Thursday, April 19
MacLean vs. Márquez vs. Hayman
Empezó el señor MacLean, a quien no había escuchado cantar nunca y a quien no volveré a escuchar jamás. Podría decir de él que no transmitía ninguna emoción sentado en un taburete, tocando su guitarra acústica con la cabeza gacha, y manteniendo un único tono de voz durante más de cuarenta minutos, pero prefiero acusarle de despertar sentimientos suicidas.
Miraba alrededor de mí y no veía más que caras de gente abatida que había tenido un día de mierda en el trabajo, que habían discutido con sus jefes y sus novias, y que en lugar de estar en el gimnasio descargando adrenalina, estaban con una botella de cerveza en la mano escuchando al deprimente Alasdair y abocados al alcoholismo. Que se fuese pronto evitó la tragedia.
Le siguió Pepo, que tenía la fácil tarea de alborotar la sala. De la chistera sacó 3 pedales, 2 micros, una caja de ritmos, 2 guitarras, y una selección de canciones de su futuro disco, del viejo, y una versión del Papa Don’t Preach inquietante por lo travestida.
Pepo hizo lo posible porque sus canciones sonasen sólidas, llegando a cantar simultáneamente tres voces y mutando de solista a hombre orquesta. Al lado del patético Alasdair, Pepo parecía Eddie Murphy interpretando al personaje blanco, al negro, al guaperas, al chistoso, y a la gorda cantante de gospel.
Cerró la actuación Darren Hayman, un inglés desgarbado con aires de bufón. Empezó la actuación como se empiezan las presentaciones en los congresos, haciendo un par de cuchufletas para meterse a la audiencia en el bolsillo. Y lo logró. La gente comenzó a apretarse delante del escenario cantando The Hymn for The Alcohol que es, tristemente, una canción muy Alasdair.
Con trampas (se llevó al bajista con él), simpatía, y unas melodías sencillas consiguió que algunas caderas se contoneasen, pero sin llegar nunca a perder el control.
Podría resumirse la noche de ayer en que los conciertos de solistas tienden al tedio y al cantautorismo patético, pero que con suerte pueden llegar al rescate un par de superhombres que no necesitan ni espadas, ni escudos, ni haber nacido en Esparta para derrotar al malo.
PISTAS:
The Clientele. (Myspace)
The Secret Society. (Myspace)
Hefner. (Myspace Darren Hayman)
¡¡!! Portadas de los discos de Hefner (Casi todas Lichtenstianas y camisetables. Merece la pena echarles un vistazo )
Thursday, February 1
McNamara vs. McNamara
Llevaba todo el día nervioso pensando qué me iba a poner para el concierto y repitiéndome constantemente: “Si no controlas los nervios y aprendes a calmarte, no vamos a llegar a ninguna parte”.
Llego a casa con el tiempo justo de abrir todos los armarios y empezar a sacar ropa que voy amontonando. Pincho un poquito de Rockstation.
Miro la ropa que hay tirada sobre el suelo y veo que lo que se lleva ahora no me vale porque no llama la atención. Tampoco me vale lo de antes porque huele a producto químico polillicida. Al final cojo, agarro, y me pongo una mezcla de colores y tejidos con un aceptable nivel divine.
Corro por la calle subiéndome los pantalones hacia el coche de Dwalks. “¿Qué pasa, tío?” “¿Qué pasa, tío?” Pincha Mariclones, reguetón y perreo. Los coches nos adelantan por la M30 mientras nosotros movemos las cabezas y gritamos “¡Oh, my God!”
Llegamos pronto a El Sol. Está cerrado. Elza y su hermano esperan enfrente tomando unos cacharros. Yo me pongo vaquero y les pago otros a Dwalks y a Agr, el chulo latino que había llegado a la par que nosotros.
A las 22:30 estamos dentro. Cinturones de Gucci, falsos. Muñequeras de charol, falsas. Gafas de Versace, buenas. Medias del rastro, robadas. Yo no soy muy de la jet, así que reconozco pocas caras y menos culos. Me arrimo a la tarima, que es como para mí se llamaba el escenario cuando Fabio era la reina.
Ya están Kurt y CF con nosotros. Suena la música y se encienden las pantallas en las que aparece una mujer. Es Bree VanDerKamp. Ha perdido a su marido. En Sotogrande.
Para la música y sale Fabio. ¡Qué lujo! ¡Qué poderío! Lleva unas gafas oscuras, una cazadora amarilla de plástico, unos vaqueros negros de pitillo, un cinturón con tachuelas, y unos zapatos de charol con purpurina en las puntas. Gritos.
Villatoro y el otro a los teclados mientras el disco de Sarassas se oye de fondo. McNamara suena, pero McNamara no canta. Ahora canta sobre su propio disco. McNamara vs. McNamara. ¿Pero esto qué es? ¿Pero qué pasa? Pasar no pasa nada porque Fabio, con solo recitar las partes que recuerda, nos tiene a todos en el bolsillo. Esta noche todos somos esas mujeres y esos hombres de follar fácil. ¡Él ES la Reina! Uncensored!
Cantamos con él, gritamos amor, bailamos con lobas, y nos reímos. Mucho. ¿Fotos? Hey you, paparazzi, fuck off!
A la séptima canción, una gota de sudor resbala sobre las tres capas de base que lleva Fabio. Un miedo recorre la sala y se hace real: Fabio se va. Fabio está cansado. Esta noche no ha sido especialmente dura para él, ha sido corta, pero todos sabemos que ya venía con el vaso lleno.
Hay quejas discretas por el play-live-back, y otras también discretas, por los escasos 4o minutos de concierto, pero ni una voz se levanta. Llevábamos muchos “de lunes a viernes” pensando en él las 24, y haber estado ahí es algo que podremos contar a nuestros nietos cuando nos pregunten si siempre nos han gustado la pana y las camisas de franela.
Monday, January 29
Secret Society + Bigott + Big City
Me dio tiempo a tomar unos botellines antes de que apareciesen Iván y Macnu, su compañera de piso con quien tuve una entrada triunfal. “Hola, soy Would. Uy, mira, y ese es tu teléfono móvil descojonándose por los suelos de un manotazo. ¡Qué bien, eh!”
Como hacía frío, nos metimos para dentro comprobando que el móvil seguía funcionando, y mientras nos pedíamos unas cervezas empezó a tocar Secret Society, invitado a la fiesta de presentación de los discos de Bigott y de Big City.
Al ser tres los grupos que actuaban esa noche, Secret Society tuvo que empezar mientras la sala comenzaba a llenarse. Ya les había visto en el Costello el sábado de la semana anterior, pero aquella vez me supo a poco y me había quedado con ganas de mucho más. Además, esta vez la banda estaba al completo y el sonido de la guitarra de Pepo estaba más arropado.
De izqda. a dcha. Pepo, Perruca escondido detrás de Javi Vicente, y Frank Rudow.
Hubo un momento intensos, cuando como si de Rafa Nadal se tratase, a Pepo le dio por romper las cuerdas de la guitarra; y entrañables, cuando entre todos le cantamos el cumpleaños feliz a Perruca campeón (el enorme batería que ocasionalmente toca la percusión con escobillas del váter), e Iván y yo esparcimos un poco de confetti por el escenario y por la sala. Eso sí, eché de menos City Lights, que en directo es un trallazo.
El siguiente de la terna fue Bigott, un tipo raro de Zaragoza con pinta de ser de Nashville. De él no había escuchado nada hasta el viernes, no por falta de interés, sino porque no tiene Msypace, ni había encontrado nada suyo en Internet ni el eMule. Todo eso está ya solucionado porque Iván me llevó una copia del disco que llevo escuchando todo el día.
El inimitable Bigott con, una vez más, Javi Vicente.
Si Pepo es pasión, Bigott es talento y naturalidad. Se le ve sobrado en el escenario, con la pinta que deben tener los que se sientan una tarde, escriben 10 canciones, y pasan 3 años antes de que se acuerden de grabarlas. Escuchad King of Patio y Country-Co para saber lo que es bueno.En último lugar actuaron Big City, también zaragozanos. Hace tiempo dejé por aquí un enlace a su Myspace para que los conocieseis y pudieseis fardar ante los amigos de haber descubierto el disco escondido de 2006. Aún estáis a tiempo, antes de que os llamen los increíbles hombres y mujeres desactualizados, porque lo que está claro es que canciones como Ex-snowman no pueden permanecer ocultas por mucho tiempo.
Javi "el incombustible" Vicente, con el resto de Big City.