Tuesday, June 28

Hello stranger!


Todo el mundo tiene una canción que parece escrita para él, que cuenta con sencillez y de principio a fin todo lo que es su realidad, lo que fue o lo que imaginaba que era, llegando en ocasiones a moldear la propia percepción si se escuchan en momentos especialmente sensibles.

Esas canciones gustan porque realmente están escritas sobre experiencias universales o lugares comunes.

Natalie Portman, Jude Law, Julia Roberts y Clive Owen me han puesto los pelos de punta este fin de semana al reconocer diálogos propios, y revivir sentimientos en papeles que aunque a alguien le puedan parecer estereotipados, nunca antes había visto interpretar con tamaña credibilidad.

Tengo mucho más escrito de esta película porque en dos días la he visto tres veces y en la última no he podido evitar sentarme a escribir para descargar sensaciones, pero no es mi tono ni quiero aburrir. Solo quería decir a quien no la haya visto que merece la pena escuchar unos diálogos brutalmente reales y ver unas interpretaciones por fin creíbles (v.o), independientemente de que uno pueda reconocer la realidad en la película en mayor o menor medida.

Saturday, June 25

lolitas



Ya pasó San Juan avisando que por fin llegó el verano, aunque como siempre no habría hecho falta esperar para que uno se diese cuenta.

Desde hace ya más de dos semanas, se suda la gota gorda en el Metro, las piscinas han abierto para solaz de carteristas y descuideros, ha vuelto el Grand Prix de Ramón García y los niños han terminado el colegio y tomado las calles.

Se ve que yo de esto último me he dado cuenta porque también he adelantado mi hora de salida del trabajo al comenzar la jornada intensiva, otro indicador veraniego. Así que ahora, cuando algún día que me entretengo más de la cuenta salgo a la calle a eso de las 5 y media, me encuentro con un montón de chavales por la zona que es bastante céntrica.

Este viernes, salí tarde de comer con Dwalks e hicimos un intento de dar un paseo comercial, aunque finalmente nos pudo el calor y tratamos de resguardarnos en el Metro.

De camino, antes de rendirnos, nos cruzamos con un grupo de niñas de 14 o 15 años, de esas tan monas que van con los pantalones de cintura caída, las camisetas de tirantes, el flequillo que les tapa un ojo y media cara, las deportivas de moda y los collares ajustados al cuello o de bolas que llegan al ombligo.

Sí, esas niñas tan graciosas y pizpiretas, sí. Las mismas que cuando van en grupos de más de 10 acojonan, ¿o no? Que se lo pregunten a Tippi Hedren, si no le parecía bonito el ruiseñor y no se cagó de miedo cuando 200 pájaros se le tiraron a sacarle los ojos.

Cuando las ves que van tan uniformadas que parecen animadoras de un equipo y con el pavo tan subido que vitorean al unísono con silbidos incluidos al primer tío cachas que pasa en camiseta de tirantes o al primer pijo con camiseta tricolor de Tommy Hilfiger, hay que tener cuidado y hacerse el muerto para evitar su ataque. No basta con morderse la lengua, como se hace con las abejas.

Hace algo más de un año iba caminando con Elliot cerca de Ópera, con nuestros trajes camino del Teatro Real, cuando nos cruzamos con un grupito de éstos que comentaron a nuestro paso y a voz en grito “Mira tía, esos dos tíos están muy buenos, ¿no?” Inyección de adrenalina y subidón al ego. “Sí, tía, pero son muy mayores”. Carrera a comprar un lote completo de Age Fitness de Biotherm.

Esta vez con Dwalks salimos indemnes, pero estoy aterrorizado porque sé que ellas huelen mi miedo.

Wednesday, June 22

zzzzzzzzzz ¡plaf!


Ayer me eliminaron del campeonato de pádel en cuartos de final, así que adiós a revalidar mi título y al regalo. Fue un partido disputado tras el que acabé con molestias en los riñones, la boca seca, y los pies ardiendo como los genitales de Michael Jackson después de ver los Niños del Coro.

Herido en mi orgullo, después de dos horas de partido, fui una hora más al gimnasio a descargar la decepción. Para cuando llegué a casa, mi cuerpo desprendía más calor que las piedras de la sauna y no me pude dormir hasta las 2 de la mañana, totalmente desnudo y con todas las ventanas de la casa abiertas para que se generase corriente.

Como seguía sin poder dormir, antes de decidirme a apagar la luz estuve leyendo un rato, atrayendo a todos los mosquitos de la zona igual que los latidos de los neones de carretera atraen a los corazones solitarios.

A los 20 minutos de cerrar los ojos me picaba la espalda, la frente, la mano derecha, y el culo. El culo muchísimo y el culo por encima de todo. Allí había entrado toda la puta sección de donaciones y transfusiones de sangre del 12 de Octubre y me estaban vaciando a base de bien.

Como estaba tan cansado, no pensé en los mosquitos hasta que me encontré rascándome el culo como un mandril, y dándome palmotadas en la cabeza y orejas intentando eliminar la amenaza cada vez que les oía hacer un vuelo rasante como si fuesen de la Luftwaffe. ¡Chulos...!

Para un espectador ajeno al sueño y los picores, no existiría ninguna duda de estar presenciando un ataque severo de un caso de discapacidad mental auto lesiva.

Después de unos rascados y de la pérdida de la paciencia, me levanté, cogí el bote verde con un mosquito negro pintado en medio y lo vacié en mi habitación. A mi me picarían los ojos y los pulmones, pero a todos esos cabrones me los iba a cargar como que me llamo Would.

Esta mañana, en el culo, además de las agujetas por el partido de ayer, tenía 2 bultos rojos e intermitentes que me recordaban que lo de dormir desnudo quizás no sea tan buena idea.

Tuesday, June 21

Aquellos Maravillosos Años

Recientemente Itwalks celebró su bloganiversario. En mi caso, no tengo muy claro que sea algo que haya que celebrar, pero aún así no me resisto a constatar que mañana Silent Shouts habrá cumplido un año.

Dwalks ya se llevó todos los elogios, así que me preparo para que me aticéis con todos los palos que tengáis al alcance de la mano y los que os de tiempo a ir a buscar antes de que publique otro post. Piñata Would.

Flash-back de cómo y por qué empecé a escribir un blog.
(Resumen, que nadie salga huyendo).


Había una vez una comida veraniega que Dwalks y yo hicimos en el Fress&Co a la salida del trabajo. Cuando él me preguntó si sabía qué era un blog y vio la cara de besugo que se me ponía mientras hacía detonación controlada de un tomatito cherry en mi boca, decidió proceder a la explicación.

Tras contarme vagamente qué era esto y darme un par de links de referencia (Uma una vez más), me dijo que él tenía uno, y como soy un envidioso incontrolable le dije “Pues yo quiero el mío”, y subí corriendo a la oficina a registrarme y escribir la mayor gilipollez que me pasó por la cabeza en ese momento (a los curiosos les ahorro el trabajo de buscarlo).

Sí, me avergüenzo de aquello, pero las reglas no escritas de los blogs dicen que jamás debe borrarse un post ni un comentario.

Lo que no dicen, pero deberían, es “Ten cuidado con quién hablas de tu blog si quieres escribir siempre libremente”.

Silent Shouts nació verde porque yo tengo una relación muy especial con las plantas y soy fan fatal de todo lo que tenga clorofila y haga fotosíntesis, pero a la mitad del camino, en uno de mis frecuentes ataques irracionales e impulsivos, decidí cambiarlo por el azul.

No es muy sorprendente, lo sé, pero a veces soy así, previsible en mis espontaneidades.

Bueno, y para celebrarlo, no hay pastel, pero sí mi primera foto en un año de posts para satisfacer las demandas de los miles y miles de mensajes sms recibidos en el 5535. A ellos y a mi vena exhibicionista. (Es Santander).

would espaldas santander

Podéis dejar los regalos en la entrada o en la sección de comentarios. Gracias a todos por venir.

Sunday, June 19

wedding season

Ya se ha abierto la temporada de bodas. Los fotógrafos han engrasado sus cámaras conservadas con mimo durante el invierno, como hacen los cazadores con sus escopetas cuando finaliza la veda, y los montadores de vídeo han afilado sus tijeras para recortar los momentos “amigos del novio enseñan los culos vs. amigas de la novia se levantan las faldas” y poder presentar algo digno a los novios y construirles lo que socialmente está considerado como “un buen recuerdo de boda”.

Con un record de 8 el año pasado, parece que este va a ser más tranquilo en cuanto a plusmarcas matrimoniales, aunque tengo la certeza de que es un movimiento bola de nieve que antes o después va a terminar engullendo hasta a los niños que llevan las arras.

La celebración tuvo lugar el viernes por la tarde en El Escorial. Como no trabajaba decidí no gastar un día de vacaciones, pero teniendo en cuenta las procesiones escurialenses que se celebran en la carretera de La Coruña todos los viernes, como si todavía hubiese peregrinaciones a ver los milagros en la pradera, opté por hacer el viaje en 2 etapas, con escala en Villalba.

Como aún así sabía que iba a coger atasco, eché al coche un tetrabrik de gazpacho para que me hiciese compañía y del que prácticamente había dado cuenta antes de coger la A-6.

Llegué a Villalba con la boca con sabor a ajo, saqué las cosas del coche y me subí a casa a planchar el traje. “A ver, yo le he visto a mi madre enchufar esto por aquí y echar agua por este agujero. Luego aprieta este botón que hace flus flus y pasa la plancha por encima de la ropa… Aunque creo que ella la estiraba antes”. Media hora después ya tenía planchado el pantalón.

Evidentemente, y para honrar mi impuntualidad, salí tarde para hacer la segunda etapa hasta El Escorial y la plancha de la camisa se fue al garete porque en el atasco que me encontré, con la tensión, ni siquiera el aire acondicionado evitó que rompiese a sudar como si estuviese pasando paquetes de hachís en la aduana de Estambul justo después de haber visto el Expreso de Medianoche.

Llegué a la iglesia tras recorrerme aterrorizado dos calles prohibidas, aparcar el coche pegado a un muro, estar a punto de dar con mis dientes en el suelo al tener que salir por la puerta del copiloto, y darme cuenta en la carrera que había olvidado los gemelos. Viva la fiebre del sábado noche, Would.

Me senté con un amigo al que hacía mucho que no veía, así que nos tiramos casi toda la ceremonia charlando y probando con los demás el efecto imán melón que se produce en los sitios silenciosos: Tú te sientas e inclinas lentamente la cabeza hacia un lado, girando un poco el cuello como si fueses a decir algo, y como acto reflejo, atraído por una fuerza magnética invisible, el que tienes sentado a tu lado hace exactamente el mismo movimiento cabeza hasta que casi podéis chocar los melones. Entonces, le das y esperas a ver su cara de sorpesa.

Después de que la novia de mi amigo nos dijese muy seria que le recordábamos a nosotros mismos con 12 años, me dediqué a mirarme los zapatos con las manos en los bolsillos hasta que dijeron Sí quiero.

Después, para la cena, recuperé mi actitud.

Thursday, June 16

solo en casa

Esta semana me enfrento a una nueva prueba de supervivencia en soledad, y sin cocos para llevarme a la boca ni Miércoles que me haga compañía, me he dado al consumismo salvaje en centros comerciales.

Ayer fui a la Vaguada a echar un vistazo a toda la compañía Inditex y gran parte de su competencia. Tengo que renovar el 50% de mi armario de trabajo y ampliar otro 50% el de persona normal.

Mi problema es que no tengo ningún gusto para elegir la ropa porque creo que se lo ha tragado mi sentido del ridículo.

Algunas veces evito elegir la ropa equivocada acercándome a un par de chicas monas que van a ver bañadores para regalar a sus novios, pegándome a ellas disimuladamente, como silbando y mirando los halógenos, haciendo circulitos en el suelo con la punta del pie, para ver cuáles son los que más les gustan a ellas y tirarme de cabeza a por ellos en cuanto desvían la mirada. Pero esto no lo hago habitualmente porque me puede el miedo a ser corrido a bolsazos por los pasillos al grito de ¡¡PERVERTIDO!! ¡¡CERDO!! ¡¡SEGURIDAAAAD!!

Después de perder el tiempo dando vueltas, entro en el Alcampo y, por primera vez en muchos años, no voy directo a los CDs, el Aquarius o las barritas de cereales. Allí, virgen del todo y casi en éxtasis, me acerco a los tomates y veo unos Kumato (de piel verde oscura tirando a negra) al lado de los Raf (¡probadlos, por Dios!) y se me hace la boca agua.

Me los tengo que llevar, me los tengo que llevar, ¡ME LOS TENGO QUE LLEVAR!

¿Pero cómo se supone que se hacen las cosas en ese mundo? Allí no hay nadie que me atienda, miro alrededor y no hay nadie comprando nada de quien pueda aprender, veo unas bolsas de plástico, unos pesos, una señora con delantal... Y me entra un miedo que te cagas y me voy de allí echando leches, con la cabeza gacha, las manos en los bolsillos y con rabieta de niño al que le han robado la piruleta.

¡Diooossss! ¿Es que no pueden dar cartulinas explicando cómo se compran los tomates, con dibujitos y todo, como en los aviones? Pues no señora, allí, sólo y rodeado de cosas ricas y mi mamá tan lejos. Directo a por el ketchup, oiga.

Monday, June 13

Yo soy azul

Soy del azul de la moto de Pedrosa y también de la de Sete. Soy del azul del coche de Alonso más que del azul del mío.

Soy del azul del pelo de Kate Winslet en “The Eternal Sunshine of the Spotless Mind” y prisionero del azul de los ojos de Scarlett Johansson en “Lost in Translation”.

Soy de la etapa azul de Picasso, del azul del terciopelo de David Lynch y del de la abanderada trilogía de Krzysztof Kieslowski.

Soy del azul de la bandera escocesa, del de la sueca y del de la de Baviera. Soy del azul del cielo de un amanecer en Madrid, del de una noche estrellada en los Pirineos de Huesca y del azul del mar en Asturias.
Soy del azul que relaja la vista y del que apacigua mis nervios.

Soy 100% del azul de Elefantes, como también soy del azul de la voz de Tom Waits y del de la de Sade.

Soy del azul de las tapas de los bolis Bic y del azul-negro de Waterman Ink.

Soy del azul de mis Levi’s, del azul de mi camiseta Adidas, de los 4 azules de mis calcetines de rayas y del de mis zapatillas Puma.

Soy del azul de los uniformes de Hill Street, del azul de la línea 10 de Metro y del azul del yogurt natural

Soy del azul de Silent Shouts y del de Itwalks.

Yo soy del azul…

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Thursday, June 9

¿cambio de gimnasio?

Llevo casi once años en el mismo gimnasio, y en tanto tiempo uno adquiere ciertos vicios y privilegios, como ir a pagar a trimestre vencido y escuchar “Would, ¿tiene que ser ahora?”

No espero que cuando me cambie de gimnasio, retiren el número de mi taquilla para siempre y cuelguen una camiseta mía en la pared, pero algo así tampoco estaría mal.

He conocido a muchísima gente, me he hecho amigo de los dueños y de sus hijos y voy a ir a la boda de uno de ellos el mes que viene. No va a ser una concentración de músculos de fibra corta, reservorios de proteínas de degradación lenta, y testosterona pura al límite de la explosión, aunque estoy seguro de que me habría gustado.

De hecho conozco a todo el que pinta algo en el gimnasio, y dicho literalmente, porque allí las reformas siempre quedan en casa. Familia y colegas cogen brochas y cubos de pintura y se meten en faena, cual cuadrilla de rumanos hacendosos, hasta que el trabajo está terminado.

Pero desde hace 3 o 4 meses empiezo a no sentirme a gusto. Mi amigo Telefónica por fin se ha cambiado de gimnasio y eso me ha convertido en el más viejo del lugar, y a las horas que entreno, ya no tengo con quien comentar los mullets, las camisetas remangadas, y los gritos Wilhem que se escuchan en el gimnasio con más frecuencia que en las películas de Hollywood.

Sufro en silencio tener que escuchar, ¡colándose a través de la música de mis auriculares!, conversaciones como: “Le metí un magreo que se meó en las bragas. ¿Y sabes cuántos años tenía, colega? ¡20! Eso sí, tenía muchas más p***** en la boca, te lo digo yo, tronco”.

Sufro cuando escucho a mis amigos decir que los gimnasios son para mariquitas presumidas porque están llenos de espejos y veo que, a pesar de que es cierto que están llenos de ellos (presumidos y espejos), a juzgar por las pintas que lleva la mayoría, allí no los usamos ni la mitad (espejos).

Sufro de úlcera estomacal al tener que tragarme todos los comentarios ácidos que se me ocurren al ver al tío plasta que trata de tirarse cualquier cosa que tenga mallas y dos tetas. Ya sea la siliconada embutida de turno, o el bigotudo hortera con barriga y pechos que ha visto en el Men’s Health que eso es lo que se lleva.

Y sufro porque soy el puñetero niño topo en el gimnasio de exploradores belgas, al que solo se acercan, y con reparos, para pedirle ayuda con la última serie o preguntarle cómo se hace algún ejercicio.

Urge un cambio por mi salud mental, pero ¿podré dejar tanta historia detrás?

Wednesday, June 8

Identity card


Berlín, que es una chica de mundo, marchó para Tenerife hace un par de semanas a ver bautizar a su sobrino. Estuvo casi una semana ligando carcinoma, bebiendo cañas y saliendo con los muyayos. A la vuelta, aprovechando que yo estaba sólo, se quedó a dormir en mi casa.

Después de cenar algo y ver un rato la tele, Berlín sacó una camiseta azul, mi color preferido en pugna con el verde, con una salamandra de dos palmos grande en el pecho, y que desde entonces no he dejado de ponerme.

Me regaló también 200 ml de CK be, colonia que quería tener desde hacía tiempo porque huele permanentemente a recién salido de la ducha y yo soy como la mujer del César, un tipo muy limpito al que le gusta parecerlo.

El tendero indio, ya sabéis cómo son los dependientes en Canarias, le dijo que era una colonia unisex y que la podía usar toda la familia: padre, madre, hermanos… Yo, después de echármela para ir a la oficina al día siguiente de que me la regalase, y de que me entrasen ganas de tirarme a mi mismo, decidí no dejársela a nadie, y menos a mi padre.

Ese mismo día por la tarde, Berlín me preguntó si había visto su DNI por mi casa, que no lo encontraba y temía haberlo perdido o que se lo hubiesen quitado en el aeropuerto de Barajas.

Después de hacer inspección visual de superficie, y remover cojines y sillones, le aconsejé que pusiese la correspondiente denuncia porque según había leído en uno de esos terror-mails que circulan por la red, un tipo con tu DNI puede abrirse una cuenta corriente, comprarse un coche, una casa e incluso hacerse socio del Atleti, y eso sí que no.

Dicho y hecho. Conexión a la página web de la Policía, visita a la comisaría a firmar la denuncia y voilá, asunto resuelto.

Pues no, oiga. Resulta que mis padres volvieron ayer de sus viajes y ya en la cena de hoy surge la siguiente conversación:

Mamawould: Bueno, ¿y qué tal éstos días? (Recogiendo la mesa distraídamente)
Would: Bien, tranquilos. No he hecho nada. (Hablando mientras armado con un cuchillo, mantengo lucha a muerte con una chorreante pera conferencia)
M: Oye, por cierto, ¿a quién te traes tú a casa los días que no estamos? He encontrado un DNI de una tal Berlín debajo de la cama. (mirándome de reojo y esperando mi reacción mientras sigue recogiendo y mi padre sale por la puerta de la cocina meneando la cabeza).
W: ¿Ah, sí? (A punto de cortarme tres dedos y escuchar cómo caen al plato plof, plof, plof).
M: Lo he dejado ahí, en tu mesa. A ver si la próxima vez no te limitas a estirar las sábanas, vago.
W: Emmm, (ganando tiempo) ¿ya estamos con lo de siempre? (sin levantar la vista de la pera y esperando que mi madre salga por la puerta para reventar a carcajada limpia).

Tuesday, June 7

Compro Sim con habilidades especiales

El fresquísimo post de Shakti me ha traído a la memoria una noticia de hace casi un mes: ahora lo que es negocio seguro, la inversión rentable, es sentar a 40 chinos con 80 ordenadores y ponerlos a jugar a los juegos de rol masivo, esos que juegan miles de personas conectadas a través de Internet.

En esos juegos los personajes se desarrollan según van avanzando niveles, y se vuelven más listos, más fuertes, más rápidos o mejores amantes, qué se yo. Y esos personajes o los objetos que adquieren, supongo que una espada como la Tizona del Cid es buen ejemplo, pueden venderse al mejor postor a cambio de dinero real, euros contantes y sonantes y dólares con el ojo de Dios.

Así, un chino que dedique 25 horas de juego a entrenar un joven padawan, un aprendiz de jedi, quizás pueda venderlo por 600 euros. Y no exagero, que he leído que ahí es donde ha empezado la puja. Y quien dice chino diría madrileño, pero el hecho cierto es que ellos han demostrado que pueden abrir 24 horas incluidos los domingos y nosotros no.

Al parecer ya han detectado y desmantelado un taller de mexicanos de México que se dedicaba precisamente a esto, a hacer negocio y reírse de la estupidez de los yankis y europeos con mucha pasta y mucho aburrimiento, mientras ellos pasaban un buen rato.

Ahora las compañías creadoras de los juegos van a poner sus propias subastas extralegales y controladísimas y van a cobrar un canon de 1 euro por cada artículo no compuesto de átomos de carbono, sino de ceros y unos, que se ponga a la venta. Tratando de evitar, mientras se forran con la venta de humo, otro caso como el del japonés que asesinó a un ex amigo al que le prestó un bastón mágico y que éste acabó vendiendo por el equivalente a 8 copas y una puta.

Yo, aprovechando el tirón, planteo 2 ofertas: busco alguien que maneje mi Sim en el bloghood que Shakti ha creado, ya que yo no he jugado nunca y seguro que lograría que mi personaje muriese atropellado por un niño en triciclo. O busco quien me venda el Sim jubilado de Nacho Vidal para rebautizarle con el nombre de Would el Vengador.

Ofrezco cerveza y bocadillo de jamón.

Interesados dejar comentario. Gracias.

Saturday, June 4

would al horno

Otro fin de semana que me he quedado solo. Mi madre, que es muy previsora, me ha dejado la nevera llena de gazpacho y comida precocinada por ella, para que la tarea más difícil que tenga que afrontar a la hora de matar mi hambre sea usar el microondas. Y tampoco es una acción de mucho riesgo porque mi hermano, equipado con el vestuario de Dustin Hoffman en Estallido, ya le pasó el medidor geiger detector de fugas y no hay peligro de mutaciones por exposición.

Siguiendo el consejo de Milio, pionero en la padre-independencia entre mis amigos, habría limpiado inmediatamente los platos que hubiese ensuciado para evitar que se amontonasen en la pila y se convirtiesen en otra fuente de contaminación microbiana del hogar además de la tortuga.

De todas maneras no ha hecho falta, porque después de hacer un desayuno olímpico con Berlín, que ha incluido más de medio bollazo de la Tía Mildred, he ido a buscar a Sebas, que debía haber estar terminando de hacer la mudanza con los demás, subido en una furgoneta de esas en las en el asiento de delante caben el tipo que vende la fruta, su mujer, que vende flores, y los 3 niños de ambos al son de los Chunguitos versionandos por Camela.

Afortunadamente tampoco han necesitado que les echase una mano porque cuando he llegado ya habían terminado y nos hemos ido a comer a un irlandés. Sí, a un irlandés tipical Spanish, regentado por un señor de Murcia de 69 años ayudado por una chica colombiana.

Según entramos, los 35 grados que hay en la calle y que ya están convirtiendo de nuevo a Madrid en un horno de convección, se vuelven 40 contra nosotros y se me pegan los vaqueros, la camiseta y una servilleta en la frente. Después de bebernos del tirón un litro de cerveza con limón, nos vamos a la barra a pedir la comida y como no queda de nada, acabamos comiéndonos 5 hamburguesas con pan de molde. Salimos de allí casi empapados a buscar alivio en algún sitio más fresco, como por ejemplo, el infierno.

Acabamos en casa de Neski, que aunque está recién amueblada no tiene aire acondicionado ni lo va a tener. "¿Para qué? Si no te mueves no creas calor, y si tienes que moverte, lo haces muy despacio, como en las películas hiperviolentas japonesas, y casi apañado". "Al menos podrías poner unas persianas en las ventanas, ¿no? Vamos, a menos que quieras que nos disolvamos y seamos charquitos de colores en tu parquet".

Y es que seguro que hoy que va a ser el primer día de muchos seguidos en los que tendré que dormir medio desnudo y con las ventanas abiertas intentando crear un túnel de viento entre la cocina y mi dormitorio, y acabaré levantándome cubierto de polvo de las obras y con los oídos asustados por escuchar las obscenidades de los borrachos que se pasen por la calle.

Madrid es así y su verano tiene estas cosas.