Después de recibir unos cuantos consejos de cómo preparar arroz voy a compartir mi receta, y estáis de enhorabuena porque no pienso cobraros por ella.
La motivación es muy importante. Lo primero que uno tiene que hacer es ponerse en situación: tarde de domingo caluroso, sin carreras de coches ni motos, con la espina dorsal rota sobre el sofá y las babas goteando en los cojines.
Se mezcla un pensamiento de “esta semana voy a pasar más hambre quel perrounciego” con 15 minutos de “Preparar sushi es fácil” que se ha grabado en la televisión pública unos días antes. Se agita bien y espuma el valor para levantarse del sofá encharcado.
En la cocina, los utensilios a utilizar son básicos:
- Una cacerola grande; (no esa no, una más grande,… no, no, ¿no la tienes más grande?);
- Y una cuchara de madera.
Las cantidades para una persona son, aquí va parte del secreto, las siguientes:
- Tres tazas de desayuno hasta arriba; (dijiste hambre, ¿no? Pues sé consecuente)
- Un chorreoncillo de aceite de oliva de 1º;
- Una pizquita de sal; y
- Agua hasta rellenar la cacerola hasta el borde. (Sí, sí, hasta el borde, que ya se irá en forma de humillo blanco).
El modo de preparación es único en España, tierra de arroces y conejos:
- Se lava 5 o 6 veces para que luego quede suelto y se calienta 5 minutos a fuego medio y 10 minutos a fuego lento lentérrimo.
- No hay por qué asustarse si esos quince minutos acaban siendo 45, ni si el agua empieza a hacer espuma y asomar por la tapa de la cacerola. No hay nada vivo dentro.
- Cuando la espuma empiece a desbordarse, se levanta la tapa de la cacerola. Cuando deje de hacer burbujitas se vuelve a tapar. Para ayudar se puede soplar un poco, fú fú, para asustarle.
- Se remueve la masa con la cuchara de madera para que las ahora 12 tazas de arroz no se peguen al fondo. También se puede practicar el baile de la mayonesa agarrando la cuchara con las dos manos, pero nunca, bajo ningún concepto, se le canta al arroz.
- Cuando no quepa ni una gota de agua ni un pelo de gamba, se apaga el fuego y se busca una fuente con forma y tamaño de estadio olímpico para hacer el trasvase.
- Se vuelca la mitad de la cacerola en la fuente y se vuelve a lavar y enfriar con agua. Se echa también agua fría en la cacerola para lavar la mitad restante y se escurre con la mano en el borde para que los granos de arroz no colapsen el sumidero.
- Quema, ¿eh? Bueno, después de tratar de enfriar la mano agitándola como si te acabases de dar un martillazo, se repite el proceso. Como no va a poder vaciarse todo el agua sin volcar el arroz en la pila, se acaba sacando a puñados, alguno de los cuales puede acabar directamente en la boca.
- Terminado el trasvase, se coge el estropajo y se hacen unos fondos de triceps sobre el fondo de la cacerola. Se frota mucho, hasta que el agua salga negra por el desgaste del acero de la cacerola. Se puede raspar con el cuchillo, pero siempre que sea de punta roma.
Secreto: la clave es no quitarle el ojo al arroz durante la hora que dura la cocción, vigilarlo como si tu propio hijo estuviese gateando por la barandilla de la terraza de una 6ª planta. Y darle amor, mucho amor.