible en ningún lado, llevando mi felicidad a niveles desconocidos por los que no beben alcohol.

C
Este sábado, Sebas irrumpió en casa de Milio para llevarnos al bar de abajo donde había unos amigos suyos celebrando un cumpleaños. Salimos a la calle al grito de “bebida gratis” y nos incorporamos al cumpleaños que era de… ¡Fran!

Él, sin conocernos de nada, nos invitó a unas cervezas con las últimas monedas que le quedaban en el bolsillo después de conseguir que un montón de gente que había por allí tuviese la cara de haber estado muy sedienta en algún momento de la noche y de haberlo resuelto con nota.

Después de estar un rato comentando con Fran y su novia sus excursiones alteanas próximas a la muerte y a Benidorm, cada cosa más terrible que la anterior, me presentó a su primo, que es (tembleque de piernas y manos) el mismísimo Pepo Márquez, poseedor de un conocimiento musical que acompleja, un tipo con los pies en la tierra, y un cajón de sastre de anécdotas.

La moraleja de todo esto podría ser que Madrid es un pueblo y que ya os podéis andar con ojo si queréis follar sin que vuestra novia se entere, pero la voy a cambiar por esta otra:

Sábado 20 de enero en la sala Costello: The Secret Society + Sapiens
Viernes 26 en Moby Dick: The Secret Society + Biggot + Big City (banda revelación de este año pasado)


Allí nos vemos.

Thursday, January 4

los reyes son los padres

Llevo tres días buscando regalos y no puedo más. La culpa es mía por no haberlos comprado antes, lo sé, pero como esto de dejar las cosas para última hora es algo que está en el material genético del cromosoma Y, no me queda sino asumir que siempre andaré jodido por plazos de entrega, fechas de vencimiento y camisetas de tirantes.

El año pasado regalé a mi hermana el libro “Loca por las compras” de Sophie Kinsella y es a gente como la protagonista a la que me gustaría poner en fila para darle capones. Si ya colgué, por absurda, una foto de una cola de 20 metros mayoritariamente orientales en el exterior de la tienda que Louis Vuitton tiene en los Campos Elíseos, cuánta más hilaridad me provoca una cola de 7 tíos en una tienda de Malasaña que vende camisetas estampadas. Que vale que son originales, pero coño, ¿qué somos, hombres o comadrejas?

Del espíritu consumista de la Navidad prefiero no hablar porque soy tan cínico que solo me sienta mal si no soy yo quien recibe los regalos. Pero, haciendo honor a la educación que me han dado mis padres, he de decir que la auténtica navidad es esa en la que uno quiere mucho al vecino y le da los buenos días en lugar de limpiarse los pies en su felpudo cuando sube con los zapatos llenos de barro.

Después del maratón de compras que estoy haciendo, únicamente he conseguido traer a casa una miserable bandeja de plástico y cuatro platos de picnic que me han costado 50 euros. He tenido que tirar unos zapatos a la basura, he dejado de ir a rehabilitación y no he podido continuar con el gimnasio. Consecuentemente he ido acumulando estrés, ira y dolor de muelas de tanto apretar las mandíbulas.

Esta mañana, Elliot me ha preguntado qué me pasaba que estaba tan cascarrabias y me ha sorprendido porque no es que yo esté cascarrabias, es que yo toda la vida he tenido 85 años. Llevo dentro un señor mayor ultracatólico que tiene unas vecinas lesbianas que adornan con toda clase de gritos sus performances sexuales y que le roban el periódico del buzón. Si no hago deporte para dar escape a mi mala hostia, recurro a las compras (ver serie comprómata en Silent Shouts). Y si no me dejan comprar, solo me queda matar gente.

Afortunadamente para todos ayer hice borrón y cuenta nueva gastándome 80 euros en un jersey, y porque Dwalks no me dejó que me gastase 120 en otro, que sino hoy habría permitido hasta que me cogiesen la grapadora sin pedírmela.

Monday, January 1

NocheWieja.

Se acabó lo que se daba en 2006 y estamos casi igual, con más ojeras, más panza, y los mismos estúpidos propósitos que hace exactamente un año. No pienso hacer un resumen del año porque para eso ya están las cadenas de televisión, que actúan como si durante tres días no existiese actualidad y aburren como los diarios deportivos en temporada estival. Lo que sí me saldría muy natural hoy es escribir un post con muy mala hostia, que hace tiempo que no me prodigo, pero tampoco sería una feliz manera de comenzar el año.

Si toda la vida he despedido el año de la misma manera, dándonos un homenaje la familia entera, la manera de recibirlo no siempre ha sido igual. Los inevitables y locos programas de Martes y Trece, la imposible Telepasión, e irregulares fiestas rodeado de montones de gente borracha y con purpurina conforman mi particular collage de recuerdos.

Este año decidimos adelantar la Nochevieja al día 30 porque era sábado y nos permitía empezar la fiesta a las 5 de la tarde en el espectacular ático de Iki bebiendo copas y bailando lo de Hot Chip, Junior Boys y Cansei de Ser Sexy.

A eso de las once hicimos parada de transición en un bar cercano antes de que se fuesen los casados y luego continuamos viaje hacia el Pop&Roll. Esta vez yo estaba encantado de ir allí porque mi borrachera me había puesto en una actitud payasa muy propicia, sin embargo pasamos un poco antes por el Any Trouble, que es un sitio en el que se escucha la mejor música indie pero que tiene el problema de que la gente que va parece del casting de Acción Mutante.

En el Pop&Roll coincidí con una compañera de trabajo que al parecer es clavada a Amaral y que me pareció que estaba mucho más buena que entre semana. Estuve charlando con ella y juntamos su grupo de amigas con el nuestro, pero la noche iba a dar un giro, y bajo la promesa de un Sapphire con tónica íbamos a ir a la casa de unas amigas de Milio que también estaban allí. Reconozco que mi sensación de pollino tras zanahoria desapareció bajo las ganas de hacer algo especial en nuestra particular nochevieja.

La chica, que es azafata de vuelo y en un principio parecía prepotente hasta el punto de que apetecía follarla mal, resultó ser un buen plan y nos condujo a los que quedábamos y a su amiga hasta una casa enorme que tiene en Malasaña. Allí nos cambió el Sapphire por Larios y la tónica por limón, nos enseñó el tanga, nos vistió a Iki y a mí de azafatas, y nos tiramos unas fotos que espero no ver nunca.

¡Qué salados estábamos Iki, el sueco y yo charlando de cosas interesantísimas y superimportantes, mezclando miradas cómplices, ataques de risa, y arqueado de cejas sorprendidos como estábamos porque nuestra costumbre de quedarnos en los sitios hasta que nos echan se fuese a volver contra nosotros.

Al final acabó la noche sin chocolate con churros pero no la cambiaría por ninguna otra de este año que ya ha terminado, creo. ¡Suerte para el 2007!

Thursday, December 28

Felicidad vacacional navideña

Otra vez de vacaciones, mis primeras navideñas desde que empecé a trabajar hace cinco años, cuando tenía casi quince, y han empezado de la manera que a mí me gusta, sacándoles todo su jugo, hasta el de las cabezas de los langostinos.

El martes fue el primer día en el que descansaba mientras gran parte del resto de los mortales quebraba responsablemente el frágil equilibrio entre las ganas de quedarse calentito y metido en la cama, y la obligación de ir a trabajar.

Por mi parte, pensé que sería buena idea tomar esta semana como retorno serio al gimnasio y para coger inercia para cuando volviese a trabajar, que luego entre los partidos de fútbol y los soponcios en el trabajo solo llego a casa con ganas de calentar una pizza y meterme en la cama.

Fui al gimnasio y estuve media hora dando abrazos,explicaciones, y felicitando las Navidades. Ojalá pudiese ir al gimnasio siempre a mediodía, cuando no es necesario hacer cola para entrenar en los distintos aparatos.

Por la tarde quedé con Iván, que es tal como uno se lo imagina leyéndole pero más alto y sin cachirulo, qué majico. En principio íbamos a quedar los dos solos, pero pasé a recoger a Berlín a la salida del trabajo y se apuntó a pesar de las cincuenta insinuaciones que le hice de que este Iván podría ser un tipo peligroso.

El plan era ir al Kappa antes del cierre que le acecha por causas que aún no tengo claras. ¡Qué rabia me da que desaparezca un sitio que aún sin conocerlo ya había hecho mío! Tuvimos la mala suerte de que siendo martes estaba cerrado y nos quedamos con las ganas. Tampoco tuvimos suerte en nuestro intento con el bar de Lucía Etxebarría (id allí, a ver si entre todos conseguimos que se gane la vida con esto y deje de escribir), y acabamos en el F.M., que es un bar que regentan un señor que fue ciclista y su perro acróbata que camina hacia atrás.

Nos echamos unas risas y fuimos a Huertas a cenar unas croquetas macizas como el póster de Samantha Fox que cuelga la pared del F.M., y unos huevos rotos. A propósito del póster, disertamos sin darnos importancia acerca de si nos gustaba más Samantha en sus páginas centrales del Súper Pop o el tetamen saltarín de Sabrina en Nochevieja, pero no llegamos a ninguna conclusión como siempre ocurre cuando se habla de algún tema con calado.

El miércoles fui a Cobeña a jugar tres horas de frontón, que es algo sanísimo que uno debería hacer cuando no tuviese problemas de espalda, y a comer la especialidad del pueblo, el conejo.

Por la tarde pasé a conocer el centro comercial Plaza Norte 2, lo más hortera que existe en Madrid a menos que alguien me diga lo contrario. Conste que ya he tenido en cuenta la tienda que hay enfrente de la Almudena con los souvenirs de la boda del príncipe. Y ya por la noche fui a casa de unos amigos a cenar algo y tomar unas copas mientras echábamos unas partidas.

Así es como considero yo el remate perfecto a un perfecto día de vacaciones.

Hoy, entre el gimnasio y el frontón, no puedo ni toser de las agujetas que tengo, así que he decidido acercarme con mi hermana a ver la exposición de Escher que hay en el Canal. A esto también os recomiendo ir, que son cuatro euros de nada y la exposición los vale con creces. También os recomiendo ir temprano por la mañana porque luego se forman colas y no es plan de estar una hora en la calle pasando frío, que en el patio de entrada no da el sol y en Madrid no hace ya tiempo de salir en manga corta.

Paseando por la exposición han volado tres horas y he acabado en la tienda de souvenirs dejándome una panojilla, que es algo que me sale muy natural siempre que voy a alguna exposición.

Por fin me están sentando bien las vacaciones, ni siquiera la llamada de mi jefe esta mañana ha conseguido alterar mi estado de ánimo. Hoy os daría un abrazo a cada uno.

Monday, December 25

Feliz Navidad

Empezaré la crónica con la comida oficial de empresa que se celebró el jueves pasado en un hotel de lujo, igual que en los dos años precedentes. La celebración es una boda que se puede empezar a degustar desde primera hora de la mañana analizando los modelismos que traen algunas de las mujeres de la empresa, mandado correos críticos como si se estuviese cotorreando con voz chillona mientras se ojea alguna revista de peluquería. Terrible el concepto de elegancia que se gasta alguna por ahí.

Por mucho que me cueste reconocerlo este año fue el año de Dwalks, que estuvo inmenso atrayendo miradas, derritiendo corazones y quebrando ilusiones. Pasamos del "Jo, estoy encaprichada con Dwalks" durante la comida, al "¿Qué le pasa, que se cree muy guay o qué?" durante la segunda copa, y al "Tu amigo es un mierda" cuando estaba anotando el teléfono de la tercera chica que se le declaraba.

Al salir de la barra libre la mayoría de nuestro grupo decidió ir al Pop&Roll (prefiero muerte), mientras yo fui a empalmar con otra cena navideña de otro de los equipos de fútbol. Tragué millones de calorías sin mucho conocimiento en el Hollywood de Avenida de Brasil y acabamos viendo el fútbol y tomando pintas en el Irish Rover, con Beckham y Salgado a dos metros de donde estábamos nosotros. Me sorprendió mucho encontrarles allí porque es un sitio como de mucha masa y los dos estaban apoyados en la barra como podría estarlo yo, sin tumulto en torno a ellos ni nada por el estilo.

El resto del fin de semana ha sido muy normalito y lo he pasado tratando de readaptar mis biorritmos y comiendo lo imprescindible para poder decir que todo estaba muy rico.

En Nochebuena estuve todo el día ocupado desde por la mañana. Comencé el día con la operación pilosa que consiste en corte de pelo, depilación corporal y facial, y afeitado, todo hecho en casa con estas manitas, y no quedé mal, aunque la parte de la nuca siempre me crea incertidumbres.

En cuanto terminé, salí a tomar el aperitivo con el sueco y otros amigos entre los que estaba Iki, que me regaló “A Long Way Down” de Nick Hornby, traído directamente de Inglaterra y que no puedo esperar para empezar a leer.

Estaban todos los bares hasta arriba de gente, un alto porcentaje de la cual gritaba villancicos y alababa las bondades pectorales de las camareras. ¡Qué buen rollo hay estos días en los que se comparten amor y alcohol a partes desiguales!

Después de ir a descansar un rato a casa de Milio y disfrutar de un Sapphire servido con mucho, mucho cariño, y de una música excelente (no hay nada como regalar montones de discos a tus amigos para que cuando vayas a sus casas puedas escuchar TU música), fui a tomar un café a Bilbao con Dwalks, Kurt, AGr y CF.

Casi nada más llegar, recibí una llamada de Berlín, a quien no había visto en todo el fin de semana, y tras un pequeño pollo porque no le había dicho que estaba debajo de su casa, subí a buscarla y la llevé con los demás al Café Comercial, donde no paré de reírme igual que siempre que veo juntos y en acción a Kurt y AGr.

En una hora estaba volviendo a casa para jugar con los sobrinos y ayudar a poner la mesa. Me gusta estar en familia, aunque a mi padre las reuniones le superen y acabe perdiendo los nervios y cagándose en la puta. Y me gusta la Navidad cuando es Navidad. Feliz Navidad a todos.

Monday, December 18

Cenas navideñas (II)

Pues eso, que cuando llegué a casa de Berlín, que estaba un poco mosqueada porque en lugar de acompañarla al mercado me había quedado tomando copas con “mujeres”, allí estaban reunidas sus amigas, y entre ellas, el alma gemela de Paz Padilla.

Esta es una chica con la voz muy aguda, lamentablemente no lo suficiente como para que únicamente sea audible por los perros, y que tiene un montón de cosas que contar. Como que después de miles de años con su novio lo ha dejado, y ahora anda queriéndose beneficiar a todos esos aspirantes que la cortejaron. Eso sí, con mucho amor, que para eso es una chica.

Me quedé con la boca abierta cuando Pazpadilla dijo que al día siguiente se iba a follar a un chico de su barrio que tiene novia y Berlín y sus amigas no dijeron esta boca es mía, ni “eres una perra”, algo que me habría hecho ilusión oír. Igualmente me sorprendió que cuando les inquirí sarcástico si eso les parecía bien, me contestaron: “Es que él dice que no está bien con la novia”.

Os juro que me pareció escuchar el ruido sordo de las guindas golpeando el suelo de terrazo.

Después de cenar bajamos a la plaza del 2 de mayo a tomar unas cervezas y terminar la noche acompañando a las amigas de Berlín a coger unos táxises. Obligado, claro, porque yo, como soy cabrón y malo, pensaba que esperar a 6ºC en la plaza de San Bernardo a que todos cogiesen un taxi en la noche en la que la gente mata por uno, era una estupidez.

El sábado me levanté a las 2 menos cuarto y fui a comer a un restaurante gallego con unos amigos con los que todos años hacemos unos regalos de amigo invisible con retranca y presupuesto de todo a un eulo.

Este año fui a comprar a Popland, que es como era la droguería de mi pueblo hace 25 años, y salí de allí con unas pesas penianas para un amigo que folla tirando a muy poco y debe ejercitar los músculos para que no se atrofien.

A mí me tocaron unas pesas con pelotas de fútbol en los extremos para que pudiese compaginar mis dos obsesiones. Estas son las pesas:

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A Berlín, no entiendo muy bien por qué, le cayeron dos katanas con las que terminé una performance ninja fastuosa y sin recurrir a las tópicas bombas de humo.

Continuamos con las copas en un café que juraría que se llama “Las Horas”, y que está cerca de Tirso de Molina (¡qué bonica han dejado la plaza con su mercado de flores y todo!). Es el lugar perfecto para llevar una chica y conquistarla diciéndole que lo que te gusta de ese sitio es ir a leer poesía en francés mientras paladeas el amargor de un café de Egipto. Me tengo que asegurar porque en Google no lo encuentro, y os lo cuento para que triunféis como la Mirinda.

Acabé el día en otra fiesta, sí, esta en casa del escultor del que ya os he hablado en alguna ocasión. Era una reunión con las amigas de su novia, que son todas guapísimas y con unas vidas tan interesantes que me dieron ganas de quitarme la mía y comprarles las suyas. Gente asceta dedicada al enriquecimiento del alma en general, pero con hipoteca, como todos. Me encantó estar allí y me encantó estar con ellos, que uno es muy sencillo y agradece cuando le sacan del corral.

Sunday, December 17

Cenas navideñas (I)

Toca a su fin la primera oleada navideña y más o menos puedo decir que he salido indemne. Indemne gracias a que no he perdido los papeles en la comida de la empresa, a que no he perdido el conocimiento en las cenas con los amigos, a que no ha habido cámaras de fotos, y a que no me he encelado en la compra de regalos.

El jueves por la noche fui de cena con mi equipo de fútbol sala al Nina, en la calle Malasaña. Este restaurante no tiene muchas pretensiones, pero tampoco pocas. Con un diseño moderno en rojos y negros que resulta agradable aunque no sorprende por su originalidad, una carta elaborada en la escuela del canónigo y del micuit de pato, destaco el servicio, muy bueno para lo que últimamente nos tienen acostumbrados a sufrir, y recomiendo la ensalada de pulpo, y el solomillo de buey, que es uno de los pocos sitios entre millones en los que te lo sirven poco hecho si lo pides poco hecho.

Id allí y comed a gusto porque tampoco es un rejón. A nosotros con primero, segundo, vino y postre, nos salió la cena a 28 euros.

El viernes teníamos la comida no-oficial de empresa. En ella nos reunimos unas 40 personas que realizamos la misma actividad pero en distintos sectores, y vamos a algún sitio próximo a la oficina a comer el menú del día.

Como después de 5 años ya conozco a todos los compañeros, me gusta aprovechar la ocasión para sentarme con alguien con quien no lo hago habitualmente, o sea con cualquiera menos con Dwalks, aunque esto tampoco me resulta fácil porque históricamente ya están hechos los grupitos y no todos son idóneos.

Está el del sector mayoritario que es una piña que tiene piñones y tú no los comes (en adelante, la secta), y luego están los grupitos minoritarios que se reúnen en torno a la animada compañera que a la segunda cerveza ya está hablando del color de sus bragas, o en torno a la que lleva el escote más pronunciado. El carisma tiene poco que hacer contra las hormonas.

Otra cosa que no me gusta mucho de las comidas de empresa, además de los casados que se lanzan furibundos a por cualquier indicio de polvo extramatrimonial, y de las toñas que acaban en llantos de magdalenas, es el linchamiento cómplice que se hace siempre de algún compañero y la marginación a la que me siento sometido cuando digo que yo no tengo problemas con nadie.

Justo cuando estaba llegando ese punto, tuve que ir a casa de Berlín donde me esperaba ella con unas amigas suyas con las que celebraba su cumpleaños. Con la actitud y la gracia con la que llegué, me habría hecho con el control de cualquier reunión, pero Berlín tiene una amiga que ya se puede uno reír de los discursos de Fidel Castro.

[Y lo dejo aquí porque me muero de sueño, no por hacer una pausa dramática antes de un desenlace inesperado, pero continuará].

Wednesday, December 13

Rehabilitación

Hoy he comido la ministra, con una de ellas. Digo esto lo primero para que no pase desapercibido lo importantísimo que soy para el orden mundial y os de tiempo de enviarme estupendísimas cestas de Navidad como agradecimiento. Había otras ciento veinte personas, pero yo era, con diferencia, el más joven y guapo de todos.

Una vez aclarado, y después de una semana entera de vacaciones que me ha sentado fenomenal, ayer empecé la rehabilitación de la rodilla y de mi dedo gordo. Estuve una hora y tres cuartos entre microondas, láseres, hielos y otra maquinaria de tortura. Estoy muy decepcionado porque de los 6 ejercicios que tengo que hacer, en ninguno me tocan, y a mí me gusta mucho que me toquen. Tampoco me gusta que las fisios sean las mismas que las del año pasado. Sin embargo, sí me gusta que las fisios del año pasado sigan estando igual de buenas, me gusta que me hayan recordado y que me sonrían mucho, y también me gusta la ilusión que me ha provocado descubrir que las microondas no solo sirven para calentar la leche.

En el fondo soy feliz en rehabilitación porque es una verdad como el ego del juez Garzón que a los hombres nos gustan las mujeres de uniforme, y es igualmente cierto que dentro de las mujeres uniformadas, las enfermeras nos atraen especialmente. Y esto no solo lo digo yo, sino tambíen montones de películas que la mayoría negaréis haber visto jamás.

Después de la emocionante rehabilitación jugué dos partidos de fútbol. Para poder hacerlo tuve que soportar los reproches de Berlín, esquivar a mi padre y decir media verdad a mi madre, que la quiero mucho pero me aburre un poco cuando me regaña.

Hablando de mi madre, me río mucho con ella. Recuerdo que hace un par de semanas en una charla que tuvimos acabé diciéndole, dentro de una conversación bien humorada, que estaba como una cabra. Se tiró dos días topándome con la cabeza y partiéndose de risa.

Hoy he vuelto a jugar otro partido. En mi casa se han cansado de llamarme imbécil y me preguntan si ya me ha fichado el Madrid, que viene a ser lo mismo pero en sarcástico. Y yo es que no lo puedo evitar, necesito correr, dar patadas y practicar deporte, que esta mañana al salir de la ducha me he visto la barriga y me ha salido una cana.

Además entramos ya en el período de las cenas navideñas de las que acabaré haciendo un post aparte. Voy por la segunda, el jueves tengo la tercera; el viernes comida y cena; y el sábado comida. Como la semana que viene se plantea incluso peor, he decidido tirar del Sun Tzu del obeso y me he puesto como objetivo comer la mitad de los platos que me pongan, beber en la mitad de las rondas que se sirvan, y no repetir postre. Un objetivo tan absurdo como llevarse los apuntes de la carrera en las vacaciones de Semana Santa, pero que a mí me hace ilusión.

Ah, ah, ah, una cosa más: Infiltrados me pareció un coñazo y Scorsese me atufa desde hace ya unos años.

Tuesday, December 5

Legalos

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Tenía pendiente un post de agradecimiento a Dwalks por los regalillos que me ha traído de China, pero como el muy miserable solo me ha traído tres, para darle algo de contenido os voy a proponer un juego:

La foto del encabezado es de los regalos en sus cajas, y vuestra misión es tratar de adivinar qué son. Mientras pensáis y ocupáis vuestras mentes, en segundo plano os voy contando a pinceladas muy gruesas, a brochazos más bien, lo que he hecho este fin de semana. Al final del post pondré una foto con los regalos fuera de sus cajas para que comprobéis vuestro porcentaje de aciertos.

El viernes celebré con los amigos la reunión anual en el casino. ¿En cuál?, me preguntaréis. En el de Torrelodones, tocarme los cojones. Perdón por la grosería, pero así evito que alguien se lance en los comentarios y me haga perder los nervios.

Lo que hacemos allí es básicamente lo que hace la gente refinada como nosotros, un concurso para ver quién es el que más come. A pesar de que algún año me he llevado el trofeo, siempre consideraré ganador emérito a mi amigo Iki, quien al final de la cena y después de varios platos de postre, se levantó a dar buena cuenta de una fuente de langostinos.

Después de cenar y con algo de mareo, pues es mucha la sangre que nos baja al estómago, paseamos entre las mesas, jugamos unos euros, y miramos los carísimos escotes que pasean entre lo más manirroto de la caspa.

Todo esto es muy paleto, pero nos encanta y lo hemos convertido en tradición y superstición, de manera que no sólo lo hacemos por lo que lo disfrutamos, sino por miedo a que el cenizo se nos eche encima si algún año faltamos a la cita.

El sábado concierto y copa urgente con Dwalks, algo que a pesar de sus proposiciones no hubiese aceptado si Elza no me hubiese exhortado a ello cuando ya iba camino de casa: "¡¡Te vienes ya!! Soy Elza, por cierto." Me encanta tener amigos así.

El domingo comí con Berlín, a quien no había visto en todo el fin de semana, y fui al Bernabeu. Este año me estoy hinchando a ver partidos, la verdad, y estoy encantadísimo a pesar de que el Madrid no juegue un pimiento. Yo es que soy muy fans. El único problema es que los asientos están hechos para niños de 10 años y en ellos no cabe el culo de un adulto normal. A pesar de la suerte que tengo porque mis amigos son de tamaño estándar-no gordo, en invierno y con toda la ropa de abrigo, uno de los tres se tiene que sentar de lado para caber bien. Al final 2-1 al Bilbao, oéoéoé.

Después del fútbol fuimos a ver Casino Royale, esa película de culto de la que apenas se ha hecho promoción. El caso es que está muy bien, aunque a mí la protagonista no me pareció lo suficientemente tremenda para lo que espero de una chica Bond. También es cierto que me gané una buena bronca cuando hice este comentario en público al final de la película.

Un detalle: si os fijáis en los créditos del comienzo de la película, no veréis las típicas siluetas femeninas, pero sí podréis ver unos fractales de esos.

Y ya, aquí la solución:

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Como habréis observado, se trata de paquetitos que rellenan perfectamente los huecos de la maleta, y es que cuando uno viaja a China y le hacen encargos, la ingeniería de espacio, aplicable también en los maleteros de las familias numerosas, es fundamental.

El número 1 es una caja nacarada china que contiene unos palillos también genuinamente chinos y que pienso usar muchísimo. El otro día, por ejemplo, me sirvieron para sacar una cosa que se me había metido debajo de la cama, y para imitar con gran éxito de crítica y público a mi madre cuando hace ganchillo.

El número 2 es un ¿condón? Pues yo apostaría a que sí, pero después de estar palpando el sobrecillo metálico ni Dwalks ni yo podemos asegurarlo. Desde luego, si lo es, los chinos no los enrollan como el resto del mundo.

El número 3 es una baraja de poker con ilustraciones de Pin Ups chinas que me tiene absolutamente loco. Alguien que me regala esto es alguien que me conoce muy bien y a quien no le importa perder su panoja echándose unas manitas conmigo. Ya solo nos faltan tres para la partida.

En serio, Dwalks, muchas gracias por acordarte. Me ha encantado todo.

Sunday, December 3

Tú la llevas

Camiseta concierto

Ayer me levanté con un pequeño dolor de cabeza consecuencia de los primeros brindis navideños con champagne. Lamentablemente, en lugar de ir a mejor, el dolor de cabeza se fue haciendo más fuerte y a eso de las 16:00 me quería morir, así que decidí echarme una siesta de la que no me levanté hasta las 19:30.

Aún con sueño y una elevada presión intracraneal, salí a la aventura de la M-30 camino de La Riviera. A pesar de la lluvia no tuve mala suerte, ya que apenas tardé 45 minutos en lo que hasta hace unos años (¿cuántos llevamos de obras?) me llevaba 15. También tuve la fortuna de poder aparcar a 10 minutos andando de mi destino, algo que sin dudar, me condujo a pensar que estaba en racha.

Como llegué a la hora a la que habíamos quedado, me metí en el Burger King que hay enfrente de la sala para hacer tiempo. Aguanté con mi menú Whopper al lado de un niño de unos 10 años cuya mayor ilusión en la vida era hacer ruiditos con una bolsa aerofágica y pedorrera que no lograba sino mermar mi paciencia. Afortunadamente para ambos, mis amigos llegaron con las entradas un minuto antes de que le tuviese contra la pared sujeto por el cuello.

La Riviera, por si alguien no la conoce, es esa sala de fiestas en la que dan conciertos. Que nadie se piense que es una sala de conciertos porque no lo es, por mucho que los dueños se empeñen en tratar de demostrar lo contrario.

Únicamente conozco dos sitios con peor acústica que La Riviera: los baños de mi oficina y... Vaya, no, solo conozco uno. Lo bueno que tiene es que con la mala acústica de esta sala me pasa igual que cuando entro en un sitio que apesta: que a los dos minutos ya no lo noto.

La primera impresión que me llevé al entrar en el concierto prácticamente a la mitad, fue como si alguien estuviese tratando de hacer música con una sierra mecánica, una idea reforzada por la imagen del guitarrista que, de espaldas al público, se retorcía como si fuese un gusano.

Una vez que el oído se me hizo a las distorsiones y resonancias tuve el placer de escuchar tres buenas canciones de esta banda que tiene más de 12 discos a sus espaldas. Temas que después eran alargados hasta el infinito con un guitarreo en el que la fuga de notas era predominante. Daba igual, la gente estaba entregadísima, era uno de los públicos más fans que he visto. Un fanatismo que iba parejo a la falta de sentido musical y de respeto.

Este grupo que en un ejercicio de sinceridad había llamado "Murdering the Classics" a un infumable disco de versiones, en directo alternaba temas muy guitarreros con otros más lentos. En uno de estos últimos interpretado por la suave voz de la batería-cantante, un fans se rompía sus manos dando palmas marcando el ritmo de su mundo interior hasta que le llamaron la atención; y en otro tema de los lentos que tenía un fragmento silbado, la gente se puso a silbar al que silbaba.

El final de fiesta, a pesar de un rock que nos puso a todos a baliar, fue caótico, con una mezcla de estilos antagónicos que me lleva a pensar cuánto mal han hecho las drogas en los cerebros de los jóvenes de los 70.

Ah, sí, el grupo se llama Yo la Tengo y les compré una camiseta. La gafapasta es lo que tiene, a veces.

Tuesday, November 28

Soria, China y Euskadi

Este fin de semana he estado en Soria, pura y cabeza de Extremadura. ¡Qué bonito es y qué frío hace en Soria!

Fui allí con unos amigos a los que conocí a través de un compañero de la universidad hace 5 o 6 años. Son muy buena gente, pero ninguno quiere venir nunca conmigo en el coche porque no les gusta mi música. Dicen que todo lo que les pongo hace ñigu-ñigu-ñí y uauauauaaaa en versión "enchufado", así que cuando se dieron cuenta de que no habían cogido CDs, llamaron a Berlín y no a mí.

Y no es que yo tenga nada en contra de la edad de oro del pop español, no, que es algo que me parece a mí que está aún por venir, pero una cosa es una cosa, y otra es la condena a cadena perpetua con sesión continua de Sabina que me llevó a pedir a gritos la muerte. La de Sabina, claro.

De vuelta al trabajo, esta semana sigo como siempre, salvando al mundo desde el anonimato. Cuánto esfuerzo y qué poco reconocimiento. Hoy al menos me he llevado un alegrón a eso de las 12 cuando Dwalks me ha escrito un mensaje anunciándome que ya estaba en casa. Inmediatamente le he llamado para que me dijese qué me ha traído y si estaba bien después del palizón de los vuelos.

Ha estado contándome cosas del viaje, cosas tan interesantes que en cuanto he colgado el teléfono he anunciado a mis amigos que este año voy a ahorrar para ir a China con Dwalks el que viene, aunque él no quiera. Después se lo he dicho a Berlín durante la comida y ella no ha dicho que no, sino adelante. Le voy a tener que regalar algo grande por su cumpleaños a esta chica.

Después de comer he vuelto al trabajo y he estado charlando del fin de semana con una amiga que había ido a una taberna vasca a comer pinchos y beber Chacolí. Cuando lo he oído ya no he seguido más su conversación porque me ha devuelto un trauma que tengo con esto y que me recuerda a esos asesinos en serie a los que sus padres les pegaban de pequeños si se vestían de mujer.

Mil veces he escuchado eso de "¡Cómo molan las tabernas vascas! Te hinchas a pinchos y como cobran contando los palillos, si los tiras al suelo pagas la mitad!". Ruín, sí, como ese número de miserables que mueren al año atragantados con un mondadientes y con 100 euros en el bolsillo. Económico, también.

El caso es que yo, igual que soy incapaz de mentir, también soy incapaz de tirar los palillos al suelo, aunque de esto no les puedo echar la culpa a los curas sino a la película Rainman, el libro es peor. Porque cada vez que voy a un vasco y tengo el palillo en la mano, veo a Dustin Hoffman saliendo de la barra, golpeándose la cabeza con la mano abierta y gritando "¡Hay 218 palillos en el suelo! ¡Hay 218 palillos en el suelo!"

Friday, November 24

El "voy"

Ayer quedé con mis amigos crápulas porque era jueves y los jueves es el día para quedar con los amigos crápulas, todo el mundo lo sabe. Los jueves son además el día de la paella, pero esto no tiene nada que ver. También quedamos porque hoy tres de ellos han salido hacia Lisboa en busca de la belleza con mostacho, que aunque ya les he dicho yo que de bigote nada, les sigue haciendo ilusión.

Hacía casi dos semanas que no les veía y teníamos muchas ganas de contarnos cosas: Uno que monta un partido político (ya os diré a quién hay que votar para alcalde), otro que se va a forrar poniendo una casa rural al lado de un campo de golf, otro que vive una vida nocturna de tensión constante rodeado de mujeres con las que sí, pero no…

Elegimos una mesa en un rincón y nos sentamos los 7 a beber unas pintas de Paulaner. Media hora más tarde, empezaron a entrar por la puerta mujeres de catálogo de agencia matrimonial rusa, pero con un aire más sueco, más de H&M. Una, dos, tres, ocho, diez... Y claro, nosotros mudos, con la espalda rígida y el gesto contrito.

Una vez hubieron pasado todas, giramos los cuellos a su posición natural y continuamos con lo nuestro, que era hablar de ellas. Que si la de blanco es muy elegante, que si la de las mallas está mirando... Estas cosas dan mucho de sí.

En esas estábamos cuando cuatro de ellas se levantaron, y vinieron a nuestra mesa.

- "Hola chicos, ¿qué tal? Resulta que nuestra jefa se va y le hemos preparado una fiesta de despedida. Nos gustaría que uno de vosotros fuese a la mesa, preguntase por ella y le hiciese pasar un buen rato haciéndola creer que es un boy. Por favor, por favor, por favor... No tiene que desnudarse, claro, pero"

- "¿La puede besar?” Interrumpe el sueco.

- "¿Cómo?"

- "Que si la puede besar."

- "A ver, sueco”, dice otro, “Aquí el único que se puede quitar la camiseta y mantener la dignidad es Would."

En ese momento todos se volvieron hacia mí, diciendo sísísísí. "Bueno, nos lo pensamos y ahora va uno para allá.”

"Oye, que yo no voy", les digo en cuanto se van las chicas. Que vale que soy enrollado y hago deporte, pero también es verdad que el miedo que le tengo a las mujeres de despedida no es racional. "Que no, que no voy. Ya sé que son guapísimas y divertidísimas, pero lo que hace falta es alguien que las vacile, no que les enseñe a mover las tetas. Sueco, ve tú, que no has conocido la vergüenza".

El sueco, en el tiempo que pasa entre que llamamos a Sebas por teléfono para que vuelva a ver aquello y llega, se pide dos tequilas y dice "Voy".

Entonces LM se levanta para dejarle salir pero no se acuerda de que estamos sobre una tarima, tropieza y empieza a caer como a cámara lenta. Primero un pie que no encuentra el suelo; luego una mano que araña la pared intentando agarrarse desesperadamente a algo; la otra mano que se viene hacia mi hombro para apoyarse y que se cierra en el vacío porque me aparto para que me arrastre con él; primer golpe que se da contra la mesa ¡plas!; segundo golpe contra la silla ¡plas, plas!; y caída final al suelo ¡plum! con todos los demás diciendo “¡Ahí va el voy! ¡Voy!”

Adiós a la sensualidad del momento.

Pero al sueco esto no le importa, él ya tiene la actitud de quien se gana la vida satisfaciendo a las mujeres. Él es un boy y está concentrado en lo que tiene que hacer. Coge los regalos que tiene que entregar a la homenajeada y camina hacia su mesa.

Llega allí entre aullidos, palmas y silbidos, y entrega el primer regalo. Está en su salsa. Espera con media sonrisa a que termine de abrirlo, y le tiende el segundo. Cuando la chica lo va a coger, lo retira y con un dedo le dice que vaya hacia él. Ella se ríe con ganas e intenta salir, pero como está en el medio de una mesa de 20 y pegada a la pared, le dice que no puede y extiende las manos.

El sueco se crece ante las dificultades, se apoya en una silla y se pone en pie sobre la mesa. Coge la mano tendida de la chica y le ayuda a subir junto a él -pena que no estuviese James Cameron porque podría haber rodado el final alternativo de Titanic-. Le entrega el regalo, la abraza y le da dos besos. Ese es nuestro sueco.

Una vez cumplido su trabajo, vuelve hacia nosotros poniendo cara del Bond de Roger Moore y acompañado de aplausos y vítores procedentes de la mesa que abandona. Es un tío con clase que está cuando se le necesita. Un profesional.

Cuando llega a nuestra, se sienta en su sitio, bebe un trago de cerveza y dice sin torcer el gesto: “Creo que le he tocado una teta”.

Thursday, November 23

El satélite de las semillas

Como hace mucho que no saco a pasear mi pasión por las frutas y verduras, mi vocación profesional primera después de dibujar casas y ser trapecista con el circo de los muchachos, ahí voy.

Hoy me he encontrado la noticia de que ya han vuelto a la Tierra los 215 kilos de semillas germinadas que unos chinos pusieron en órbita hace 15 días para conseguir superfrutas y verduras mutantes gracias a su exposición a la radiación cósmica y la gravedad cero. Ole, ole, y ole los chinos, que cansados de construir misiles y hacer imitaciones, se lanzan a la carrera espacial cogiendo el rábano por las hojas.

Pongamos que es cierto que las radiaciones en el espacio provocan mutaciones en las frutas. ¿Qué ocurre entonces con los astronautas? ¿Alguien les cuenta los dedos cuando bajan de la nave?

Pongamos que los granos de arroz que han lanzado al espacio han mutado en genuinas supersemillas superastringentes y con superpoderes. ¿Podrá el campesino cantonés reproducir las condiciones de radiación e ingravidez si el mecanismo más sofisticado con el que cuenta es el mechero con el que enciende sus cigarrillos chinos?

Yo estoy muy a favor de la revolución verde, de los transgénicos y de la investigación en general, pero me muestro un poco escéptico en cuanto a la eficacia del turismo espacial de las semillas. También es verdad que algo debe haber de cierto cuando en la noticia que pone en duda la eficacia de la mutagenicidad, se habla literalmente de los “pimiento trees” de los chinos cósmicos.

Siguiendo un poco más la noticia, también caigo en la diferencia abismal que hay entre los extraños chinos y los cabales norteamericanos, que en alguna ocasión anterior en la que enviaron semillas al espacio, la NASA acabó repartiéndolas entre los niños de los colegios.

Pero no todo son quejas, ¿o acaso hay alguien que pudiera estar en contra de los melones de dos cabezas, de los tomates cherry que explotan con tanta fuerza que pueden reventarte las muelas, o de las manzanas con sabor a pato laqueado, o a pollo teriyaki?

Me fascina la agricultura, pero me vuelven más loco aún los chinos, especialmente los de pies grandes.